Narcotráfico: Marset-Vorterix y Rosario. El negocio sigue.

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Nicolás Centurión

Un piloto de Sebastián Marset asesinado en Bolivia, una organización con avionetas y pistas clandestinas en Santa Fe y una empresa vinculada a Vorterix intervenida por la Justicia. La investigación argentina empieza a mostrar algo más inquietante que la fuga del uruguayo: mientras todos buscaban al jefe, el negocio seguía funcionando.

La Justicia Federal de Rosario intervino por 90 días VTX Rosario S.A., la sociedad que explota Vorterix en esa ciudad, y colocó su administración bajo supervisión judicial. La decisión del juez federal Carlos Vera Barros fue tomada después de que los fiscales especializados en narcocriminalidad y lavado de activos reconstruyeran una relación que durante años permaneció escondida detrás de sociedades, familiares y personas interpuestas.

La Justicia intervino la sociedad que administra Vorterix en Mar del Plata
La Justicia intervino la sociedad que administra Vorterix en Rosario

Según el Ministerio Público Fiscal argentino, quien habría administrado realmente la empresa desde al menos 2018 era Brian Walter Bilbao, un hombre que formalmente se dedicaba al negocio de los taxis y remises, que nunca figuró como propietario de VTX y cuyos ingresos declarados no alcanzaban, según los investigadores, para explicar algunas de las inversiones que comenzaron a aparecer a su alrededor.

Bilbao está detenido desde noviembre de 2025 acusado de dirigir una organización que introducía cocaína desde Bolivia y Paraguay utilizando avionetas y pistas clandestinas.

Vera Barros dispuso que un síndico controle durante tres meses los ingresos y egresos, realice un inventario de los activos e informe sobre la situación patrimonial de la sociedad, mientras el dinero producido por su funcionamiento deberá ser depositado en una cuenta judicial.

La medida había sido solicitada por la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (PROCELAC), que trabaja junto con la Procuraduría de Narcocriminalidad (PROCUNAR) siguiendo dos extremos de una misma historia: una intenta reconstruir el origen y destino del dinero; la otra, la organización que transportaba la cocaína. 

La relación entre Bilbao y VTX tampoco apareció de un día para otro. Los investigadores sostienen que el narcotraficante habría comenzado a administrar la sociedad el 29 de octubre de 2018, después de una adquisición de acciones realizada mediante una mujer y su hija que los fiscales consideran testaferros.

Con el avance de la causa fueron apareciendo personas de su entorno familiar vinculadas a la conducción societaria, entre ellas Anabela Acuña, su cuñada, y posteriormente Lorena González, su hermana. Aparece también, Germán Antonio Urán, relacionado con la administración de VTX y con otras actividades comerciales investigadas.

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Brian Walter Bilbao, el narcotraficante más buscado de Rosario

Escuchas telefónicas, relaciones entre quienes manejaban la empresa y Bilbao y hasta un vehículo del propio narcotraficante utilizado para trasladar artistas terminaron integrando el conjunto de elementos que llevó a la Justicia a poner la sociedad bajo intervención. 

Cuando la PROCELAC comenzó a reconstruir el patrimonio que rodeaba a Bilbao aparecieron empresas de taxis y remises, bares, pantallas LED, medios de comunicación, producción de espectáculos, negocios inmobiliarios, actividades agropecuarias, vehículos, maquinaria y biodiésel.

Remitaxi, Taxideral, VyA Digital, Glycine Max, Muchamerde, Lenny Kravitz, Tres Cuatro Uno, Kaos Productora y Emprendarq son algunos de los nombres que fueron surgiendo en diferentes momentos de una investigación que ya en 2023 había expuesto una parte considerable del entramado comercial.

Cosecha lo que siembras

La investigación que terminó de revelar la otra cara de sus negocios fue bautizada Cosecha Blanca. Aunque el gran operativo se produjo en 2023, la causa había comenzado varios años antes y terminó describiendo una organización bastante diferente de las bandas que convirtieron a Rosario en sinónimo de violencia narco.

El negocio atribuido a Bilbao no dependía fundamentalmente de controlar una esquina o un barrio: necesitaba aeronaves, pilotos, mecánicos, hangares, combustible, campos donde aterrizar y vehículos capaces de llegar hasta ellos para retirar cientos de kilos de cocaína sin atravesar un solo puesto fronterizo.

