Siete, ocho o nueve millones de personas, lo mismo da, son un montón – la última cifra según los organizadores de las protestas No Kings – le dijeron a Trump el sábado que no quieren un rey. Y no marchaban por primera vez. Están hartas de sus guerras, del ICE, de su política migratoria xenófoba, de las sospechas de pedofilia y el caso Epstein, de sus bravuconadas, del personaje narcisista y grosero que agudizó sus rasgos megalómanos que arrastraba desde la juventud.

  En las calles las pancartas de los estadounidenses movilizados en más de 3 mil ciudades, cumplieron la función de una lente multifocal. Veían padecimientos y conflictos en distintas direcciones. “Alto a la guerra contra Irán”, “Manos fuera de Cuba”, pedían incluso que les sacaran las manos de encima a las ciudades santuario donde los operativos del ICE se ensañaron con los migrantes. “Manos fuera de Nueva York”, decían en la Séptima Avenida de Manhattan y se repitieron en otras grandes urbes como Los Ángeles y Chicago con la misma consigna.

  Hubo una protesta muy original y no fue en una calle más y sí en una playa de San Francisco, en California. En Ocean Beach una multitud formó con sus cuerpos sobre la arena la frase “Trump most go now!” (Trump debe irse ya) tomada desde el aire en varios videos.

 Solo se trató de una muestra de la extensa lista de repudios que provoca el político republicano en el año y tres meses que lleva de su segundo mandato. También se vio caminar a ciudadanos que portaban orgullosos carteles en apoyo a la causa palestina o con consignas contra el fascismo y el más gráfico y sintético mensaje de “Fuck Trump”.

  A pie, sin intimidarse por el frío, familias con niños, ancianos, blancos, negros e hispanos sin distinción social caminaron por cada ciudad con sus consignas escritas en pancartas caseras, como las que mostró en su cobertura desde Nueva York, la periodista Silvina Sterin Pensel, ex corresponsal de C5N en EE.UU y despedida por sus posiciones contra el genocidio cometido por el régimen de Benjamín Netanyahu en la Franja de Gaza.

  Los mensajes de los manifestantes se coreaban en inglés pero también en español. La lengua que aborrece el hombre que suma miles de muertos en bombardeos por el mundo y deportados de Estados Unidos por no ser blancos y anglosajones como él. Esa política que sintetizó bajo el acrónimo de MAGA (“Make America Great Again” o Hacer América grande de nuevo), un eslogan en el que creen cada vez menos hasta sus propios votantes.

  Según una encuesta reciente publicada por The Washington Post, el apoyo que mantenía Trump entre los menores de 30 años bajó de un 41% a solo un 29%, una cifra que baja aún más si se considera a los menores de 40. Su imagen se desploma al 20%.

En su fuga hacia adelante, el octogenario presidente había dicho el viernes en la Cumbre Prioritaria del FII celebrada en Miami: “Y Cuba es la siguiente, por cierto, pero finjan que no dije eso… medios, por favor ignoren esa declaración. Muchas gracias. Cuba es la siguiente”. La siguiente en ser atacada, le faltó completar. Aunque ya sufre un bloqueo criminal hace más de seis décadas, profundizado durante su gobierno para que no reciba petroleo con el propósito de paralizar su economía.

Trump está acabado pero no quienes determinan las políticas históricas de Washington. El complejo militar-industrial, las corporaciones de inteligencia artificial como Palantir, las big techs como Google, los bancos como el JP Morgan y los principales empresarios del sector tecnológico y financiero. Trump ya fue, aunque no el verdadero poder en EEUU.
* Periodista y docente por concurso de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA)  y de la tecnicatura de Periodismo Deportivo en la Universidad de La Plata (UNLP). Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)