Retomar a Fidel es el desafío de nuestra época

34

    Claudio Katz

 

Fidel Castro fue la figura política más importante de América Latina en todo el siglo XX. Por esa razón, la conmemoración del centenario de su nacimiento suscita tantas reflexiones y homenajes. El líder cubano desafió al imperialismo norteamericano desde una pequeña isla y encabezó la primera revolución socialista victoriosa del continente. Ese desenlace lo transformó en el principal referente de las organizaciones de izquierda y en la personalidad más relevante de toda una era.

El debut revolucionario

Fidel sintetizó con su propia acción las tendencias de la lucha antiimperialista yde un devenir pos capitalista. Desde el asalto al Cuartel de Moncada hasta el ingreso triunfal en La Habana, comandó la batalla victoriosa contra la dictadura de Batista. Forjó una fuerza guerrillera, sintonizando con una modalidad de lucha acorde a las tradiciones de su paísJanuary 1, 1959: Fidel Castro Seizes Power in Cuba | The Nation

No asumió de entrada enunciados explícitamente socialistas. Encabezó un movimiento nacionalista, que mixturó las concepciones marxistas con el antiimperialismo radical. Se definió como leninista y comunista utópico, pero actuó en las organizaciones del nacionalismo revolucionario inspiradas en el legado martiano.

Fidel plasmó ese empalme en su militancia dentro del Partido Ortodoxo, en la gestación del 26 de julio y en la convergencia con el Partido Comunista. Corroboró con esa práctica la dinámica emancipatoria en América Latina. En una región tan condicionada por la dominación estadounidense, confirmó que el desenvolvimiento de procesos de liberación, transita por una convergencia del antiimperialismo con el socialismo.

Exhibió desde el principio una enorme perspicacia, autonomía e inteligencia política. Adhirió al ideario socialista, sin aceptarlos mandatos del Kremlin. Notó que esa subordinación generaba significativos desaciertos, como la participación del viejo Partido Comunista de su paísen gobiernos antipopulares.

Tampoco avaló los libretos dogmáticos sobre el sujeto revolucionario, que localizaban el protagonismo exclusivo de la transformación social, en los asalariados de las concentraciones urbanas. Promovió una estrategia combinada de sublevaciones en las ciudades y operaciones guerrilleras en el campo, prescindiendo de cualquier biblia doctrinaria.

Fidel maduró su estrategia en experiencias internacionalistas. Se inspiró en el gran levantamiento de Colombia, aprendió de la adversidad en Guatemala y absorbió lo sucedido en México. Concibió la revolución cubana como un episodio de la emancipación latinoamericana, leyendo a Martí y estudiando a Bolívar. Amoldó esa concepción a las distintas coyunturas que afrontó en su vida.

Maduración desde el poder

 A principio de los años 60, Fidel llevó a la práctica el proceso de radicalización socialista, que había concebido previamente como respuesta a las agresiones imperiales. No dudó en seguir ese rumboenfrentando presiones de todo tipo. Le exigían amnistía para los criminales de la dictadura e impuso justicia, le reclamaban abandono del programa de transformaciones sociales y consumó la reforma agraria, lo chantajeaban con el cierre de empresas y dispuso expropiaciones.

Ese cumplimiento de laspromesas del llano fue posible porque rechazó el manejo convencional del gobierno. Capturó el poder efectivo del Estado y a partir de ese control determinó el ritmo de los cambios. Demostró en los hechos, cómo se lleva adelante una transformación revolucionaria.

Fidel interpretó lo ocurrido en Cuba,como el debut de una oleada regional y asumió gran parte del comando de esa marea. No sólo puso todos los recursos materiales y humanos de su país al servicio de la revolución continental, sino que actuó como orientador y consejero de la izquierda. Introdujo una cultura de debates, sugerencias y propuestas, muy diferente al tradicional verticalismo que regía en el movimiento comunista internacional. Buscó la unidad y trató de superar el sectarismo, impulsando políticas contrapuestas a la conciliación con la burguesía.

