Ceuta: geopolítica detrás de una crisis migratoria
Pedro Brieger
El 30 de julio de 2026 miles de marroquíes cruzaron la frontera e ingresaron a Ceuta, un pequeño enclave colonial español de 19 km² dentro de Marruecos en el norte del continente africano. Su importancia radica en que junto a Melilla –situada a unos 400 kilómetros- son la única frontera terrestre entre la Unión Europea y África. Las dos ciudades cuentan con alrededor de 80.000 habitantes cada una y son parte del Reino de España, aunque el Reino de Marruecos las reclama desde su independencia en 1956.
Cada tanto cientos o miles de marroquíes toman por asalto la frontera para entrar a España y –por ende- a la Unión Europea. Casualmente –o no- esta vez se produjo el mismo día en que Marruecos celebraba la “Fiesta del Trono”, que conmemora la entronización del rey Mohamed VI en 1999, una semana después de la muerte de su padre, Hassan II. La fecha se combinó con una serie de hechos que hacen a la geopolítica internacional y llevó a que se tejieran innumerables teorías conspirativas para explicar lo sucedido. 
En los medios de comunicación marroquíes circularon versiones de una supuesta provocación de Madrid justo en un día tan importante para el monarca.
Tampoco faltan quienes creen que el rey, junto a Donald Trump y Biniamín Netaniahu, estuvieron detrás de la maniobra para atacar a Sánchez por sus críticas a Israel ante el genocidio en Gaza y la guerra contra Irán.
Hay antecedentes para pensar que las máximas autoridades marroquíes pudieron haber permitido que miles de personas cruzaran hacia Ceuta el 30 de julio. En 2021 se dice que Marruecos relajó los controles fronterizos como protesta hacia España porque habían hospitalizado en Logroño a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario. Este reivindica el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y considera que el llamado Sahara Occidental está ocupado por Marruecos.
Más atrás en el tiempo, en noviembre de 1975 -mientras Franco agonizaba- Hassan II organizó la conocida “Marcha Verde”. Esta fue una gigantesca movilización de más de 300 mil civiles hacia el Sahara Occidental -en ese momento todavía controlado por España- para presionar a Madrid y abandonara el territorio, lo que finalmente se produjo en febrero de 1976, después de unos 100 años de ocupación colonial.

La relación entre Madrid y Rabat siempre es tensa, especialmente por Ceuta (bajo dominio español desde 1580) y Melilla (bajo dominio español desde 1497), y por el irresuelto conflicto del Sahara Occidental. Cabe destacar que desde 2022 Madrid considera el Plan de Autonomía marroquí para el Sahara Occidental como la base más realista para resolver el conflicto. Pero tal vez el elemento más importante es que Marruecos hoy es uno de los gobiernos más cercanos a Estados Unidos e Israel en el mundo árabe con quienes tiene acuerdos de cooperación en inteligencia y defensa. Además, Estados Unidos e Israel lo apoyan en la cuestión del Sahara, y varios de sus funcionarios han deslizado el apoyo a su reclamo por Ceuta y Melilla.
Por otra parte, a nadie se le escapa que toda crisis con España refuerza el nacionalismo marroquí y sirve para desviar la atención de los problemas sociales internos (como el desempleo) que ya han provocado varias protestas importantes contra el rey en los últimos años. La monarquía marroquí se presenta como moderna, aunque mantiene restricciones religiosas en la vida cotidiana similares a otros países musulmanes que suelen ser catalogados de conservadores y represivos.
Para las principales potencias europeas el vínculo con Africa pasa por dos carriles. El primero tiene que ver con la vinculación histórica para apoderarse de los recursos naturales. Antes era con ocupación directa y ahora es con empresas multinacionales. El segundo es evitar que la población africana cruce el Mediterráneo y se instale en el continente. A esto lo consideran un tema de “seguridad fronteriza”, lo que implica más controles y recursos para la vigilancia.

Por eso la primera ministra italiana Giorgia Meloni puso el grito en el cielo ya que es una defensora a ultranza del cierre de las fronteras de la Unión Europea y del llamado “espacio Schengen” conformado por 29 países europeos. El Acuerdo de Schengen permite la libre circulación dentro de los países adheridos y es restrictivo para los extracomunitarios que intentan ingresar por diferentes medios. Italia lo sabe muy bien por Lampedusa. A la isla suelen llegar embarcaciones clandestinas de la costa africana (está más cerca de Túnez que de Sicilia) y fue allí donde el papa Francisco cuestionó las políticas europeas, se reunió con migrantes y habló de la “globalización de la indiferencia”.
La disputa entre España y Marruecos también tiene una dimensión comercial que no es menor. A unos 40 km de Ceuta sobre la costa marroquí está el puerto de aguas profundas de “Tanger Med”, inaugurado en 2007. Nació con el objetivo de disputarle al puerto español de Algeciras (en el estrecho de Gibraltar) el liderazgo del tráfico de contenedores en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo: la que une el Canal de Suez con el océano Atlántico a través del mar Mediterráneo. Y ya lo logró: hoy Tanger Med mueve más contenedores que su par español. Esto tiene un correlato político al momento de dialogar Rabat con Washington o la Unión Europea para presentarse como un socio privilegiado en la región.
Ceuta es –sin lugar a dudas- apenas la punta del ovillo. Varios gobiernos europeos enfrentados políticamente con Sánchez aprovechan para responsabilizarlo por no contener la migración africana. Estados Unidos e Israel usan la crisis para criticar al único gobierno europeo que osa cuestionarlos. Tanto Ceuta como Gibraltar –y Malvinas más lejos- son herencia de políticas coloniales que fueron estratégicas hace varios siglos y mantienen su vigencia, porque el comercio y las guerras siempre van de la mano.
*Sociólogo y periodista argentino