El centenario de Fidel y los actos por su legado
Gustavo Veiga
En momentos en que el régimen de Trump califica a la isla como una amenaza geopolítica, Cuba celebra el natalicio del histórico dirigente con una serie de homenajes, congresos y manifestaciones culturales que destacan su resistencia frente al bloqueo estadounidense. El imperio acecha y pone por enésima vez a prueba la resiliencia de la Revolución.

Parecería que la Cuba revolucionaria va a cumplir cien años. Pero no, se viene el natalicio de Fidel. Su líder histórico, el hacedor de la isla emancipada aunque bajo perpetuo asedio de EE.UU, su poderoso vecino tan cercano. Cuba es un mal ejemplo para el imperio. Por eso la quiere rendida, inerme, quizás porque Trump desea festejar el 250° aniversario de Estados Unidos dándose un regalo: la capitulación que nunca llegó en 67 años de bloqueo y tampoco ahora, en un momento muy delicado de su historia. Cuando la maquinaria bélica y de coerción económica de Washington no descansa en su plan de apoderarse de un país independiente.
Suele preguntarse, ¿qué tiene la mayor de las Antillas, ese caimán barbudo – como la célebre revista cubana – que EE.UU se empecina en acabar con ella? Si no cuenta con riquezas codiciables para la rapiña capitalista: oro, plata, litio, tierras raras, petróleo, nada de eso. La respuesta es que Cuba tiene el socialismo y una cualidad: nunca la pusieron de rodillas desde el 1° de enero del ’59 cuando Fidel y sus compañeros de la Sierra Maestra acabaron con la dictadura de Fulgencio Batista. Tampoco se rinde ahora, bajo todas las presiones posibles, ni en las vísperas de ese natalicio festejado que recorre su geografía desde Pinar del Río a Guantánamo. Porque el jueves 13 Castro cumpliría su centenario.
Por eso Cuba es epicentro de evocaciones, actos, congresos, coloquios, exposiciones de ballet y fotografías y muestras sobre el comandante que dejó un legado sobre el que en la isla se vuelve una y otra vez. Esa es la respuesta para el régimen que encabeza Trump. Quiere derribar lo que llama “La capital del comunismo en el siglo XXI”. Título para una argamasa macartista de 100 páginas publicada el 20 de julio de este año por el Departamento de Estado. Se iría satisfecho a su casa en Mar-a-Lago cuando finalice su mandato si zafa de los juicios que lo acechan y las sospechas por pedofilía del caso Epstein.
El documento oficial que concibió el cruzado Marco Rubio como nuevo testamento del neofascismo es un arma arrojadiza. Califica a Cuba como una amenaza geopolítica activa y un centro estratégico de influencia ideológica. Ya lo dice desde el encabezado: “Fue una revolución contra la propia civilización occidental, librada, en parte, mediante el método novedoso e insidioso de persuadir a los hijos de Occidente para que se volvieran contra su propio legado. Esa es la campaña que Castro lanzó en 1959, y es la campaña que sus herederos siguen librando”.
Ni siquiera es un mandamiento made in Usa. Es made in Miami, el centro neurálgico de la nueva geopolítica para América Latina, desde donde parten las iniciativas más sofisticadas de la guerra cognitiva contra el gobierno de La Habana y su pueblo asfixiado por el bloqueo más largo de la historia. Expertos de Naciones Unidas acaban de describir esa política como “amenazas para los derechos a la salud, la vida, la alimentación y el desarrollo”.
Si Cuba padece este presente como nunca antes en su vida revolucionaria, eso quiere decir que hay otra historia. La que escriben representantes de otros pueblos que llegaron a la isla para participar de actos que ya habían empezado el 13 de agosto de 2025 en Birán, la localidad rural donde nació Fidel. Todo arrancó cuando hubiera cumplido 99 años y seguirá hasta casi fines de 2026, “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, como problamó la presidencia de la República.
Las celebraciones superarán el próximo jueves del centenario y se extenderán hasta el 25 de noviembre, que coincide con el aniversario de su muerte. Una de ellas es el 1° Coloquio Internacional “Fidel, Legado y futuro” que se desarrolla entre el 10 y 13 de agosto en el Centro Fidel Castro Ruz. El viernes 7 comenzó el XXIV Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, también en el marco del natalicio del líder revolucionario de la Sierra Maestra. La actividad se hizo en el Palacio de las Convenciones de La Habana y estuvo presente Miguel Díaz-Canel, el presidente cubano. Hubo más de un centenar de representantes de 48 organizaciones políticas del mundo. Su objetivo fue discutir “acciones conjuntas por la paz y contra el imperialismo en un espacio de coordinación política y debate ideológico”.
Más de 400 colectivos sociales de la región también se reunieron del 6 al 9 de este mes en la capital de la isla para celebrar la IV Asamblea Continental de Movimientos del ALBA. La consigna fue “para decirle al mundo y al imperialismo que Cuba no está sola, que el proyecto socialista encarnado por la isla revolucionaria es el proyecto de millones de personas dispuestas a defenderlo y construirlo en toda Nuestra América y en el mundo”.
La literatura tan vinculada al ideario de Fidel, su hermano Raúl y el Che Guevara tuvo su encuentro. La Editorial Ocean Sur y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) realizaron el miércoles 6 de agosto el lanzamiento de la Colección Revolución, una obra en diez tomos diseñada “para instar a la juventud cubana a profundizar en el pensamiento e ideario político del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”. La organización política juvenil informó en sus redes sociales que “volver a Fidel es volver a la fuente de la Revolución”.
El jueves próximo se hará un acto político-cultural en homenaje a Fidel en el Teatro Karl Marx de La Habana. Otra actividad en homenaje al comandante la organizó la Cancillería. Es el foro “Fidel y la Política Exterior de la Revolución Cubana”, dedicado a “analizar la dimensión internacional de su liderazgo y su influencia en la diplomacia revolucionaria”.

El ministro Bruno Rodríguez Parrilla reiteró que Cuba mantiene su disposición al diálogo bilateral con Estados Unidos “sobre bases de respeto”, pero destacó que la isla “jamás negociará sobre su orden constitucional, su soberanía ni los principios de su Revolución”.
“En tiempos difíciles, Fidel es el antídoto contra los olvidos, es el argumento acusador que no pueden borrar, es la denuncia que no pueden callar y el pueblo que no pueden rendir”, comentó Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político y secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista, en uno de los tantos actos que se hicieron este año. Con ese espíritu resiliente, Cuba se acerca al natalicio de su máximo líder revolucionario.
A su muerte, el 25 de noviembre de 2016, Raúl, su hermano menor que lo sucedió en la presidencia, anunció su última voluntad. La Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó por unanimidad una ley que prohíbe colocarle su nombre a calles o avenidas, instituciones, plazas, parques u otros lugares públicos. Tampoco se pueden levantar monumentos dentro del país, ni usar su nombre en premios, condecoraciones o títulos honoríficos con fines comerciales para evitar el culto a la personalidad.
El pueblo cubano no necesita esos rituales de nomenclatura para homenajearlo y sentir vivo su legado.
* Periodista y docente por concurso de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la tecnicatura de Periodismo Deportivo en la Universidad de La Plata (UNLP). Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)