Promovió con gran audacia la acción guerrillera, pero registró los inconvenientes de ese método. Sostuvo la conveniencia de esa modalidad y observó en la victoria de los sandinistas la confirmación de esa ventaja. Pero fue cauteloso en la aplicación indiscriminada de ese curso.

Ponderó al Che como la mayor figura de América Latina, pero desaconsejó el momento y el lugar de su acción. Emitió la misma prevención en otros casos, pero sin entrometerse en las decisiones de cada corriente de la izquierda. Fidel predicaba con el ejemplo de la solidaridad, sin actuar como profeta. Nunca se auto vislumbró como un guía infalible de otras fuerzas políticas.

Angola, la aventura africana de Fidel Castro
El primer presidente de Angola, Antonio Agostinho Neto y Fidel Castro

Una prueba de su desinteresada colaboración revolucionaria, fue la participación militar cubana en las guerras de Angola y Mozambique y en los enfrentamientos de Congo y Namibia. Fueron intervenciones decisivas para doblegar al Apartheid sudafricano, que ilustraron su enorme compromiso con el internacionalismo.

Fidel concebía la acción revolucionaria desde un bloque geopolítico y mundial progresivo. Captó la necesidad de participar en el denominado bloque socialista, no sólo para resistir la embestida del gigante norteamericano contra una pequeña isla del Caribe. Entendió que ese ámbito era indispensable, para apuntalar el sostén económico y militar de un proyecto internacional transformador.

Sabía que las cúpulas de la URSS eran hostiles a la acción revolucionaria y por eso, afrontó tantos desencuentros con el Kremlin desde la crisis de los misiles. Siempre actuó con realismo, para forjar compromisos de batalla contra el enemigo principal. Buscó pavimentar de esa forma las victorias del socialismo.

 Los nuevos retos 

La implosión de la URSS modificó su mirada y sus prioridades. Debió lidiar conla durísima prueba del “período especial” y brindó un ejemplo de respuestas a un escenario de catástrofe. Demostró la relevancia del heroísmo para confrontar con esa adversidad.

Cuando la coyuntura detotal aislamiento cubano quedó atrás, Fidel recuperó centralidad en el nuevo escenario del ciclo progresista. Al calor de las rebeliones y los nuevos gobiernos, La Habana se transformó en un centro de conferencias de la izquierda latinoamericana, con el Comandantedebatiendo cursos de radicalización muy distintos a la etapa precedente.

Los gobernantes latinoamericanos durante la era de Fidel Castro | CNNEn esos años,señaló que la revolución no estaba a la orden del día, pero tendía a resurgir. Atribuyó esa recurrencia a la opresión, el despojo y los cataclismos que genera el capitalismo dependiente. Situó el epicentro de cualquier cambio significativo en los levantamientos populares y ponderó las revueltas que tumbaron a varios gobiernos neoliberales.

También resaltó la gravitación de nuevos sujetos sociales como el movimiento indígena. Lo hizo con su cautela habitual y sin universalizar la gravitación de ese sector. Mantuvo el mismo cuidado que exhibía anteriormente para referirse al proletariado industrial.

Siguiendo su costumbre, tradujo de inmediato sus opiniones en iniciativas políticas y estableció una estrecha relación con Lula, Kirchner, Evo y Chávez. Recreó el mismo estilo de interlocución personal directa, que había mantenido antes con Salvador Allende. Jugó su influencia, para contrarrestar la presiónque ejercían los socialdemócratasempeñados en alentar la continuidad del neoliberalismo.

Su prédica incidió en la derrota del ALCA y alimentó lasiniciativas que desembocaron en las Conferencias contra la deuda externa y el surgimiento del ALBA. Fidel apuntaló la construcción del bloque latinoamericano, que posteriormente quedósujeto a incontables vaivenes.

En ese período, el internacionalismo de los médicos cubanos cobró más significación que la acción militar solidaria. Transformó, además, la batalla de ideas en un pilar de la disputa contra la derecha. También profundizó sus críticas al capitalismo y remarcó el carácter intrínsecamente destructivo de ese sistema. Reformuló incluso su mirada del socialismo, con sugerencias más abiertas sobre el perfilf uturo de una sociedad igualitaria.

