Trump: «Cuba es la siguiente». ¿El mundo permitirá otro abuso?

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 Luis Manuel Arce Isaac

Trump proclama impunemente lastimar a un valeroso pueblo al asegurar a voz en cuello: “Cuba es la siguiente”, y lo dijo de la forma más irónica y salvaje posible. Con la experiencia de lo ocurrido dos veces con Irán, una con Nigeria y otra con Venezuela, no se puede tomar a la ligera su sarcasmo. «Hagan como si no hubiera dicho eso, por favor. Hagan como si no lo hubiera dicho. Por favor, por favor, por favor, medios, por favor, ignoren esa declaración. Muchas gracias. Cuba es la siguiente», reiteró de la manera más sarcástica.

Luego, la amenaza específica: «Construí este gran Ejército. Dije que nunca tendría que usarlo, pero a veces tienes que hacerlo. Y Cuba es la siguiente, por cierto, pero finjan que no dije eso, por favor», reafirmó.

Trump expected to name Sen. Marco Rubio as Secretary of State: report ...El secretario de Estado Marco Rubio lo secundó: «Su economía (de Cuba) necesita cambiar y no puede cambiar a menos que cambie su sistema de gobierno tiene que cambiar. ¿Quién va a invertir miles de millones de dólares en un país comunista gobernado por comunistas incompetentes? Por lo tanto, su sistema de gobierno tiene que cambiar». No dijo que el único responsable de esa pobreza en Cuba, es Estados Unidos.

Rubio también advirtió que cualquier información sobre las negociaciones que no provenga directamente de él o del presidente, debe descartarse: «Cualquier reporte sobre Cuba que no provenga de mí o del presidente, es mentira, porque somos los únicos que estamos trabajando en esto», expresó con autosuficiencia.
Sobra tal advertencia porque el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, ha sido muy transparente en la explicación de que estamos en los prolegómenos de un diálogo que le falta bastante para entrar en materia, el cual

La Habana no rehúsa.

Evidentemente hay un plan global de la Casa Blanca altamente peligroso, en el que el tiempo es un factor fundamental para Trump y su tropa, tanto o más relacionado con la política interior que la exterior. Sabe que su índice de popularidad está en los más bajos niveles desde la época de los George Bush, padre e hijo, y busca revertir esa tendencia.

Hay una oposición más fuerte en el congreso y quiere no lo afecte antes de noviembre, fecha para las elecciones intermedias que potencialmente pueden decidir si sigue o sale de la presidencia. También hay inquietud en su tropa del MAGA que no digiere todavía la guerra en Irán, y un rechazo callado de una mayoritaria parte de la población al poder empresarial, en especial del sector petrolero y el militar industrial que se benefician del conflicto.

Trump busca afanosamente mostrarles fortaleza y no debilidad, y cree que una conquista de Irán y de Cuba —dos naciones en las antípodas e incluso de ideologías diferentes, que tienen en común el llevar décadas haciéndoles frente sin claudicar—, pueden ser usadas en su beneficio, al igual que hace con Venezuela y el secuestro de Maduro.

A ambos les ha extendido la misma receta de rendirse en la mesa de negociaciones, aceptar un cambio de gobierno, y renunciar a los principios básicos que los han mantenido en pie tantos años: independencia, soberanía, respeto a la dignidad nacional y su historia, no injerencia y toda relación que se establezca sobre la base de la igualdad.

También ambos han rechazado las condiciones de entrega de la nación y de sus recursos naturales, mediante una renecolonización que no cabe en los parámetros ni los paradigmas de una revolución que surgió de las raíces más profundas del pueblo, y no aceptan nada por la fuerza. Ninguno se niega a conversar, pero sobre las reglas que uno y otro han contrapuesto a las de sometimiento absoluto presentadas por la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

El ataque a Venezuela

Con esa firme posición, Irán por su lado, y Cuba por el suyo, cada uno desde su independencia y su credo, están defendiendo también la soberanía y la autodeterminación en todos los continentes.

En América, para que se corrija y rectifique el delito cometido impunemente en Venezuela donde la capital y otras ciudades fueron bombardeadas para un secuestro atroz del presidente constitucional de ese país y declarar su petróleo y otros recursos naturales, propiedad de Estados Unidos.

En Europa, para que el viejo continente defienda sus valores ancestrales y deje de ser humillado, junto a sus líderes, por un supremacista ambicioso y enloquecido por el poder que puede hacer estallar el planeta. En Asia, para que no vuelvan a ocurrir tragedias como las de Japón, único país que conoce en carne propia las terribles consecuencias del arma nuclear, y no se repitan guerras de conquista como las de Vietnam y Corea.

En África, para que no se repitan odiosos esquemas de dominación racial como el Apartheid, y que sus pueblos no sean tratados como seres humanos de tercera o cuarta y se les siga robando sus recursos naturales mientras sus pueblos mueren de hambre y enfermedades curables.

En Asia occidental, para que no surja una filial del imperialismo estadounidense regentada por el sionismo israelí, y se siga masacrando al pueblo palestino y en nombre de una falsa religiosidad, no se continúe enfrentando a hebreos e islámicos, o cualquier creyente monoteísta que, en lugar de la paz y la convivencia humana que merece el ser supremo que veneran, se ultimen en guerras fratricidas que ocultan los bienes terrenales muy ajenos a lo celestial, el esperado premio de los genocidas de Washington y Tel Aviv.

 Genocidio en Gaza

Trump ha formulado una amenaza muy grave al sufrido pueblo cubano con la intención de atemorizarlo y soliviantarlo contra un gobierno que representa sus intereses y que los han defendido sin descenso durante 67 años de agresiones de todo tipo.

Es justo que la comunidad internacional, incluso la Organización de Naciones Unidas que Trump ha convertido en una institución desechable, detenga la mano criminal de un hombre que no representa ni el espíritu, ni la voluntad, ni el amor, del pueblo estadounidense.

*Periodista de Prensa Latina