Panorama Económico Latinoamericano – Del 3 al 10 de setiembre de 2026
El peor traspié de la economía chilena en más de tres años

Verónica Reyes
La economía chilena tuvo un fuerte traspié en julio. El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) cayó 1,5% en comparación con el mismo mes de 2025, mientras que la serie desestacionalizada retrocedió 1,7% frente a junio, según informó el Banco Central. El resultado marcó el peor desempeño de la actividad desde marzo de 2023, cuando el Imacec también registró una caída de 1,5%. Además, significó un brusco contraste con el crecimiento de 2,4% anotado en junio.
El retroceso estuvo explicado principalmente por la minería y, en menor medida, por los servicios y la industria.
De hecho, al excluir la actividad minera, el Imacec presentó una variación anual de -0,3%, evidenciando que la debilidad de julio también alcanzó a otros sectores de la economía.
Minería vuelve a ser uno de los principales lastres
Uno de los factores que más incidió en el resultado fue el desempeño de la minería, particularmente de la producción de cobre.
Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes (Uandes), apunta a problemas estructurales que enfrenta desde hace años la minería chilena, entre ellos el envejecimiento de las faenas, los elevados costos de producción y la menor ley del mineral.
“Nuestra minería es una minería más bien vieja, de hace muchísimos años, los costos de producción hacen que se mantengan relativamente altos y también tenemos un efecto de menor ley producto de estas faltas de inversiones”, sostiene.
El propio Banco Central señaló que durante julio la producción de cobre se vio afectada por menores leyes del mineral, labores de mantención y condiciones climáticas adversas.
Condiciones climáticas también golpearon la actividad
A estos factores se sumaron las condiciones meteorológicas registradas durante el mes, que afectaron el normal funcionamiento de distintos establecimientos productivos.
Román explica que los episodios climáticos adversos pueden generar efectos que van más allá de una actividad específica, debido a daños o dificultades en infraestructura clave para el funcionamiento de la economía, como caminos, puentes y puertos.
“Por lo tanto, el tema climático es un tema que está presente hoy día en la producción de bienes”, afirma.
El impacto también alcanzó a otras actividades. El Banco Central indicó que parte de la caída de los servicios estuvo asociada a menores resultados en áreas personales y empresariales, transporte, restaurantes y hoteles.
En educación, además, el instituto emisor atribuyó parte del retroceso a la suspensión de clases producto de las condiciones meteorológicas.
Producción de bienes y servicios retrocedió
Por sectores, la producción de bienes disminuyó 3,2% en doce meses, principalmente debido al desempeño de la minería. Los servicios, en tanto, retrocedieron 0,7%, afectados por las ramas ya mencionadas.
El comercio fue uno de los pocos sectores que mostró un resultado positivo, con un crecimiento de 0,7% en doce meses, impulsado principalmente por las ventas minoristas. Sin embargo, este avance no fue suficiente para compensar las caídas registradas en la producción de bienes y servicios.“El comercio es lo único que sube, pero no alcanza a compensar el resto de las producciones de bienes y servicios”, concluye Román.
Así, el resultado de julio combina factores coyunturales —como las condiciones climáticas— con problemas que vienen afectando a sectores relevantes de la economía, especialmente la minería, y que terminaron arrastrando a la actividad nacional a su mayor caída en más de tres años.
Desempleo
El mercado laboral comienza a transformarse en uno de los principales focos de preocupación para la economía chilena. La tasa de desocupación llegó a 9,5%, su nivel más alto en cinco años, dando cuenta de las dificultades que persisten para que la recuperación de la actividad se traduzca con mayor fuerza en nuevos puestos de trabajo. El dato adquiere especial relevancia porque coincide con señales de mayor cautela por parte de las empresas.
El Banco Central, en su Informe de Percepciones de Negocios de agosto, señaló que las compañías están reportando un bajo desempeño de sus negocios y una demanda más débil, junto con un deterioro en las expectativas de los consumidores. A esto se suman mayores costos asociados a combustibles, transporte e insumos.
El problema no es solo el desempleo
El escenario plantea un desafío mayor para la economía: que la actividad pueda mantenerse creciendo sin que eso se traduzca suficientemente rápido en empleo y consumo.
La economía chilena tuvo un segundo trimestre complejo, con una contracción anual del PIB de 0,2%, aunque el PIB no minero logró crecer 0,7%. La demanda interna, en tanto, avanzó apenas 0,1%, reflejando la debilidad de algunos componentes del gasto.
¿Qué pasa con el resto de la economía?
El escenario tampoco es completamente negativo.El Banco Central mantiene la Tasa de Política Monetaria en 4,5%, mientras el peso chileno ha mostrado cierta fortaleza frente al dólar de la mano del soporte que le ha entregado el cobre.
Además, existen perspectivas favorables para la inversión hacia adelante. Un análisis reciente del Centro de Estudios Públicos (CEP) destacó que las perspectivas para 2027 son positivas y que un escenario externo favorable, junto con un aumento de los proyectos de inversión, podría contribuir a una recuperación de la actividad.
El problema, por ahora, es que esa eventual recuperación todavía debe traducirse en mayor contratación, consumo y confianza.
Sequía amenaza los cultivos de subsistencia en América Central

Descorazonado, el salvadoreño Roberto Gómez lamentó las pérdidas que han sufrido él y miles de campesinos centroamericanos, a raíz de la sequía que ha marchitado las siembras de granos en la región y, con ello, las esperanzas de proveer parte de la dieta familiar en los meses venideros, y de recuperar la inversión realizada.
América Central atraviesa un agudo y prolongado periodo de sequía en medio de la temporada de lluvias, que va de mayo a octubre.
Mayo suele marcar el arranque de las siembras, esperanzados los campesinos en que las tormentas regulares hagan crecer sus milpas, las parcelas de maíz y frijoles que producen los granos infaltables en la dieta de las familias centroamericanas.
La sequía se agudizó en agosto, pero las lluvias irregulares y los períodos secos ya afectaban los cultivos desde julio.
“Hasta hoy ha caído una medio lluvia, en semanas, pero ya no nos sirve de nada, las plantas ya están casi secas, ya se no recuperan”, dijo Gómez a IPS, con tono de frustración.
Este campesino, de 64 años, vive en el cantón Buena Vista, en las cercanías del distrito de Huizúcar, en el sur de El Salvador. Ahí sembró dos hectáreas de maíz y un poco menos de una hectárea de frijoles.