Las conversaciones que mantuvo con Chávez sintetizaron esa madurez, porque Fidel encontró en el líder venezolano a su mejor discípulo.Fidel y la batalla contra el ALCA – La Jiribilla Actuó como gran consejero de la experiencia bolivariana y le sugirió a su par caribeño, que no se inmolara frente al golpe del 2002. Lo impulsó a apostar por un liderazgo que emergió con inusitada rapidez. En su fructífero intercambio los dos líderes alcanzaron una sintonía total. Chávez maduró como socialista revolucionario forjado en el ámbito militar, compartiendo la estrategia castrista de radicalizar los procesos de cambio.

Esa convergencia fue objetivamente reforzada por la brutal presión que los dos países sufrieron del imperialismo estadounidense. La CIA motorizó en Cuba y en Venezuela los mismos atentados, provocaciones y conspiraciones. El jefe actual de esos operativos, Marc Rubio, es un ahijado directo de la mafiade Miami. Desde allí se alimenta la campaña de mentiras, que desde hace décadas propaga la prensa imperial.

Los títeres de la intervención militar estadounidense se autodenominan demócratas y los defensores de la soberanía nacional cargan con el mote de dictaduras. Contra ese mundo al revés, la voz de Chávez tronó con la misma fuerza que la de su maestro.

Compromiso renovado

El perdurable legado de conductas que legó Fidel está a la vista, en la reacción actual del pueblo cubano frente al asedio imperial. Mientras Trump proclama su pretensión de “tomar la isla, para hacer con ella lo que quiera”, la preparación de la resistencia en la isla se afianza día a día.Los dos lemas de las marchas multitudinarias hablan por sí solos: “hasta la victoria siempre” y ¨que nadie espere la rendición”.

Trump está empeñado en provocaciones mayúsculas. Su flota rodea la isla y tantea desembarcos de algunos mercenarios,que ya fueron abatidos. El anuncio de Silvio Rodríguez que tomará la armas para defender a su país, reaviva la tradición heroica que forjó Fidel. La batalla actual es tan dura como en los años del Comandante.

La mafia anticubana incentiva desde la Florida el descontento interno, mientras el Pentágono acrecienta una inédita escalada de agresiones. En 60 años de bloqueo, nunca se atrevieron a imponer el actual cerrojo de abastecimiento petrolero. Con esa asfixia energética, pretenden forzar una crisis humanitaria semejante a la padecida por Haití. Intentan generalizar la oscuridad nocturna, la paralización de los hospitales, el colapso del agua y la falta de alimentos.

Pero la misma dignidad que alumbró Fidel vuelve a emerger. El gobierno raciona el combustible para garantizar servicios y actividades esenciales y buscaalternativas en los parques solares, mientras auspicia la provisión de petróleopor parte de los países que estánrompiendo el bloqueo.

Buques de Rusia, Turquía y China arriban a la isla, mientras el Convoy de “Nuestra América” desembarca con ayuda humanitaria. Dos barcos con víveresya llegaron desde Mexico para demostrar que “Cuba no está sola”. Muchos líderes de partidos y organizaciones sociales viajan a la isla, para expresar personalmente su compromiso con ese llamamiento.Las enseñanzas de Fidel recobran actualidad.

Legado perdurable

 Fidel se autodefinía como un comunista utópico y fomentaba especialmente las cooperativasen el plano económico. Alentó ese modelo encultura y valores: Fidel Castro el agro, junto a la estatización de otras actividades. Fue junto al Che muy hostil a cualquier introducción del mercado. Rechazaba el modelo de autogestión de Yugoslavia y convalidó la invasión rusa a Checoslovaquia, porque veía con aprensión las posturas promercantiles de esa experiencia. Pero objetó al mismo tiempo con vehemencia, las estatizaciones compulsivas consumadas en la URSS durante la colectivización forzosa.

En los hechos, rehuyó la aplicación de la Nueva Política Económica, propuesta porLenin para combinar el mercado con la planificación. Su apuesta era otra. Esperaba insertar a la economía cubana en un expansivo bloque mundial socialista, con especialización de esa participación en actividades altamente calificadas.

