David Brooks
Reportar desde un país cada vez menos entendible -como Estados Unido- e intentar hacerlo de forma coherente arriesga inventar lógica y racionalidad donde no la hay. Al hacerlo sobre y desde la cúpula, uno está en peligro de volverse cómplice con la locura oficial al informar de ella como si estuviera cuerda. A la vez, es obligatorio para cualquier medio comunicar la nota sobre el poder, la nota oficial.
Dan ganas de revisar la historia de cómo los medios cubrían a un tirano o un oligarca emergente antes de que aplastaran la libertad de expresión. ¿Se les daba el beneficio de la duda? ¿Por qué? ¿Hasta dónde?

Dicen que hay que cubrir los abusos, los crímenes oficiales, para insistir sobre la verdad y un eventual rendimiento de cuentas de los responsables. Josh Rushing, un corresponsal de Al Jazeera, en un discurso al recibir el premio Emmy (galardón estadunidense para lo mejor de la televisión) este año por el reportaje documental Niños bajo fuego, sobre la guerra en Gaza, dijo que no podía evitar comentar sobre “la ironía de aceptar un premio por cubrir un genocidio en el mismo país que facilita ese genocidio”.
Dedicó el premio a sus 11 colegas de Al Jazeera asesinados por fuerzas israelíes en la franja, junto con 270 más de otros medios. A la vez, dijo que “estos son días oscuros para el periodismo. O nos estamos colapsando bajo presiones financieras o fuerzas oligarcas nos están comprando y se apropian del mensaje… pero les tengo que implorar continuar con la lucha por el bien, la lucha por la verdad… para la humanidad, porque no hay pueblos libres sin una prensa libre”
La verdad no es tan complicada en una zona de guerra, y hasta más donde hay un genocidio (y no deja –y no debería dejar– en paz la pregunta: ¿cómo es que el mundo permitió tal cosa al verlo en tiempo real?). Todos saben eso de que la verdad es la primera víctima de toda guerra, sobre todo para los agresores que se disfrazan de algo tan tonto como “guerreros por la paz”.
¿Cuántas niñas más de una primaria tienen que morir para que haya esa “paz”? Rushing y otros reportan lo inaguantable desde los campos de batalla, de represiones, la violencia del abuso de poder alrededor del mundo y aquí mismo; a otros les toca hacerlo desde los cuarteles de los máximos jefes y de los políticos con sus narrativas oficiales orwelianas.
Todos los días hay una avalancha de mentiras, distorsiones y engaños desde la cúpula política en Estados Unidos, multiplicadas con la anfetamina de las redes sociales, con consecuencias severas para otros pueblos y para inmigrantes, críticos, minorías, inconformes y periodistas dentro y fuera del país.
“Te despiertas y te preparas para el aluvión de incoherencias que constituye la esfera pública moderna”, escribe Alex Ross en The New Yorker, al señalar el incesante ruido de correos electrónicos, mensajes digitales, noticias, discursos presidenciales, como también “sis-temas de inteligencia artificial que simulan la experiencia de hablar con un niño arrogante de 10 años de edad que sabe mucho menos de lo que piensa que sabe… Todo se suma en un tinnitus discursivo continuo, un zumbido de parloteo aleatorio, falso, estúpido, ominoso que nadie quiere y nadie puede detener”.
Con todo este constante ruido, reportar sólo sobre la cúpula jamás revela verdades completas. Ese tipo de periodismo a veces es más bien parte del problema –da legitimidad al poder aun cuando éste no lo amerita–. Con eso, se explica en parte el desafortunado error por analistas y periodistas dentro y fuera del país de reducir a Estados Unidos a sólo su cúpula, y peor, en esta coyuntura, a sólo su mandatario.
Hay otra nota que se dedica a dar voz y presencia –y contexto histórico– a lo de abajo, y eso incluye tanto a los que promueven o toleran a las políticas ultraderechistas en este país, este hemisferio y otras partes del mundo, como a los democratizadores, a los nuevos y viejos inmigrantes, a los poetas y rebeldes, entre otros. Sin esa nota, no se contará con la clave para entender “la feroz urgencia del ahora” (frase del reverendo Martin Luther King) en una coyuntura como ésta en Estados Unidos.
*Periodista estadounidense, corresponsal de La Jornada de México en EEUU