“Las pérdidas fueron totales para mí y mis compañeros”, explicó Gómez, en referencia a los 400 productores que, en esa zona de Huizúcar, son parte de la Mesa Agropecuaria, Rural e Indígena de El Salvador. Y añadió: “Algunos lograron aunque sea hacer una sopa de frijoles, yo no obtuve nada”. Calculó sus pérdidas en unos 4000 dólares, el dinero invertido en fertilizantes y otros insumos.
Impacto regional
La sequía ha hecho sonar las alarmas en América Central, especialmente en El Salvador, Honduras y Panamá, donde los gobiernos han declarado alertas o estados de emergencia, lo que habilita a los gobiernos para redestinar fondos para enfrentar la crisis.
En Panamá, el gobierno declaró el 25 de agosto el estado de emergencia nacional ante las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño, con menores lluvias y temperaturas más altas.
El déficit de precipitaciones afecta especialmente al Arco Seco, una de las principales zonas agropecuarias panameñas, donde la falta de agua amenaza la actividad productiva.
Honduras declaró la alerta el 18 de agosto y El Salvador lo hizo siete días después, el 25. Las autoridades de esos dos países también han asociado la sequía al fenómeno de El Niño.
“Durante agosto y parte de septiembre de 2026 se prevé la recurrencia de períodos secos asociados a El Niño y a la extensión de la canícula, con probabilidad de entre 20–40 % de ocurrencia de al menos un evento de sequía meteorológica a escala nacional”, señaló la Dirección de Protección Civil, al emitir la declaratoria de alerta roja en El Salvador.
En América Central, una de las regiones más golpeadas es la del llamado Corredor Seco Centroamericano, una zona de por sí más seca que el resto del istmo. Ese corredor, de 1600 kilómetros de largo, cubre 35 % de América Central y en esa franja habitan más de 10,5 millones de personas.
En ese cinturón más de 73 % de la población rural vive en la pobreza y 7,1 millones de personas sufren inseguridad alimentaria grave, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). América Central es una región de siete naciones, con una población de 50 millones de habitantes, de los cuales 18,5 millones corresponden a Guatemala, el país más poblado. Ese país, aunque no ha emitido ninguna declaratoria de emergencia, sufre también los golpes de la falta de lluvias.
“El agua para mis peces ha disminuido en un 60 por ciento, no sé qué va a pasar si no llueve”, señaló a IPS Merlyn Sandoval, en referencia al estanque donde cultiva tilapias para el consumo familiar y para comercializarlas en la comunidad, un emprendimiento que está en riesgo actualmente. Ella vive en la aldea San José Las Pilas, del municipio de San Luis Jilotepeque, en el departamento de Jalapa, en el este de Guatemala, y es parte de varias familias beneficiadas con un proyecto de cosecha de agua lluvias, para aliviar la dura situación climática en la zona.
La iniciativa buscó que los habitantes pudieran colectar agua en tanques para regar pequeños huertos caseros con los cuales producir alimentos, o para estanques de tilapias como el de Sandoval. IPS visitó la aldea en octubre de 2025, y tanto el estanque como el tanque estaban llenos de agua. Pero la situación ha cambiado dramáticamente, con la sequía actual.
“Viera qué vacíos están”, acotó vía telefónica, desde San José Las Pilas. Además, “La milpa que sembramos está seca”, detalló en referencia al policultivo tradicional mesoamericano, donde se siembra en la misma parcela maíz junto con frijol, calabaza y alguna otra hortaliza, todos productos básicos en la dieta centroamericana.
Añadió que los agricultores de la zona están dudosos de cultivar la llamada siembra de postrera, la segunda del año, pues sin lluvia no servirá de nada, una duda que también embarga a los campesinos salvadoreños del cantón de Buena Vista.
“Estamos evaluando eso, ahorita ando revisando la humedad de la tierra”, sostuvo. “Si las autoridades de gobierno apoyan con insumos, creo que nos podríamos arriesgar con la postrera, necesitamos un impulso”, planteó por su parte Gómez, el campesino salvadoreño.
En riesgo producción suficiente de alimentos
La sequía amenaza la producción de granos básicos en El Salvador y amenaza con profundizar el déficit de alimentos, según Luis Treminio, presidente de la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios.
Sostuvo que el país ya partía este año de un déficit de 280 millones de kilogramos de maíz y los productores calculan una pérdida de 20 % en la primera siembra, lo cual implicaría que el déficit de maíz podría alcanzar unos 500 millones de kilogramos.
La mayor preocupación, dijo, está ahora en la postrera, en la que se concentra 75 % de la producción de frijol. Para esa siembra se proyectan unos 146 millones de kilógramos, pero productores del oriente del país no han sembrado por falta de lluvia.
El frijol necesita disponibilidad de agua durante al menos unos 40 días para completar su ciclo. “Si la siembra no se realiza durante los primeros 15 días de septiembre, la producción prevista estaría en riesgo”, aseguró Treminio.
El problema se agrava, acotó, porque El Salvador depende de Nicaragua para abastecerse de frijol. Honduras, otro proveedor regional, lleva cuatro años con problemas productivos y Nicaragua también ha reducido su producción, después de registrar un superávit de 270 millones de kilogramos el año pasado.
El especialista dijo que el maíz puede importarse de grandes productores como Estados Unidos, México, Argentina y Brasil.
Para el frijol, en cambio, la dependencia regional es mayor. Treminio advirtió que si Nicaragua tampoco logra producir lo previsto, El Salvador podría enfrentar un déficit de unos 200 millones de kilogramos de la legumbre básica en su dieta.
Sin embargo, en un caso extremo como ese, en el que Nicaragua no provea de los frijoles que harán falta en El Salvador, Treminio aclaró que el grano podría importarse desde Etiopía, algo que ya ocurrió en 2008.
El dirigente agrícola cuestionó además las cifras oficiales de producción de maíz y la capacidad de riego del país.
El Salvador tiene tres distritos de riego que abarcan unas 139 hectáreas, pero solo dos funcionan, pues el distrito Lempa-Acahuapa quedó destruido en 2009 por la tormenta Ida y continúa sin ser restaurado.
Esto es particularmente relevante porque 95 % de los granos básicos se cultiva en laderas, según Treminio, lo que limita la capacidad de los productores para enfrentar períodos prolongados de sequía mediante riego.
