El Papa, Trump y la guerra
Juan Pablo Cárdenas S.
El papa León XIV ha reaccionado con intensidad para fustigar aquella reunión en la Casa Blanca en que algunas dignidades eclesiásticas han bendecido a Donald Trump y apoyado la guerra que éste y el presidente de Israel mantienen en el Medio Oriente. “No hay guerra santa, ha dicho, solo la paz corresponde bendecir”; “no se puede rezar el domingo y ordenar bombardeos el lunes”.
Con estas palabras el Pontífice precisa la posición de su Iglesia Católica frente a los conflictos bélicos que asolan al mundo. Al mismo tiempo que se deslinda de lo expresado por algunos integrantes del judaísmo y de algunas iglesias evangélicas, convocadas por el desquiciado gobernante estadounidense.
Aunque en la historia del catolicismo muchos papas, obispos y sacerdotes han bendecido guerras y criminales acciones de exterminio contra pueblos y personas, no hay duda que desde el Concilio Vaticano ll la iglesia romana, amén de pedir perdón, ha tomado posición con los que buscan la paz y renuncian a la guerra como solución de los diferendos entre países y regímenes políticos. Con lo cual ha mostrado su complacencia con las Naciones Unidas y todas aquellas instituciones que velan por la paz y el respeto a los Derechos Humanos.
Algo más podría hacer el Pontífice para acusar que hay gobernantes como Trump que justifican la carrera armamentista y convocan a las guerras, provocando la muerte de millones de seres humanos y el sostenimiento de ejércitos que, bajo la idea de asumir una labor preventiva frente al mal, invaden naciones, destruyen ciudades y dejan a la intemperie, como en Gaza, a millones de seres inocentes que caen en defensa de su soberana determinación.
Los actuales promotores de la guerra acometen acciones brutales también para bloquear el libre tránsito de los recursos energéticos, las medicinas y los alimentos que un país como Cuba necesita para su subsistencia, aun cuando ésta y otras naciones no están en guerra y hayan realizado manifestaciones populares más que contundentes de fidelidad hacia sus gobernantes. Además de probar ostensibles progresos en favor del bienestar de sus pueblos, si se los compara con otros países de similar condición geográfica y recursos naturales, como los de Centroamérica y el Caribe.
Hasta aquí muy pocos enemigos o adversarios del castrismo cubano se habían atrevido a desconocer los avances de la Revolución Cubana en materia de salud, educación y otros derechos humanos. Índices de prosperidad reconocidos por las instituciones internacionales competentes, lo que explica el prácticamente universal repudio al bloqueo norteamericano ejercido por más de 60 años y que llevaron tiempo atrás a que el propio Papa Juan Pablo ll visitara la isla y fraternizara con Fidel Castro y el propio pueblo que lo acogiera con entusiasmo. Un país pionero en la notable atención de sus hospitales, la lucha contra la pandemia, la erradicación del analfabetismo, así como muy exitoso en el desarrollo de la cultura las artes y el deporte. Un régimen solidario, dicho sea de paso, que brindó asilo contra la opresión a esos miles de luchadores de América Latina, África y Asia.
Pero tuvo que aliarse Trump con figuras tan deleznables como Marcos Rubio y esos centenares de millonarios cubanos que se sintieron afectados en su bolsillo con las políticas de redistribución del ingreso impulsados por Cuba, arrastrándose hasta Miami para conseguir por fin convencer al gobierno norteamericano de intensificar de bloqueo al extremo. Ahora para paralizar su economía y lograr que millones de cubanos tengan que sufrir los rigores del desabastecimiento, la privación de todas las formas de energía. Persiguiendo que el ´pueblo cubano se vea forzado a rebelarse contra sus autoridades, en la inminencia del hambre, la enfermedad y la falta de recursos básicos como la luz eléctrica.

Pero seguramente Trump y sus secuaces saben que los ejércitos que invadieron Palestina y tantas otras incursiones imperiales, a pocos kilómetros de su territorio no se animan a entrar a la Isla, sabedores que Cuba ya los expulso una vez de Playa Girón y que nuevamente, pese a su apremiante situación actual, pudieran repetir esa proeza histórica.
Después de la potente alocución de León XlV, debe avergonzarnos como chilenos y latinoamericanos que varios de nuestros gobernantes, haciendo ostentación de su fe católica estén respaldando los despropósitos del trastornado sujeto de la Casa Blanca quien, además de ser un amante de la guerra, es un multimillonario corrupto, pedófilo y asesino que busca encubrir sus vicios con su supuesta guerra al narcotráfico. Una cuestión que por fin reconoce la población de los Estados Unidos que a diario le resta apoyo y abre la esperanza al mundo de que éste sea lo antes posible depuesto de su cargo imperial. En beneficio, sin duda, de toda la humanidad, salvo de quien todavía gobiernan la nación israelí.
Qué suerte tuvimos que el propio Trump, Rubio y otros de sus sicarios decidieran ausentarse de nuestra reciente transmisión del mando presidencial, con lo que la Casa Blanca, además, nos demostró que no tiene mayor interés en nuestro país, seguramente porque aquí no tenemos el petróleo y otros recursos que su codicia persigue. Salvo obtener que Chile renuncie al cable oceánico convenido con China, proyecto que La Moneda desahuciará, sin mayores consideraciones al interés nacional, sino únicamente para seguir postrándose frente al Imperio. Pese a que esta nación asiática es nuestro mayor socio comercial.
El nuevo presidente chileno, José Antonio Kast, tiene la posibilidad de poner a prueba su fe religiosa privilegiando los intereses del pueblo que lo elogió. Que tanto alegró y produjo elogios de la Iglesia Católica chilena con su victoria, pero que ahora podría desilusionar a millones de chilenos cuya fe no puede condescender con los enemigos de paz mundial. Como tampoco con la de aquellos mandatarios que hacen caso omiso de los derechos humanos al momento de perseguir a los disidentes, incluso inmisericordes respecto de quienes delinquen.
Al menos en esto último Kast aseguró que los que disienten con él y tienen otras convicciones no los considera enemigos. Aunque hoy se teme que su gobierno indulte a los más tenebrosos delincuentes y terroristas de estado por el hecho de haber servido a la Dictadura pinochetista y, a la represión popular ejercida posteriormente para aplacar el descontento social.
* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.