Ese proyecto fue muy visible no sólo en la medicina, sino también en otros ámbitos que involucraban una gran inversión educativa. Fidel evitó incluso el giro hacia el mercado luego del colapso de la URSS, porque identificaba ese rumbo con la corrupción y la desigualdad. Por eso centró la resistencia del “período especial” en la voluntad, la convicción y la solidaridad.

Desde su dirección del Estado avaló las tiendas especiales en divisas, las empresas mixturas y el desarrollo del turismo, tan solo como una acción defensiva. En todo momento observó con aversión el curso seguido por China. Mantuvo esas prevenciones, durante la coyuntura de gran oxígeno que introdujo el ciclo progresista latinoamericano. Pero al mismo tiempo, aconsejó cautela en la eventual repetición venezolana del rumbo económico seguido por Cuba.

Fidel estudiaba a Lenin como su referente para las grandes decisiones, pero son incontables los paralelos de su propia figura con el líder bolchevique. Ambos fueron estrategas de la revolución socialista, con gran capacidad para adaptar ese proyecto al cambio de circunstancias. En la batalla por ese objetivo, Fidel generó aportes muy frutíferos para el pensamiento de izquierda.

Fidel Castro: “El mejor homenaje de los niños a José Martí” Auspició, ante todo, la autocontención en el manejo del poder. Ejerció un insustituible liderazgo durante décadas, pero tomó en cuenta los peligros de esa prolongada conducción. Atribuyó gran parte de la desventura padecida por la Unión Soviética a la gestión autoritaria del Estado, con el consiguiente divorcio del grueso de la población.

Interpretó el desastre de Camboya por el delirante desmanejo de Pol Pot y fue especialmente crítico con el despotismo de Stalin. Destacó la imposibilidad de construir una democracia efectiva con dirigentes encandilados por la idolatría y el ejercicio de la supremacía sobre el resto. Con esa mirada, emitió oportunos mensajes de advertencia para el liderazgo caudillista en América Latina

Para subrayar su oposición al culto de la personalidad, Fidel rechazó la erección de estatuas o a la nominación de calles, aeropuertos e instituciones con su nombre. No fue un acto de humildad, sino un mensaje de conductas a seguir por toda la izquierda.

También realzó, una y otra vez, la gravitación de la ética revolucionaria. Se inspiró en Martí, revindicó a Mella y exaltó la estatura moral del Che. Adaptó esos principios a la acción guerrillera, imponiendo comportamientos ejemplares de sus tropas, para asegurar la protección de los civiles, impedir las torturas y castigar el terror. Extendió esa actitud a la gestión política, con tolerancia cero hacia la corrupción y severas penalidades al enriquecimiento individual.

Ese legado fue conceptualmente recogido por la veta humanista del marxismo latinoamericano, que jerarquiza la incidencia del sujeto frente al condicionamiento de las estructuras. Fidel se ubicó claramente en las vertientes historicistas del marxismo, que nunca aceptaron el fatalismo de las fuerzas productivas como guía de reflexión.Fidel Castro: El Líder Revolucionario de América Latina y el Caribe ...

Por esa razón, asignaba tanta gravitación a la educación y a la expansión de la cultura. Concibió la gestación del “hombre nuevo” como una síntesis de compromiso, militancia, entrega revolucionaria y elevación del horizonte cultural. Con ese soporte encaró la batalla de ideas en distintos campos. Apostó por el ingrediente moderno de la racionalidad, como pilar de un mundo emancipado de la explotación capitalista.

Fidel se autodefinía como un individuo optimista, en natural congruencia con su liderazgo revolucionario. Jamás podría haber comandado tantas hazañas, sin grandes expectativas en el triunfo de los oprimidos. Se ubicó siempre en las antípodas de la amargura, el cinismo y el descreimiento.

El inspirador de toda una generación, nunca aceptaría la valoración nostálgica su obra. Exigiría recordarlo con los ojos puestos en el futuro de la sociedad igualitaria, que él imaginó y nosotros debemos construir. Retomar a Fidel es el desafío de nuestra época.

 

*Economista, investigador del CONICET, profesor de la Universidad de Buenos Aires.

Fidel: qué es la Revolución