Treminio considera tardía y poco planificada la respuesta estatal. Critica que se anuncien sistemas de riego, semillas y fertilizantes que luego no se concretan y compara al viceministro de Agricultura, a cargo del despacho ministerial, con “el director del cuerpo de bomberos”, dedicado a apagar emergencias sin un plan de largo plazo.

Aumenta población en riesgo alimenticio
La sequía está agravando la inseguridad alimentaria en Honduras, donde unos 1,8 millones de personas ya se encontraban en esa situación este año, según sostuvo a IPS María Luisa García, coordinadora del Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
En conversación telefónica desde Tegucigalpa, García advirtió que la población afectada podría llegar a 2,2 millones al cierre de 2026, debido al impacto combinado de la falta de alimentos, el encarecimiento de la canasta básica y la reducción de la disponibilidad de productos agrícolas provocada por la sequía.
Según la especialista, esta situación ha llevado a una parte de la población a una fase de emergencia alimentaria, la cuarta de las cinco etapas utilizadas para medir la inseguridad alimentaria. La quinta corresponde a la hambruna.
García explicó que una emergencia alimentaria ocurre cuando los hogares ya no disponen de alimentos ni tienen capacidad para adquirirlos y deben recurrir a la venta de bienes y propiedades para sobrevivir. Aunque existan subsidios públicos, la falta de sostenibilidad hace que las familias vuelvan a caer en situación de vulnerabilidad.
“Estas familias ya están vendiendo su patrimonio familiar”, señaló García. Algunas han tenido que vender ganado, cerdos y aves de corral, e incluso tierras, para obtener recursos con los cuales comprar alimentos.
Perú: récord de US$ 1 796 millones en exportaciones de café

Jhosselyn Molero
El Perú alcanzó un récord histórico de US$ 1 796 millones en exportaciones de café en el último año, consolidando el crecimiento de la caficultura y beneficiando directamente a más de 223 mil familias productoras de 16 regiones cafetaleras, informó el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI). El sector impulsa el consumo de café peruano, con la meta de elevarlo de 1,2 a 1,5 kilos por persona al 2027.
Este resultado refleja el sostenido crecimiento del sector. En 2024, las exportaciones de café ya superaron los US$ 1 100 millones, lo que representó un incremento de 33 % respecto a 2023.
El café peruano continúa consolidando su presencia en los mercados internacionales y llega a 52 destinos. Estados Unidos es el principal comprador, seguido de Alemania, Bélgica, Canadá y Colombia, entre otros países que reconocen la calidad y diversidad de la producción nacional.
Asimismo, el Perú se mantiene como el noveno productor y exportador mundial de café convencional, superado únicamente por Brasil, Vietnam, Colombia, Indonesia, Uganda, Etiopía, Honduras e India, impulsado por los mejores precios registrados en los mercados internacionales.
Desde 2023 hasta finales de 2025, los precios internacionales del café registraron un repunte significativo debido a problemas en el suministro global, menores stocks disponibles y una mayor demanda. Esta situación estuvo influenciada, principalmente, por los efectos del cambio climático en importantes países productores como Brasil y Vietnam, mientras que los precios del café arábica alcanzaron niveles no registrados desde 1977.
Más de 223 mil familias productoras
La caficultura nacional está en manos de 223 mil familias de pequeños productores e involucra a cerca de 2 millones de personas a lo largo de toda la cadena de valor.
El 85 % de los caficultores conduce parcelas de entre una y cinco hectáreas. Solo alrededor del 20 % se encuentra asociado, principalmente en cooperativas, lo que les permite contar con una mayor capacidad de negociación y acceso a mejores oportunidades en el mercado.
Asimismo, el sector impulsa el consumo de café peruano, con la meta de elevarlo de 1,2 a 1,5 kg por persona para 2027.
Guatemala: pesca industrial, camaroneras y despojo en el sur

Marta Saiz *
Champerico, con acceso privilegiado al Pacífico, vive una paradoja que revela la persistencia del colonialismo
Un esqueleto de hierro oxidado sobresale al fondo de la playa. Allí estuvo el puerto de Champerico, en la costa sur del Pacífico guatemalteco. Las dársenas, casi inundadas por el mar, lo convierten en una ruina abierta al océano. El camino arenoso deja paso a hierbajos que crecen entre los restos del metal. Hoy, buques y lanchas ya no salen desde este muelle. Con la construcción de Puerto Quetzal en la década de los ochenta y a 200 kilómetros, quedó relegado a un puerto pesquero artesanal.
En los alrededores del puerto, Venancio Morales, presidente de la Asociación de Pescadores Artesanales de Champerico, conversa con María Helena Hernández, que desde hace más de veinte años compra el pescado que llega del muelle para venderlo después. Ambos evocan los tiempos en los que la gran pasarela de hierro atraía el comercio. Hoy, dependen de la empresa portuaria para amarrar sus lanchas y guardar el pescado en los congeladores.
“Antes venían los muchachos con toneladas de pescado. Ahora dan gracias si traen un quintal”, dice Hernández. “Muchos jóvenes han terminado marchándose porque el mar ya no alcanza para mantener a sus familias”. La mayoría de quienes migran lo hacen a Estados Unidos, donde viven alrededor de 1,3 millones de personas nacidas en Guatemala, más del 90% de la población migrante de este país.
Pero el declive del antiguo puerto no es la única causa de la situación actual. A ello se suman las consecuencias de la pesca industrial. “Antes los atuneros estaban a unas 200 millas de la costa, mar afuera. Hoy se pueden ver a unas 75. Y eso significa que dejan sin producto a los que pescamos más cerca de la orilla”, explica Morales. Según el presidente de la Asociación de Pescadores Artesanales, las redes de cerco de los grandes buques capturan varias especies al mismo tiempo y una parte importante muere antes de ser aprovechada. “Hasta un 60% del producto que encierran con las redes termina muriendo. Y eso afecta la reproducción de las especies”.
Cerca de Puerto Quetzal opera Industria Atunera Centroamericana, filial de la empresa española Jealsa-Rianxeira. Según el informe El impacto de las empresas pesqueras españolas en Centroamérica, la expansión de la pesca industrial ha obligado a muchos pescadores artesanales a adentrarse cada vez más en el océano para mantener sus capturas. Durante este reportaje se solicitó visitar sus instalaciones en Guatemala y España, pero la compañía no llegó a concretar la visita.