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Dos avionetas secuestradas en Campo Timbó serán usadas para combatir el narcotráfico

En octubre de 2023, los allanamientos permitieron observar una parte de aquella infraestructura. En el aeródromo privado de Campo Timbó, en Oliveros, unos 40 kilómetros al norte de Rosario, fueron encontrados dos aviones Beechcraft Baron. Un tercer aparato, un Cessna 210, apareció en un hangar rural de Carrizales con daños en el tren de aterrizaje y la hélice.

En esa ocasión, fueron secuestrados decenas de teléfonos y computadoras, vehículos y documentación que permitieron a los investigadores continuar reconstruyendo una organización que, según la acusación, utilizaba el espacio aéreo para introducir cocaína desde Bolivia y Paraguay.

La metodología tampoco había nacido en 2023. Tres años antes, Gendarmería había detectado una avioneta que volaba a baja altura mientras varios vehículos avanzaban por caminos rurales cerca de Cañada de Gómez. La sospecha era que se estaba realizando un “bombardeo”: la aeronave arroja los paquetes de cocaína en un punto acordado y una estructura terrestre los recoge inmediatamente, sin necesidad siquiera de aterrizar.

Durante la persecución murieron dos hombres y el análisis posterior de sus teléfonos comenzó a llevar a los investigadores hacia otros integrantes de la organización. Aquella escena, aparentemente aislada, terminaría convirtiéndose en una de las primeras ventanas hacia la infraestructura que rodeaba a Bilbao.

Crecen los allanamientos por venta de cocaína en Pergamino • Diario NúcleoLos aviones pueden cambiar, las pistas también y quienes compran la mercadería ni siquiera necesitan conocer a todos los participantes de la operación. Lo verdaderamente valioso son los hombres capaces de conectar esas partes.

Bilbao permaneció prófugo durante casi dos años hasta que finalmente fue capturado en noviembre de 2025. Su caída volvió a producirse alrededor de una operación aérea. Los investigadores seguían el aterrizaje de una avioneta en la zona de Pergamino y terminaron encontrando cerca de 956 kilos de cocaína. Para entonces, sin embargo, otra investigación había comenzado a moverse silenciosamente entre Rosario y Bolivia y en esa causa apareció un hombre que ampliaría considerablemente el mapa.

En setiembre de 2025, información que llegó a la Policía Federal Argentina a través de la DEA, puso a los investigadores detrás de una línea telefónica argentina que mantenía comunicaciones frecuentes con Bolivia. El hombre que aparecía del otro lado tenía 29 años, era piloto y además corría rally. Se llamaba José Pedro Rojas Velasco, aunque en Bolivia era mucho más conocido por su apodo: Pepa.

El PROCUNAR sostiene que Rojas Velasco se desempeñaba como piloto dentro de la estructura de Brian Bilbao y que actuaba como nexo operativo entre Bolivia y Argentina, coordinando vuelos clandestinos y entregas de cocaína.

Imagen de un vehículo todoterreno sucio con una cinta roja alrededor, y un recuadro circular con el rostro de un hombre barbudo y gorra
El vehículo de José Pedro Rojas Velasco, el piloto de rally asesinado en Bolivia antes de la carrera

La historia de Pepa adquirió otra dimensión el 26 de abril de este año. Rojas Velasco se encontraba en Santa Cruz de la Sierra para participar de una competencia de rally cuando un hombre se acercó y le disparó. La autopsia encontraría seis heridas de bala. Después del asesinato, el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen de Bolivia, Jhonny Coca, sostuvo públicamente que el piloto había trabajado para Sebastián Marset y lo ubicó dentro de una tercera línea de la organización del narcotraficante uruguayo.

Las autoridades bolivianas llegaron a manejar la hipótesis de que Pepa se encontraba en condiciones de ascender dentro de una estructura golpeada por detenciones, muertes y disputas internas.

La investigación argentina había encontrado así un puente que hasta entonces no resultaba evidente. El hombre que PROCUNAR identificaba como piloto de Brian Bilbao y coordinador de los vuelos entre Bolivia y Argentina era señalado en su propio país como integrante de la organización de Marset. Dos investigaciones desarrolladas a cada lado de la frontera habían terminado colocando al mismo piloto en el centro de estructuras que, vistas desde lejos, parecían independientes.

