El contexto internacional del golpe del 24 de marzo de 1976 en Argentina
Pedro Brieger
El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 tuvo poca repercusión internacional. El año había comenzado con la gran noticia de la nacionalización del petróleo en Venezuela durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez y la conmoción por el terremoto del 4 de febrero que había azotado Guatemala. Alrededor de un millón de personas perdieron sus hogares (una quinta parte de la población) y se calculaba que más de 20 mil habían fallecido.
Un país destrozado. Este terremoto, al igual que el sufrido en Managua (Nicaragua) en 1972, expuso la debilidad del Estado y la corrupción imperante en ambos gobiernos dictatoriales que canalizaron a sus bolsillos gran parte de la ayuda recibida.
En Estados Unidos gobernaba Gerald Ford, que había asumido la presidencia tras el escándalo de Watergate que llevó a la renuncia de Richard Nixon en agosto de 1974 y brindaba apoyo a las diversas dictaduras.
Cruzando el Atlántico, España, Grecia y Portugal comenzaban sus respectivas transiciones después de décadas de dictadura. En Grecia ya se habían realizado elecciones democráticas en noviembre de 1974 y se había abolido la monarquía en un referéndum en diciembre de ese mismo año.
En España, el dictador Franco designó en 1969 a Juan Carlos de Borbón como “Príncipe de España”, sucesor de facto del régimen. Juan Carlos asumió como rey el 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de Franco. Ya como rey, inició la transición hacia la democracia que culminó con las elecciones generales de junio de 1977. La muerte de Franco también impulsó la descolonización del Sahara Occidental, entonces llamado Sahara Español.
Madrid se retiró del territorio en febrero de 1976 sin que se realizara un referéndum de autodeterminación para la población local. No obstante, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática, que hasta el día de hoy no es reconocida por la monarquía marroquí.
Portugal, que había conocido la dictadura más longeva de Europa, estaba en plena efervescencia tras la “Revolución de los Claveles” del 25 de abril de 1974 y las primeras elecciones democráticas para la Asamblea Constituyente en abril de 1975. El proceso revolucionario impulsó la descolonización de sus antiguas colonias en África (Angola, Cabo Verde, Guinea-Bisáu, Mozambique y Santo Tomé y Príncipe) y en Asia (Timor Oriental).
La isla de Timor estaba dividida: Timor Oriental era colonia portuguesa mientras que Timor Occidental, antigua colonia neerlandesa, se integró a Indonesia en 1949. Cuando Portugal inició la descolonización, las tropas indonesias comandadas por el dictador Suharto, con el apoyo de Estados Unidos y Australia, tomaron por asalto Timor Oriental en diciembre de 1975 para evitar su independencia. Indonesia se quedó hasta 1999 y en el camino masacró cerca de un cuarto de la población local.
A comienzos de 1976, en contraste con la represión en Timor, en el sudeste asiático todavía predominaba la euforia por la liberación de Vietnam, Laos y Camboya, y el cese de los bombardeos norteamericanos que habían dejado millones de muertos. Pero en Camboya Pol Pot ya había impuesto un régimen despótico desde abril de 1975. Miles de familias fueron obligados a abandonar las ciudades y el país con tradición arrocera pasó a ser conocido por la hambruna y la matanza de más de un millón de personas. Tres años después las tropas vietnamitas invadieron Camboya, tomaron la capital Phnom Penh, y derrocaron a Pol Pot.
En 1976 la República Popular de China vivía un año clave. El 8 de enero murió Zhou En-lai, un histórico líder revolucionario y uno de los artífices del viaje del presidente Richard Nixon a China en 1972. Pocos meses después murió Mao Zedong y Deng Xiaoping se fue consolidando gradualmente hasta impulsar las reformas capitalistas que convirtieron a China en la gran potencia mundial que es en la actualidad.
En el Medio Oriente, todas las miradas estaban puestas en el Líbano. Desde 1975 el país de los cedros estaba inmerso en una sangrienta guerra civil que enfrentaba a la histórica derecha cristiana con la izquierda y los palestinos. En marzo de 1976, la coalición de izquierda liderada por Kamal Jumblatt y apoyada por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) estuvo cerca de derrotar militarmente a las milicias cristianas. En junio, el ejército sirio entró en el Líbano y evitó que la izquierda y los palestinos tomaran el poder.
A pocos kilómetros al sur de Beirut, cruzando la frontera, en el Estado de Israel la minoría árabe preparaba un hecho histórico que tendría impacto en la historia palestina. El 30 de marzo se realizó una huelga general –denominada “Día de la Tierra”– contra las expropiaciones de tierras en la Galilea, la región norteña del país. El proyecto del gobierno, conocido como “judeización de la Galilea”, buscaba aumentar la presencia judía para modificar el balance demográfico a su favor quitándole tierras a la población árabe-israelí.
Para la misma época dos gigantes del Medio Oriente, Irán e Irak, comenzaron a aplicar el acuerdo fronterizo firmado en marzo de 1975 entre el sha Mohammad Reza Pahlavi y Saddam Hussein.
El acuerdo redefinía el trazado de la frontera entre ambos países en el río Shatt al-Arab, formado por la confluencia del Tigris y el Éufrates que desemboca en el Golfo Pérsico. El río no es un mero accidente geográfico que sirve de frontera natural, ya que la zona es rica en petróleo. Poco después de la revolución islámica en Irán, Saddam Hussein anuló el tratado, lo que precedió a la guerra en 1980 cuando Irak invadió Irán con apoyo estadounidense.
El 24 de marzo, la Argentina se sumó al círculo de represión y muerte que ya reinaba en el Cono Sur.
Faltaba poco más de un año para la primera ronda de las Madres de Plaza de Mayo. La palabra “desaparecido”, que comenzaba a utilizarse en ámbitos restringidos, se convertiría con el tiempo en un “sello” de la dictadura y en categoría política y jurídica. La expresión cobró relevancia internacional en 1979, cuando en una entrevista el dictador Jorge Rafael Videla dijo “es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo. Está desaparecido”.
En 1976 casi dos tercios de América Latina tenían gobiernos militares. El golpe del 24 de marzo sumó otra dictadura al Cono Sur. Cincuenta años después, los protagonistas del golpe están en el basurero de la historia, y lo hecho en materia de derechos humanos en la Argentina al juzgar a los responsables de la dictadura es un ejemplo en el mundo.
*Sociólogo y periodista argentino