Ex jefe de campaña de Trump, soporte tecnológico de Cerimedo

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Álvaro Verzi Rangel

El intento de femicidio de Fernando Cerimedo en Bolivia puso en descubierto el nivel de articulación de la internacional ultraderechista en América Latina y, una vez más, su connivencia con el poder, con la violencia y con la corrupción.

Detrás de las campañas de la nueva derecha latinoamericana operadas por Fernando Cerimedo hubo un proveedor tecnológico común: Brad Parscale, ex jefe de campaña de Donald Trump, cuya empresa Clock Tower X facturó, según registros del Departamento de Justicia de Estados Unidos, a campañas en la región y al gobierno de Israel.

Los oscuros negocios de Brad Parscale, el jefe de Cerimedo
Brad Parscale, el jefe de Fernando Cerimedo

Así lo documenta la tercera entrega de la investigación del Observatorio de Medios de Cubadebate sobre la trasnacionalización de las operaciones de la derecha, que da continuidad a las dos partes anteriores sobre las redes de Cerimedo en Miami y Washington. El Observatorio describe a Parscale como “propietario de la infraestructura política principal para la desinformación de las redes de la derecha”, tras pasar de operador digital a dueño de su propia infraestructura tecnológica.

Ya sea en Argentina, en Chile, en Brasil o en Honduras, un reducido grupo de activistas dedicados a la consultoría electoral y al asesoramiento político ha establecido borrosas redes en las que se entremezclan lo legal y lo ilegal, y en la que la acumulación de poder en las sombras es utilizada, mayormente, para el desenvolvimiento de actividades criminales y para la consumación de delitos inconfesables. Pero sería en 2016 cuando tuvo su consagración al ayudar a transformar la plataforma publicitaria de Facebook gracias a una iniciativa de microsegmentación entre distintos tipos de públicos que resultaría estratégica para impulsar la victoria electoral de Donald Trump.

Según la revista Time, la empresa de Parscale produciría 100 piezas de contenido original al mes, con al menos el 80% dirigidas a la «Generación Z» en TikTok, Instagram, YouTube y podcasts. Parscale prometió que la iniciativa generaría al menos 50 millones de impresiones digitales al mes, además de influir en cómo herramientas de IA como ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic y Gemini de Google caracterizaban a Israel y a su política en Gaza.

Donald Trump y Brad Parscale
Parscale fue director de medios digitales de la campaña presidencial de Trump en 2016.

La columna vertebral desde la que se estructuró toda esta operación mediática fue Salem Media Network y sus «canales de distribución alineados»: una extendida empresa de radiodifusión y publicación de orientación cristiana conservadora en la que Parscale se desempeña como director de estrategia. Otras empresas de su propiedad o que él mismo había creado, como Campaign Nucleus e Influenceable, tendrían la responsabilidad de penetrar directamente en las juveniles huestes ultraderechistas de Trump. Pero, hasta el momento, no parecería que la misión de Parscale haya tenido éxito.

En todos los casos, quien se encuentra en el centro neurálgico de esta red subterránea es Brad Parscale, a quien sus seguidores consideran como el principal «gurú digital» de la extrema derecha. Originario de Topeka, Kansas, y con una licenciatura en estudios en finanzas internacionales por la Trinity University, en 2012 Parscale, hasta ese entonces un desconocido operador digital, se vinculó a la familia Trump como diseñador de los sitios de sus diversos productos empresariales

Desde sus bases en Washington y en Miami, y sin descuidar sus negocios con gobiernos como el israelí, Parscale creyó también en la posibilidad de erigir gobiernos autoritarios y antipopulares en el escenario latinoamericano.

En general, con colaboradores de baja ralea, y ligado al Departamento de Estado conducido por Marco Rubio y a dirigentes republicanos de La Florida, Parscale apeló a sus oscuros conocimientos para contribuir a derrumbar las alternativas progresistas y a provocar su reemplazo por figuras construidas desde laboratorios políticos de la ultraderecha, como son los casos de Jair Bolsonaro, Javier Milei, Nasry Asfura y Rodrigo Paz, el mandatario boliviano que justamente tenía a Cerimedo como su principal asesor y que hoy comprueba que aquel a quien brindaba todos los beneficios y privilegios por sus supuestos contactos con Washington es quien podría provocar su dramática salida del poder en un plazo no demasiado lejano.