Pero la presión sobre quienes viven del agua no termina en el mar abierto. En los esteros de Laguna Grande y El Muerto, sus habitantes denuncian desde hace años el impacto de las empresas camaroneras y los monocultivos, cuyos residuos —sostienen— terminan en estas lagunas.
“Soy de un lugar donde tradicionalmente se vive de la pesca. Empresas camaroneras, palmicultoras y aceiteras han desechado sus residuos químicos que llegan a los esteros y al mar”. Doris Ramírez es defensora del territorio e integrante de la Asociación de Pescadores de Champerico. Vive con sus hijas y nietas a las afueras del municipio de más de 38.000 habitantes, en una casa cuya pared se une a la de su hermana. Estas palabras las pronunció en marzo de 2025 en Ginebra, ante las Naciones Unidas, en el marco de la Semana Mundial del Agua.
Un año después, todavía recuerda aquellos nervios que le recorrían el estómago tan lejos de su hogar. Defender su derecho a subsistir fue lo que la llevó a volar, por primera vez, aquellos 10.000 kilómetros. “La industria camaronera ha destruido los manglares. Antes salía con un costal y recolectaba lo que había a mano: jaiba, camarón… Pero con el transcurso del tiempo la cantidad ha mermado”.
Doris hace años que no sale a pescar. La camaronera de la que habla es Nova Guatemala, del Grupo Nueva Pescanova, de capital español, y constituye una de las principales fuentes de trabajo. Según el informe sobre las empresas pesqueras en Centroamérica, la mayoría de las personas empleadas son mujeres, con jornadas de hasta doce horas y sometidas a fuertes presiones —incluido el trato agresivo— para aumentar el ritmo de trabajo.
“Los pueblos originarios tenían sus zonas de pesca en el Pacífico y, con la colonización, perdieron ese acceso. A partir de ahí se dio una situación de exclusión, discriminación y esclavitud que obligó a las comunidades a abandonar sus cultivos de subsistencia para dedicarse a actividades más rentables”, señala Julio González, activista ecológico del Colectivo Madre Selva.
Con más de veinte años de trabajo a sus espaldas, explica cómo toda la costa sur inició su devastación ambiental con la introducción de especies pecuarias. Y añade que las empresas camaroneras no son las únicas que impactan. “Este territorio está secuestrado por los monocultivos de palma africana y caña de azúcar. Cuando fumigan, el glifosato y otros agroquímicos que usan desembocan en el mar. La contaminación es tal que hay períodos en los que no se puede comer pescado ni marisco sin riesgo de intoxicación”.
A esto se suma la criminalización de las pocas personas que se han atrevido a denunciar la contaminación de los esteros. Una de ellas es Pedro Liceo Vásquez. Tiene 57 años y 30 los ha pasado pescando en los esteros en lo que él llama pesca de subsistencia. En 2016, vecinos de la aldea El Rosario, cansados de ver cómo la contaminación avanzaba sobre las lagunas de las que vivían, decidieron organizarse. Así nació la Asociación de Pescadores de Subsistencia, de la que Pedro es vicepresidente. La respuesta de Nova Guatemala fue llevarlo a los tribunales junto a otras cinco personas, acusadas de coacción. Cuatro años después, el juicio terminó con la absolución de todas las acusadas por falta de pruebas.
Pedro busca entre sus papeles las citaciones, los recortes de prensa y los documentos del caso. Los conserva también para una solicitud de salida del país por las amenazas que asegura haber recibido desde aquella protesta. Muchos de sus compañeros ya se fueron a Estados Unidos. Él estuvo cerca de hacerlo, acompañado por organizaciones internacionales como ACNUR, pero su caso quedó detenido con la llegada de Donald Trump y los recortes de USAID.
Una de las últimas amenazas llegó a finales de 2024, poco después de que unos científicos visitaran Champerico para estudiar la proliferación del llamado “piojo de mar”, un pequeño crustáceo que cubre y devora los peces, y altera el equilibrio del ecosistema. No es una especie ajena a estas aguas, pero pescadores e investigadores señalan que el aumento de la contaminación y la falta de conexión entre el estero y el océano han favorecido su expansión. Los científicos que visitaron las lagunas observaron que la plaga aparece con más fuerza en las zonas donde se descargan aguas residuales, que coinciden con los puntos de mayor contaminación. También consideran probable que la actividad camaronera haya introducido o favorecido la presencia del parásito.
Durante la visita al municipio se solicitó acceder a las instalaciones de Nova Guatemala, pero la entrada no fue autorizada. La compañía respondió posteriormente por correo electrónico, desde su sede española, que sus fincas de cultivo de camarón en la zona no están operativas: “Las piscinas están vacías y en estas fincas solo hay vegetación, por lo que no pueden ser causantes de la contaminación a la que se refiere ni de ningún tipo de plaga. En los años en los que sí estuvieron operativas, antes de 2022, nunca recibimos ninguna notificación de las autoridades por ningún tipo de incumplimiento o contaminación”.
La Unión Europea es uno de los mayores consumidores de pescado del mundo y buena parte del que consume procede de terceros países. Existe incluso una fecha para medir esa dependencia, el End of Fish Day, que es el día en que la UE agota el pescado y marisco que produce para abastecer su consumo anual. En 2026 fue el 19 de mayo. En este contexto, la presencia de grandes empresas pesqueras extranjeras en Guatemala forma parte de un modelo extractivo globalizado en el que los recursos y la mano de obra permanecen en el territorio, mientras los beneficios viajan hacia otros mercados.
Frente a este modelo, en marzo de 2025 Doris Ramírez pidió ante Naciones Unidas la aprobación en Guatemala de una ley de biodiversidad que proteja las especies, que incluya a las comunidades en las discusiones y que defienda las formas artesanales de pesca.
*Investigación de la Comissió Catalana d’Acció pel Refugi (CCAR) a través de la beca Connect for Global Change de Lafede.cat.
Chile, Bolivia, Argentina y Perú: alianza para explotar minerales críticos

Los cuatro países, con gobierno de derecha, dominan grandes reservas continentales de litio y cobre
Chile, Argentina, Bolivia y Perú firmaron ayer una declaración conjunta sobre minerales estratégicos con el propósito de fomentar la integración y posicionar a la región como “un proveedor confiable”, en medio de la creciente demanda mundial vinculada con la transición energética y las nuevas tecnologías.
