Ormuz y la batalla por los mares

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Pedro Brieger

El enfrentamiento entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán expone una extraña paradoja de la llamada modernidad: mientras lo digital parece dominar el mundo, el control de los mares sigue siendo tan esencial como hace 20 siglos.  La disputa por el Estrecho de Ormuz no es más que una expresión de la importancia que tienen los mares desde tiempo inmemoriales.  Y quienes los controlan suelen ser los vencedores.  No en balde todas las potencias construyeron puertos/bases en casi todos los rincones de la tierra.

En el Medio Oriente los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb son claves para el comercio marítimo.  

Se calcula que por el primero transita alrededor de una quinta parte de las reservas mundiales probadas de petróleo y una parte significativa de gas licuado. El segundo une las rutas entre el océano Índico y el mar Rojo, lo que permite el acceso al mar Mediterráneo y Europa a través del canal de Suez, por donde pasa un 30 por ciento del tráfico mundial de contenedores.   Ambos son pasos naturales angostos a cada lado de la península arábiga e involucran a varios países.  De hecho, a raíz de la reciente guerra, numerosas embarcaciones tuvieron que cambiar sus itinerarios y rodear África para llegar a Asia, lo que implica un considerable aumento de los costos logísticos.Bad news for India as Yemen's Houthis announce blockade around Bab el ...

El control de los estrechos naturales siempre fue un objetivo de las potencias, así como los canales artificiales que construyeron con fines comerciales y militares a fines del siglo XIX.  Además de los canales más conocidos (Suez y Panamá) hay otros importantes aunque con menor relevancia en la geopolítica actual. El de Kiel en Alemania -que une el mar del Norte con el mar Báltico- es uno de los más transitados del mundo por cantidad de barcos, pero como no lo pueden usar los mega buques mueve menos volumen en el comercio internacional.  

Tanto Suez (1869) como Kiel (1895) y Panamá (1914) fueron parte de la expansión capitalista de las potencias europeas (y luego EEUU)  que buscaban reducir tiempos de navegación para el comercio y el despliegue de sus armadas.  Los tres canales que transformaron la geografía económica y estratégica del mundo entre fines del siglo XIX y comienzos del XX ahora se complementan con varios estrechos naturales estratégicos.  La gran diferencia es que para atravesar los canales hay que pagar un peaje a los países donde se encuentran (Egipto, Alemania, Panamá) mientras que los estrechos no tienen “dueño”.

En la actualidad, los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb concentran la atención mundial. Sin embargo, existen otros estrechos claves para la geopolítica y la economía.  Por un lado, el estrecho de Malaca (entre Malasia, Indonesia y Singapur) por donde pasa cerca de una cuarta parte del comercio mundial. Por el otro, los estrechos de Bósforo y Dardanelos en Turquía que conectan el mar Negro con el Mediterráneo y son esenciales para las exportaciones de Ucrania y Rusia. 

El cierre o interrupción de cualquiera de ellos puede alterar el comercio mundial, disparar los costos del transporte y afectar los precios de la energía y de los alimentos. Por eso aparecen analizados en las estrategias militares navales de las potencias.

Canales de Suez y Panamá: Pilares del Comercio 🌍⚓En los medios de comunicación del llamado “mundo occidental” los canales de Suez y Panamá suelen generar grandes titulares, especialmente cuando se altera su funcionamiento.  Pero hay que tomar en cuenta que para China, Japón, Corea del Sur y buena parte del sudeste asiático, el estrecho de Malaca es vital porque el dinamismo del comercio mundial se ha desplazado hacia Asia.  En la República Popular de China son conscientes de que un bloqueo de Malaca afectaría sus importaciones de petróleo y su comercio exterior. 

China depende de las importaciones de petróleo y gas provenientes del Medio Oriente y la mayoría de los barcos hace el siguiente recorrido: golfo Pérsico → estrecho de Ormuz → océano Índico → estrecho de Malaca → mar de China Meridional → puertos chinos y otros del este de Asia.  Si Malaca fuese bloqueado China se enfrentaría a una grave vulnerabilidad estratégica.  Tampoco es casual la presencia permanente de Estados Unidos en el mar meridional de China con portaaviones y su tejido de alianzas y bases militares en Japón, Corea del Sur, Filipinas, Guam, Singapur o Australia. 

El argumento de Washington es que esas aguas no son territorio chino y desafían a Pekín invocando la «libertad de navegación».  A veces no se presta atención que la rivalidad entre Estados Unidos y China excede el tema de Taiwán, ya que está en juego quién controla o garantiza las rutas marítimas por las que se transporta el comercio mundial.

Mientras miramos encandilados los proyectos espaciales de Elon Musk, el presente y el futuro se sigue dirimiendo en la inmensidad de los mares. 

Ya lo decía Borges:

“Antes que el sueño (o el terror) tejiera
mitologías y cosmogonías,
antes que el tiempo se acuñara en días,
el mar, el siempre mar, ya estaba y era.”

*Sociólogo y periodista argentino