Rodrigo Paz y Cerimedo

Tal como se publicó en The New Yorker, la expresión de Tara McGowan, consultora demócrata y asesora de Hillary Clinton, fue dedicada a Parscale luego de las elecciones de 2016, pero podrían referirse a Fernando Cerimedo o a cualquier otro consultor «estrella» de la ultraderecha: «No hace falta ser un genio para tener un impacto enorme. Ni siquiera hace falta infringir las reglas. Una persona común y corriente, con suficiente tiempo, dinero y apoyo, puede usar Facebook para ayudar a un demagogo a ganar unas elecciones nacionales».

El Observatorio de Medios advierte que los hallazgos no corresponden a una trama oculta, sino a un negocio: “no hay una conspiración con organigrama secreto. Hay un negocio: un proveedor (Parscale) que empaquetó software, bases de datos y reputación política y los vendió, con la misma lógica comercial, a candidatos conservadores estadunidenses, a campañas latinoamericanas y a un ministerio extranjero”.

Parscale dirigió la operación digital de la campaña de Trump en 2016 y fue jefe de su campaña de relección en 2020, cargo del que fue destituido tras el fallido mitin de Tulsa, Oklahoma. Pese a esta ruptura, el análisis del Observatorio concluye que “la existencia pública de Parscale es enteramente derivada” de su relación con el neoyorkino y su familia.

Tras su salida de la campaña de 2020, Parscale comenzó a comercializar tecnología propia: Campaign Nucleus, un sistema de correo automatizado, análisis de redes y segmentación predictiva de electores. La investigación describe ese viraje como “un cambio de modelo”: Parscale “ya no se presenta simplemente como el consultor capaz de comprar mejor publicidad en Facebook”, sino como propietario de una plataforma que concentra funciones antes repartidas entre varios proveedores.

Esa infraestructura es la que Cerimedo utilizó en la región: soporte tecnológico a la candidatura de Nasry Asfura en Honduras; asesoría a la campaña de Rodrigo Paz en Bolivia –donde se reportó el despliegue de “mini granjas de bots”–, y colaboración, vía la consultora Numen, en la campaña de Javier Milei en Argentina, declarada en el registro FARA, mecanismo mediante el cual Washington obliga a declarar actividades realizadas por cuenta de gobiernos extranjeros.

En estas campañas, Parscale puso “soporte de software, licencias de Campaign Nucleus y de la herramienta de monitoreo EyesOver”, mientras Cerimedo aportó “conocimiento político local” y una red propia de medios de derecha. El propio Cerimedo resumió la relación al New York Times: “Brad montó toda la infraestructura con la que trabajo”.

El documento identifica además un vínculo financiero: anexos del registro FARA muestran que la campaña de Clock Tower X para Israel transfirió pagos por 702 mil 250 dólares a firmas asociadas a Cerimedo, por “producción de contenidos globales”. El Observatorio subraya que se trata de “dinero de un contrato de diplomacia pública de Medio Oriente financiando producción de contenidos en el Cono Sur”.

Según el Observatorio, ese contrato con Israel, conocido como Proyecto 545, incluye producir al menos 100 piezas de contenido mensuales mediante portales que no se presentan como parte de una campaña pagada por un gobierno, con el propósito de que ese material sea indexado por buscadores y “absorbido por los sistemas de inteligencia artificial” como ChatGPT, Gemini o Perplexity.

La investigación concluye: “en 2016 el objetivo era el votante: convencerlo o desmovilizarlo. En 2026 el objetivo es la fuente” en la que los electores buscan información: la inteligencia artificial.

El Observatorio precisa que los documentos no prueban que Parscale dirigiera personalmente operaciones en Latinoamérica ni una causalidad directa entre sus herramientas y resultados electorales. Lo que sí queda establecido, señala, es que “existe una empresa estadounidense que vende infraestructura de influencia política, que la ha vendido simultáneamente a campañas latinoamericanas y a Israel”.

*Sociólogo  y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)