“Es el primer paso firme hacia una alianza permanente. Posicionemos al Cono Sur como el proveedor de minerales estratégicos más confiable, sostenible y competitivo”, expuso el ministro de Economía y Minería de Chile, Daniel Mas, en un comunicado, luego de una reunión con representantes de los países participantes celebrada en Santiago.
Los cuatro países firmantes tienen como factor común grandes reservas de litio y cobre –indispensables en la fabricación de equipos de alta tecnología– y están encabezados por gobiernos identificados con la derecha.
El documento plantea que las naciones firmantes impulsarán inversiones responsables, fortalecerán las cadenas de proveedores y ampliarán la cooperación técnica, con el objetivo de aprovechar el potencial regional en minerales. También establece mesas de trabajo para intercambiar información geológica, coordinar criterios de fiscalización y políticas sectoriales, así como desarrollar capital humano especializado.
La declaración fue suscrita por el ministro de Economía y Minería de Chile, el secretario de Minería de Argentina, Luis Lucero; el viceministro de Política Minera, Regulación y Fiscalización de Bolivia, Walter Landívar, y el ministro de Energía y Minas de Perú, Guillermo Shinno. Mas señaló que la transición energética y el desarrollo de infraestructura para inteligencia artificial podrían elevar entre 400 y 600 por ciento la demanda de minerales críticos durante la próxima década, escenario que, afirmó, plantea la necesidad de fortalecer la estabilidad de los suministros globales.
“Los minerales estratégicos deben transformarse en instrumentos dinámicos para generar mayor valor agregado, garantizando el desarrollo de cadenas de suministro confiables que se traduzcan en el cierre de brechas sociales y económicas”, declaró Shinno.
“Argentina formará parte de la región que generará más de la mitad del cobre del mundo”, indicó Lucero en el comunicado.
Petrobras y Pemex y las perforaciones frente a las costas de México.
Las dos empresas estatales están uniendo fuerzas para explorar formaciones jurásicas ultraprofundas bajo la Bahía de Campeche, México, con el objetivo de descubrir una nueva y potencialmente importante provincia petrolera. La presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, y el director general de Pemex, Juan Carlos Carpio Fragoso, en la ceremonia de firma. Foto: Comunicado de prensa de Petrobras
Petrobras y Petróleos Mexicanos (PEMEX) firmaron un Memorando de Entendimiento (MdE) el domingo 23 de junio con el objetivo de establecer cooperación estratégica y técnica para la evaluación, desarrollo y ejecución conjunta de proyectos en la industria de hidrocarburos. La alianza incluye el desarrollo de oportunidades en las áreas de Exploración y Producción (E&P) y procesos industriales, así como el intercambio de experiencias sobre aspectos regulatorios e institucionales del sector.
“Este es un instrumento de cooperación estratégica con un potencial significativo para Petrobras, que puede posicionar a la compañía como socio de Pemex en un escenario de fortalecimiento de la exploración y producción petrolera en México. Nos interesa la exploración en el Golfo de México, el incremento de la producción en campos maduros y los procesos industriales como refinación, petroquímica y fertilizantes. Sin duda, la alianza entre las dos empresas estatales será beneficiosa para ambos países”, afirmó Magda Chambriard.
El director general de Pemex, Juan Carlos Carpio Fragoso, declaró que «la firma de este Memorando de Entendimiento abre oportunidades de cooperación que benefician a las empresas, los países y sus pueblos; establece un marco para la colaboración estratégica y técnica para evaluar, desarrollar y ejecutar conjuntamente proyectos integrales y potenciales que involucren actividades de exploración y extracción de hidrocarburos, con el objetivo de realizar nuevos descubrimientos y aprovechar las oportunidades para optimizar e incrementar la producción en aguas profundas, áreas de petróleo pesado y extrapesado, campos maduros y potencial presalino en el Golfo de México, así como actividades relacionadas con procesos industriales como refinación y petroquímica».
Panorama internacional
La inflación pospandemia
Michael Roberts *
La deflación terminó con la pandemia y la inflación ha regresado. El aumento anual promedio en la inflación de los precios al consumidor en Estados Unidos ha sido del 3,9 % en la década de 2020 y es probable que esa tasa aumente aún más dado el impacto de la guerra con Irán en el precio global de la energía, los alimentos y otros productos básicos. Este aumento en la década de 2020 hasta ahora es más del doble de la tasa de deflación de 2010 y la más alta desde la década de 1980.
La Reserva Federal de los Estados Unidos establece un objetivo de inflación del 2 % anual. Ha fracasado miserablemente en lograrlo. Desde enero de 2020, el índice oficial de inflación de precios al consumidor ha aumentado a una tasa anualizada del 4,0 % y ahora está un 13 % por encima de la tendencia de inflación del 2 %. Eso demuestra un fracaso masivo de la teoría económica dominante y la política en relación con la inflación.
Pero la economía convencional y los gestores del sistema monetario continúan señalando las mismas causas de la inflación y adoptando las mismas medidas políticas que antes de 2020. Al principio, argumentaron, como Jay Powell, entonces jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que el aumento de la inflación fue temporal, causado por el «shock» de los cuellos de botella en la producción y el comercio global de bienes y servicios. Más tarde, comenzaron a reconocer que la inflación, lejos de disminuir, estaba acelerándose y haciéndose permanente. Así que se reinvocaron las mismas viejas causas convencionales de la inflación, a pesar de quetanto las teorías monetaristas como las keynesianas no son capaces de explicarla.
El economista jefe del Banco de Inglaterra, Huw Pill, reiteró la solución política convencional de los bancos centrales para reducir las tasas de inflación después de la pandemia: «Los aumentos de las tasas de interés en los Estados Unidos y el Reino Unido durante el último año fueron diseñados para enfriar el poder adquisitivo y la capacidad de las empresas y las personas para traspasar el dolor de la inflación a otros». No dijo exactamente quién estaba asumiendo el dolor; pero es evidente que son los ingresos reales de los trabajadores.