Nueve días después del asesinato de Pepa, un Cessna 210D despegó desde Bolivia con destino al norte de Santa Fe. El 5 de mayo aterrizó en una pista clandestina preparada dentro del establecimiento rural Don Julio, en la zona de La Sarnosa, departamento de Vera. En el avión viajaban dos hombres y 340 ladrillos que totalizaban 442,122 kilos de cocaína. En tierra los esperaban otras seis personas con camionetas y camiones preparados para retirar la carga, además de bidones de combustible, teléfonos y equipos de comunicación. Esta vez la Policía Federal conocía la operación y los ocho hombres terminaron detenidos.

Sebastián Marset

El 8 de mayo, Diego Iglesias, jefe de PROCUNAR, sostuvo ante el juez que los ocho imputados integraban un “nodo narcocriminal muy poderoso, vinculado al narcotraficante Sebastián Marset”, al que atribuyó actividades en Bolivia y Colombia. Iglesias también hizo referencia a conexiones con hechos criminales ocurridos en Paraguay e hizo referencia a la muerte de un diputado.

No se trataba esta vez de una asociación construida a partir de versiones periodísticas o de una fuente policial: era el responsable de la procuraduría argentina especializada en narcotráfico explicando ante un juez cómo encuadraba la organización que acababa de transportar casi media tonelada de cocaína desde Bolivia hasta Santa Fe.

En estos modelos de negocios, los vínculos importan tanto como las jerarquías y la captura de un jefe no necesariamente elimina la infraestructura que utilizaba. Las aeronaves pueden volver a despegar y las personas que conocen las rutas pueden ofrecerlas a quienes todavía tengan mercadería para mover.

La geografía en la que funcionaba la organización atribuida a Bilbao agrega otro elemento. Las pistas, hangares y campos investigados se encuentran en Santa Fe, dentro del territorio atravesado por el Paraná y relativamente cerca del complejo portuario del Gran Rosario, uno de los principales nodos agroexportadores del continente.

Los investigadores han considerado la posibilidad de que una parte de la cocaína introducida desde Bolivia y Paraguay continuara posteriormente hacia mercados internacionales a través de esa infraestructura portuaria, aunque esa etapa del recorrido todavía no cuenta con el mismo grado de reconstrucción judicial que los vuelos clandestinos.

¿Me escuchan?

La intervención de VTX Rosario permite observar el negocio desde el extremo menos visible. El dinero, en algún momento, necesita quedarse en algún lado, adquirir una forma y encontrar una explicación. Puede convertirse en vehículos, propiedades, acciones, bares o empresas y necesita personas que figuren en documentos, administren cuentas y justifiquen inversiones.

Mientras la PROCUNAR seguía los aviones que llegaban desde Bolivia y Paraguay, los investigadores de lavado comenzaron a recorrer el camino inverso, desde los negocios hacia el origen del capital. En el medio aparecieron sociedades, familiares, testaferros, escuchas y actividades comerciales que aparentemente poco tenían que ver con una pista clandestina.

Durante los últimos años, buena parte de la persecución de Sebastián Marset estuvo concentrada en averiguar dónde se encontraba. Paraguay, Bolivia, Brasil, Emiratos Árabes y distintos países africanos fueron apareciendo alrededor de un fugitivo que consiguió mantenerse fuera del alcance de las autoridades mientras su rostro circulaba por todo el continente.

Las causas que avanzan ahora en Argentina permiten observar el fenómeno desde otro lugar. Mientras las policías intentaban determinar dónde estaba Marset, hombres vinculados a su estructura seguían moviéndose por la región, conectando países y relacionándose con organizaciones locales capaces de recibir cargamentos de cocaína.

José Pedro Rojas Velasco puede terminar siendo una de las piezas que permitan conocer la extensión de esas conexiones. La Policía boliviana lo identificó como piloto de Marset; PROCUNAR lo ubicó dentro de la estructura de Bilbao y le atribuyó la coordinación de vuelos clandestinos entre Bolivia y Argentina. Bilbao, a su vez, había construido alrededor de Rosario una organización que no terminaba cuando sus aviones tocaban tierra, porque mientras la cocaína atravesaba fronteras por el aire, otra parte del negocio necesitaba encontrar una forma de permanecer dentro de la economía.