Chile: La codicia y la política

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Juan Pablo Cárdenas S.

Es curioso que los principales credos religiosos no consideren a la codicia como uno de los pecados capitales. Posiblemente porque a ésta la tienen entre los más repugnantes vicios, a una escala superior a la avaricia, la envidia, la pereza y los otras mortales prácticas. Será también porque con la codicia casi siempre es posible incurrir en estas otras perversiones humanas.

En Chile, lo mismo que en el mundo, es fácil asociar a la codicia con el oficio de la política, entendiéndola como sinónimo de ambición desmedida por el poder. Sin embargo, no hay que olvidar que por codicia debe entenderse fundamentalmente el deseo insaciable de poseer riquezas y bienes materiales, superando con creces las necesidades básicas de cada cual, en una tóxica actitud que entraña egoísmo y una crónica insatisfacción.[Audio] La Historia es Nuestra: El aumento de la corrupción en Chile ...

A esta altura, es muy difícil descubrir políticos sin codicia, dispuestos por sobre todo a servir a su país y a su población. Así como parece casi imposible comprobar que haya políticos que, después de cumplir con un cargo de representación, se animen a cambiar su rumbo, a abrazar otros caminos considerados nobles o a saber retirarse a una edad propicia, antes del natural deterioro en sus capacidades mentales y otras destrezas.

Excepciones, por supuesto, las hay. Nuestra misma historia consigna varios casos de gobernantes, ministros, parlamentarios y otros que hasta se empobrecieron materialmente en el poder. Aunque esta actitud es mucho más corriente entre los líderes sociales, los sindicalistas y activistas motivados por las buenas causas. Las figuras políticas, realmente, son muy pocas.

Más bien lo que suele ocurrir es que con cada administración se suceden y se heredan los escándalos de corrupción y las impunidades. Hermosas gestas revolucionarias han sucumbido por la codicia de sus dirigentes, partidos políticos líderes que han sido arrastrados por la codicia de sus mandamases y militantes, que a veces, en menos de una década, desaparecen o derivan en otros referentes muchas veces de perfiles ideológicos de distinto signo.

Después de la dictadura, en apenas unos pocos años estallaron los negocios ilícitos, los secretos sobresueldos, los casos Penta, Soquimich, Caval y Fundaciones, entre otros bullados despropósitos en que, además, se echó mano, incluso, de Casos Penta y SQM: El Lobby de la Impunidadlos recursos destinados a los más pobres. Y hasta los más encendidos anti pinochetistas llegaron hasta la mesa del propio yerno del Tirano a solicitarle recursos económicos, justificándose en que las elecciones se ganan más por pesos que por sufragios.

Un multimillonario enriquecido por los negocios turbios en apenas una década llegó dos veces a La Moneda y se las ingenió para “tercerizar” sus empresas a amigos suyos, para así mantener el control de ellas y sumar utilidades en el ejercicio de su cargo.

Así como ha habido múltiples personajes dedicados a acaudalar recursos para asegurarse casi vitaliciamente sus curules legislativos. Mientras se sabe que es en los municipios donde es más fácil defraudar al fisco, comisionarse personalmente con las obras públicas y, por supuesto, garantizarse la reelección. De allí el alto número de alcaldes imputados por las fiscalías.

Aunque algunos parlamentarios y ediles están han estado enfrentando los Tribunales, ya se asume que será muy difícil arrebatará el botín obtenido, como también será muy improbable que alcancen a ser condenados, porque en el lucrativo oficio de defender a los delincuentes se enriquecen los más hábiles abogados y las “presunciones de inocencia” como las prescripciones favorecen a los más inescrupulosos. Tal es así que algunos, después de sacudirse o aminorar sus sentencias, vuelven al ruedo político en medio de la amnesia colectiva del pueblo. ¡Vaya que hay casos como el de la ex alcaldesa de Maipú que después de 10 años aún no se le inicia el juicio formal!

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Y todos se llenan la boca con la palabra democracia. Como si de verdad fueran nuestros políticos auténticos representantes del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Y no constituyeran, en general, solo una clase voraz que con el poder lo que persiguen es riquezas, sueldos cuarenta veces los de sus electores, las más propicias oportunidades de negocios, además de una vida placentera en medio de sus afanes y adicciones, en que los pecados capitales, hasta la soberbia, la envidia y la propia lujuria, los abraza.

Como parece ser el caso del protagonista del Caso Monsalve, el jefe de seguridad del anterior gobierno acusado de violar y abusar sexualmente de una funcionaria dependiente de su Subsecretaría del Interior.

En tanto que los millones de chilenos viven en la precariedad, menos que al justo, cayendo abatidos por la pobreza y la enfermedad. Y, por supuesto, en la desesperanza respecto de la política. Como que las encuestas indican que el oficio más desprestigiado sea hoy el de los autodenominados servidores públicos. Poco menos que a la par con el de los delincuentes comunes.

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.