El principal macroeconomista keynesiano Gauti Eggertsson ha hecho todo lo posible para revivir la fallida curva de Phillips (es decir, que si el desempleo cae en la perspectiva del pleno empleo, esto aumentará los salarios y eso conducirá a un aumento de la inflación). Eggertsson está de acuerdo en que la curva tradicional de Phillips no se aplica a la inflación actual, PERO, como ve, la curva se ha vuelto «no lineal», es decir, el desempleo puede caer directamente hacia abajo sin ningún impacto en la inflación y luego de repente girar y la inflación se dispara. Así que, en efecto, no hay «curva» en absoluto.
Los monetaristas también intentaron resucitar su teoría para explicar el aumento de la inflación posterior a la pandemia. John Taylor, autor de la regla de Taylor, que supuestamente establece límites sobre cómo evitar la inflación o el desempleo manipulando la tasa de interés «correcta» que establece la Reserva Federal. Taylor calculó que la espiral inflacionaria se debió a que la Reserva Federal era demasiado lenta en las subidas de las tasas antes de la pandemia y de no seguir su regla de Taylor. Sin embargo, cuando la Reserva Federal aumentó su tasa política, no logró reducir la inflación hasta su objetivo (como vemos arriba).
Una variante tanto de las teorías monetarista como de las keynesianas es que el estallido inflacionario fue causado por «demasiado» gasto público. Robert Barro, un economista conservador de Harvard, que siempre ha estado obsesionado con reducir el gasto público, que considera como un «despojo» del sector privado, presentó pruebas para 37 países de la OCDE de que «la expansión fiscal subyace al aumento de la inflación para 2020-2022″. Christopher Sims de la Universidad de Princeton también ha defendido esta «teoría fiscal de la inflación», en contra de los keynesianos.
Argumentó que, desde 1950, Estados Unidos había sufrido tres episodios de alta inflación y fueron causados por «expansiones fiscales»: es el gasto excesivo por parte de los gobiernos lo que causa una alta inflación, no una política monetaria laxa (a diferencia de Taylor). Es un caso clásico de confusión de la dirección causal. El gasto público y los déficits presupuestarios aumentaron bruscamente en relación con la producción total durante la pandemia porque las economías se cerraron y la producción total cayó. Cuando las economías comenzaron a recuperarse, el tamaño de los déficits presupuestarios anuales en comparación con el PIB se redujo.
Finalmente, se revivió la teoría de las expectativas de inflación. El FMI bajo la entonces directora Gita Gopinath, habiendo reconocido que las teorías de las curvas monetaristas, fiscales y Phillips no explicaban la inflación reciente, recurrió una vez más a las «expectativas de inflación». Los economistas del FMI afirmaron que desde 2020, las «expectativas de inflación a corto plazo» habían sido el mayor motor de los aumentos de precios en las economías avanzadas y el segundo factor más importante en los mercados emergentes. El profesor del MIT, Ivan Werning, calculó que el aumento de la inflación era el resultado de las «expectativas irracionales» de los consumidores. Así, la teoría de la inflación se redujo de nuevo a la psicología.
Si mira la evidencia de «expectativas» en el gráfico del FMI anterior, puede ver que «otros factores (por ejemplo, bloqueos de suministro y otros factores misteriosos – bloque gris) fueron la principal causa que disparó la inflación. Las «expectativas» (bloque azul) solo llegaron más tarde, una vez que la gente se dio cuenta de que los precios iban a seguir aumentando bruscamente – las expectativas comenzaron a caer cuando la tasa de inflación cayó. Así que las expectativas seguían a causas reales, no al revés.
Como el keynesiano Larry Summers resumió: «La teoría hacia la que muchos economistas están gravitando es que la curva de Phillips es básicamente plana, la inflación crece por las expectativas de inflación y las expectativas de inflación son establecidas por las personas que desarrollan las expectativas de inflación. Y eso es un poco como la teoría de que los planetas giran en el universo debido a la fuerza orbital. Es una especie de teoría nominal en lugar de una teoría real. Así que creo que la teoría de la inflación se encuentra en un caos muy sustancial, tanto por los problemas de la curva de Phillips como porque no tenemos una alternativa enormemente convincente de la teoría de tipo monetarista».
Werning intentó idear una teoría de la inflación que cubriera todas las cuestiones. La inflación aumenta cuando hay una demanda excesiva causada por demasiadas inyecciones de dinero del banco central y por demasiado gasto gubernamental. Luego hay varias rigidezes (monopolios, sindicatos, etc.) que aumentan los precios y por los choques de los precios de la energía; y finalmente expectativas inflacionarias. Este cóctel de causas nos deja sin ninguna explicación. No es de extrañar que Werning resumiera su trabajo con las palabras: «¡a menudo terminamos sabiendo menos de lo que sabíamos antes!»
En un reciente mea culpa, el exgobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, revirtió sus puntos de vista anteriores y admitió que «los bancos centrales ya no tienen una teoría de la inflación. La característica popular actual de los objetivos de inflación es totalmente diferente de [su] propósito original». El economista Milton Friedman solía argumentar que «la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario», moldeado por la creación de dinero del banco central. Sin embargo, este enfoque monetarista es limitado «ya que la velocidad de la circulación monetaria puede cambiar y los jugadores privados crean dinero». King también atacó la teoría de las «expectativas»: «Esta es la teoría de la inflación del Rey Canute», invocando al monarca inglés del siglo XI que supuestamente intentó, y fracasó, controlar las olas con palabras, «O, para usar otra metáfora, chamanes, usando la intervención verbal para dar forma a los precios».
El año pasado, Michael Bordo del Banco de Pagos Internacionales produjo un documento masivo para el Banco de Inglaterra para explicar la inflación posterior a la pandemia en el Reino Unido. Después de una montaña de páginas y gráficos, no parecía llegar a ninguna conclusión significativa.
La inflación, al parecer, tuvo lugar porque el lado de la oferta de la economía del Reino Unido era improductivo y no podía ofrecer «una economía de baja inflación capaz de ofrecer un crecimiento sostenido… Esto nos lleva a preguntas más fundamentales en la conclusión de este documento. ¿Hasta que punto la inflación fue inevitable dado el colapso de Bretton Woods como dispositivo disciplinante, los problemas estructurales del lado de la oferta que enfrenta el Reino Unido y la apertura de la economía, haciendo que el Reino Unido sea vulnerable a los choques del extranjero? ¿Hasta que punto fue un fracaso del marco institucional de la política monetaria y fiscal en el Reino Unido para adaptarse a esos cambios con la suficiente rapidez? ¿hasta que punto se debió a la lentitud de los responsables políticos y los políticos para comprender y absorber los principales cambios en el pensamiento económico que ocurrieron en la década de 1960?». No había respuestas a estas preguntas.
