Carta abierta a Lula: ¡señor presidente, desobedezca!
Boaventura de Sousa Santos
Estimado presidente: le escribo con el corazón oprimido y la mente libre. No podemos permitir que el pueblo cubano muera y que la memoria de la revolución sea arrojada a la basura de la historia. No se trata ahora de hacer un balance del pasado o del presente de la revolución. El señor presidente sabe que a lo largo de los años he escrito varios textos de crítica constructiva al régimen cubano. A
hora el momento es otro: se trata de salvar a Cuba de las garras de un monstruo político generado democráticamente en la mayor democracia del mundo. No es menos monstruoso por haber sido generado democráticamente. Hitler también lo fue. Sólo dice mucho sobre la (falta de) calidad de la democracia que lo generó.
La cuestión es humanitaria y política. El mundo democrático y amigo de la soberanía le debe mucho a Cuba. Los países africanos de lengua oficial portuguesa probablemente no serían hoy soberanos si no fuera por la ayuda decisiva de Cuba en el momento oportuno, con un gran coste humano para la isla y en contra de los intereses geoestratégicos de los países más poderosos, incluida la entonces Unión Soviética.
Sin Cuba, el fin del apartheid en Sudáfrica no habría llegado en el momento en que llegó. Cuba salvó millones de vidas en todo el mundo con sus médicos. Brasil y Portugal, entre decenas de otros países, se beneficiaron de esa notable labor en pro de la salud de los pueblos, una obra mil veces más merecedora del Premio Nobel de la Paz que muchas otras que lo recibieron.
Nunca sabremos cuál es o era el verdadero potencial de la revolución porque se ha visto sometida a un embargo brutal que dura ya más de 60 años, prácticamente desde que comenzó la revolución.
Pero la solidaridad con el pueblo y la soberanía de Cuba no es un simple acto humanitario en favor de una población que, literalmente, se está muriendo de hambre. Es un acto eminentemente político contra la tiranía de los poderosos que quieren ver regresar el odioso colonialismo del que América Latina se liberó hace 200 años. ¡Cuba es Gaza sin bombas! El sueño del tirano es construir rivieras sobre los escombros y las fosas comunes.
Estimado presidente: afortunadamente hay quienes se resisten. Hoy me siento orgulloso de ser europeo porque el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, ha desobedecido públicamente a la tiranía. Si su desobediencia es seguida por otros líderes políticos, tal vez podamos salvar a Cuba y la paz en el mundo. La importancia del gesto de Pedro Sánchez radica en que España es la cuarta economía de Europa y una democracia. Brasil es una de las mayores economías del mundo y también es una democracia de la que su excelencia es el símbolo más auténtico.
Por eso le pido, señor presidente, que siga el ejemplo de Pedro Sánchez, desobedezca y haga oír bien alto su desobediencia. ¡Tenemos a Pedro Sánchez en Europa y tendremos a Lula da Silva en América Latina! Estoy seguro de que en otros continentes surgirán más desobediencias influyentes. No permita que los cálculos a corto plazo recomendados por asesores bienintencionados, pero sin visión estratégica de futuro, le desanimen a rebelarse contra la tiranía y le impidan decirle bien alto al tirano del Norte: ¡basta! Y si Cuba necesita petróleo para sobrevivir, ¡no dude en enviárselo!
¡Los tiranos no se detienen hasta que alguien los detiene!
El mundo democrático y amante de la paz se lo agradecerá y puede estar seguro de que su acto de valentía, al igual que el milagro de los panes, se multiplicará por muchos otros. Y me atrevo a pensar que su acto entusiasmará a los demócratas brasileños que próximamente serán llamados a las urnas para elegir a su nuevo presidente.
- Sociólogo portugués. director emérito del Centro de Estudos Sociais (CES), una unidad de investigación en sociología perteneciente a la Universidad de Coimbra,