Los economistas heterodóxos también revisaron sus teorías anteriores para explicar la inflación post-pandémica. Los post-keynesianos se centraron en los márgenes de ganancias. Fue la capacidad de las corporaciones (monopolio) para aumentar los precios y participar en la manipulación de precios lo que causó la inflación posterior a la pandemia. Pero los cárteles de monopolio u oligopolio han existido desde el desarrollo del capitalismo maduro. Ha habido un grado creciente de concentración y centralización del capital, como predijo Marx, pero eso no siempre ha ido seguido por la aceleración de la inflación.
Una mayor inflación puede ocurrir tanto con estructuras de mercado bastante competitivas como oligopolísticas. A finales del siglo XIX, la llamada Era de la Edad Dorada se caracterizó por el auge de los cárteles, pero con deflación en los precios; y la década de 1990, a menudo vista como una segunda Edad Dorada con una creciente concentración del mercado, experimentó la llamada Gran Moderación en la inflación de precios, es decir, deflación. De hecho, en la última gran espiral inflacionaria de la década de 1970, las ganancias realmente cayeron.
Además, la teoría de la inflación de margenes no nace de la evidencia. Como dijo James Crotty: «el modelo de determinación de ganancias de Kalecki de margen constante» utilizado por el héroe post-keynesiano Minsky «es evidentemente insatisfactorio».
Según Crotty: «La mayor parte de la evidencia demuestra que hay una variación cíclica significativa en el margen de beneficio y la participación en los beneficios». En otras palabras, la capacidad de las corporaciones para aumentar los precios y obtener más participación en los beneficios varía según la tasa de expansión en la economía. Antes de la caída de la pandemia, las ganancias corporativas constituían solo el 11 % de los cambios en los precios unitarios.
La explicación heterodoxa más significativa de la explosión de inflación posterior a la pandemia vino de Isabella Weber y Evan Wasner. señalan que, antes de la pandemia, hubo un largo período de relativa estabilidad macroeconómica de precios, con baja inflación y un crecimiento generalmente compartido en el valor añadido nominal entre salarios y ganancias. Fue solo en el período posterior a la pandemia de los últimos dos años que las ganancias usurparon una mayor parte del valor en los aumentos de precios por unidad de producción.
Pero como muestra su tabla (a continuación), en la primera parte de 2020, fueron los salarios los que más ganaron por los aumentos de precios a medida que las ganancias se desplomaron en la caída de la pandemia. Hasta 2021, esas acciones relativas se revirtieron gradualmente y las ganancias cosecharon la mayor parte. Pero para 2022, la participación salario-beneficio en el valor de los aumentos de precios era bastante uniforme. De hecho, para el tercer trimestre de 2022, la participación de la mano de obra en los aumentos de precios fue mayor.
Así que todo depende del punto del ciclo de expansión y contracción que esté experimentando una economía capitalista, no de la capacidad de los monopolios para «especular con los precios» como tal. Los datos sugieren que, en el período de bloqueos de la cadena de suministro y el fuerte aumento de los precios de los productos básicos (alimentos, energía), las empresas con poder de fijación de precios aumentaron los precios para mantener e incluso aumentar las ganancias (2020-21). Pero a medida que los bloqueos del suministro disminuyeron y la producción se reaumentó en 2021-22, la competencia aumentó y no se pudieron mantener más los margenes de beneficio superiores.
Al situar la causa del aumento de la inflación en el aumento de las ganancias, Weber y otros en la izquierda han abogado por la introducción de controles de precios como alternativa a las políticas monetarias del banco central. Pero controlar los precios de la energía en el extremo del consumidor nacional no resolvería los aumentos de precios en el extremo del productor, sino que simplemente conduciría a los distribuidores privados de energía a la quiebra.
Eso obligaría a los gobiernos a poner fin a los controles o a hacerse cargo de las empresas en quiebra. De hecho, esta última solución plantea la mejor respuesta política: la propiedad pública de las empresas internacionales de energía y alimentos que operan en toda la cadena de suministro global. Pero esa política no está en la agenda de los economistas heterodoxos.
Lo que no responde con las teorías convencionales o heterodoxas es por qué las principales economías no lograron hacer frente a los «choques» energéticos y alimentarios causados por la «cicatrización» post-COVID de las cadenas de suministro y los vínculos comerciales. La respuesta radica en la desaceleración general del crecimiento de la productividad y la inversión productiva que había tenido lugar durante las dos décadas anteriores y particularmente en el período previo a la caída de la COVID.
El punto aquí es que las principales economías capitalistas ya estaban cerca de una depresión incluso antes de que la pandemia de COVID golpeara. Así que el lado de la oferta ya era débil cuando comenzaron a surgir los bloqueos de suministro global.
Esta es una de las varias ideas clave que el economista marxista Paul Mattick Jnr hace en su excelente libro corto sobre la causa de la espiral inflacionaria posterior a la pandemia. Mattick también escribió el mejor libro corto sobre las causas de la crisis financiera global y la Gran Recesión en 2011. En su nuevo libro, Mattick defiende el mismo punto que Carchedi y yo hicimos con nuestra teoría del valor de la inflación, es decir, que el aumento de la productividad laboral tiende a reducir los precios. Pero el crecimiento de la productividad entra en conflicto con la rentabilidad.
Si la rentabilidad se ralentiza, la inversión productiva se ralentiza y el crecimiento de la productividad se ralentiza. Las autoridades monetarias y el sistema financiero amplían el crédito para compensar, pero esto solo alimenta la inflación. «Es la tendencia a la disminución de la rentabilidad global, evidenciada por la caída general de las tasas de crecimiento desde la década de 1970, mantenida en sus niveles reales solo por un aumento constante de la deuda pública, corporativa y privada, lo que invoco para explicar la tendencia inflacionaria del capitalismo desde la Segunda Guerra Mundial
Esto nos lleva de vuelta a nuestra teoría del valor de la inflación. Encontramos que la tasa promedio de la tasa de valor de la inflación durante el período 1949-2019 era alrededor del doble que la de las tasas oficiales (IPC y deflador del PIB). Eso sugiere que las medidas oficiales de la
inflación de precios están enormemente sesgadas a la baja. Corbin Trent analizó los ingresos reales en los Estados Unidos utilizando una medida diferente de la inflación de precios. Las estadísticas del gobierno de los Estados Unidos muestran que los salarios reales promedio han aumentado un 252% desde 1950. Pero Trent argumenta que los ingresos reales han perdido el 61 % del poder adquisitivo en 1950.
¿Por qué ? Es porque los estadísticos oficiales «ajustan» los precios de muchos bienes para tener en cuenta su mejor productividad, es decir, un mejor rendimiento. Estos ajustes «hedónicos» recortan aproximadamente entre el 50 y el 60 % de la inflación real. Además, la «cesta» de bienes y servicios está sesgada hacia los bienes donde los precios están bajando y lejos de los servicios donde los precios están subiendo.
En cambio, Trent analizó los ingresos después de la inflación de acuerdo con las horas de trabajo necesarias para comprar bienes y servicios. «Desmonté los juegos estadísticos. No hay ajustes hedónicos. No hay equivalentes de alquiler teóricos. No hay reeequilibrios de la cesta. Solo matemáticas directas. ¿Cuánto hacemos y cuánto cuestan los básicos? Miré los datos oficiales del gobierno. Ingresos medios del IRS y la Oficina del Censo. Precios reales para artículos esenciales de HUD y registros federales. Luego hice una pregunta sencilla. ¿Cuántos años, semanas o meses de trabajo se necesitan para comprar lo que necesitamos?»
Así, Trent calculó el impacto de la inflación de precios en los ingresos, basándose en la cantidad de tiempo de trabajo que se necesita para comprar bienes y servicios. Hacer eso revela que para igualar los productos esenciales que los abuelos estadounidenses podrían comprar en 1950, el ingreso medio oficial de 42.220 dólares tendría que ser de 102.024 dólares. Así que hubo una pérdida del 60% en los ingresos reales utilizando la medida de valor.
Nuestra teoría de la tasa de valor de la inflación utiliza un enfoque similar. Según los datos oficiales, el ingreso familiar medio real de los Estados Unidos aumentó un 62 % entre 1960 y 2024, pero dada la tasa de valor de la inflación para deducir de los ingresos nominales, los ingresos reales fueron inferiores en un 20 % en comparación con 1960. De hecho, solo en la llamada Edad de Oro de 1960-73 aumentaron los ingresos reales en nuestra medida de valor. En el período neoliberal (1974-00), los ingresos reales cayeron un 14% y en el período de la larga depresión (2000-19), los ingresos disminuyeron otro 10%. En el período posterior a la pandemia, prácticamente no hubo aumento, ni siquiera en los datos oficiales. No es de extrañar que la confianza del consumidor estadounidense esté cerca de mínimos históricos.
La tasa de valor de la inflación registró un fuerte aumento a casi el 11 % en 2022, al il que también lo hizo el deflactor del PIB. La oferta monetaria de M2 ajustada aumentó más del 14 % en 2022 a medida que las inyecciones monetarias entraron en circulación principalmente. Al mismo tiempo, el crecimiento de las horas trabajadas se desaceleró, de modo que el VRI aumentó bruscamente.
En los años siguientes de 2023 y 2024, las autoridades monetarias apretaron el crecimiento de la oferta monetaria, es decir, pasando de la flexibilización cuantitativa (QE) en 2020-21 a la restricción cuantitativa (QT). La disminución posterior en el VRI en 2023 y 2024 fue equivalente a una disminución similar en la tasa oficial de inflación, pero ambas medidas de inflación se mantienen muy por encima de los niveles previos a la pandemia y por encima del objetivo oficial de la Reserva Federal del 2 % anual.
¿La inflación está aquí para quedarse? Recordémonos a nosotros mismos los factores clave de la causa de la inflación. La teoría de la tasa de valor de la inflación sostiene que la tasa de inflación depende de la diferencia entre el cambio en el crecimiento del dinero en circulación y el crecimiento de las horas trabajadas en los sectores productivos de la economía. Esto último depende de la expansión de la inversión en capital productivo y mano de obra (a su vez, esto afectará la tasa de beneficio del capital). Las horas trabajadas están aumentando actualmente en alrededor del 0,5 % anual, desacelerándose a medida que el crecimiento del empleo se ha ralentizado.
Pero el dinero en circulación ahora está aumentando a más del 8 % anual, habiendo disminuido a alrededor del 4,5 % en 2024. Por lo tanto, es probable que la tasa de inflación promedie el 7,5 % en 2026. Eso sugeriría una tasa oficial de inflación de precios del 4,5-5,0% para 2027. Con un crecimiento económico de los Estados Unidos de solo el 1,5% más o menos este año, ha regresado la «estanflación» (crecimiento bajo o cero con inflación alta y creciente).
Hay condicionantes para este pronóstico. La rentabilidad del capital estadounidense ha aumentado desde 2020. Esto debería promover un aumento en el crecimiento de la inversión y las horas trabajadas. Pero gran parte de este aumento de la rentabilidad se ha concentrado en solo unos pocos sectores: tecnología de la información, energía y finanzas. La amplia franja de sectores no financieros de los Estados Unidos no está experimentando aumentos significativos en la rentabilidad.
El aumento sostenido de la inversión y el crecimiento de la productividad ahora depende casi totalmente de la IA. El actual presidente de la
Fed, Kevin Warsh, pone todos sus huevos en la canasta de IA. «La IA es quizás el cambio más significativo en nuestra economía en mi vida adulta. La IA será una fuerza deflacionaria significativa, aumentando la productividad y fortaleciendo la competitividad estadounidense».
Si eso no sucede, entonces el nivel actual de expansión monetaria y una economía en desaceleración garantizarán que la mayor inflación permanezca. Los tenedores de bonos temen más la inflación porque a los tenedores de bonos se les paga una tasa de interés fija sobre sus bonos y si la inflación aumenta, eso se come el retorno real de su inversión. El aumento actual de los rendimientos de los bonos indica que los inversores de bonos están insistiendo en pagar menos por sus compras de bonos porque temen que el rendimiento real caiga a largo plazo.
Por eso los rendimientos de los bonos del gobierno de EEUU han dado un fuerte giro al alza desde 2020. Los inversores financieros no creen que Kevin Warsh tenga razón.
*Economista marxista británico que ha trabajado 30 años en la City londinense







