Netanyahu presiona a Trump para lanzar un ataque masivo contra Irán
En medio de la confusión política en Israel
Juan Antonio Sanz-Público
Donald Trump evalúa un gran ataque a Irán, pase lo que pase con las elecciones legislativas de este martes y arrastrado por Netanyahu, que quiere aprovechar el caos político israelí tras los comicios.
La alarma está en el aire. La están recogiendo medios de información de Estados Unidos y el propio Benjamín Netanyahu lo ha dado a entender en diversas ocasiones. El primer ministro israelí está presionando al presidente de EEUU, Donald Trump, para que, una vez se celebren este martes las elecciones de medio término –midterms– en Estados Unidos, Washington y Tel Aviv reanuden a gran escala la guerra contra Irán, que en estos momentos está en un impasse, reducida a ataques puntuales con drones y minas a barcos que circulan a duras penas por el estrecho de Ormuz.

Los comicios celebrados en Israel el 27 de octubre, sin un ganador claro y con Netanyahu en un callejón sin salida para renovar su mandato, también influyen en la ecuación iraní. El jefe de Gobierno judío lo ha repetido: quiere «terminar el trabajo» iniciado en Irán el 28 de febrero por EEUU e Israel y destruir al régimen islámico. Y de paso desviar la atención de la población israelí hacia esa guerra para impulsar sus espurios intereses políticos. Trump había decidido aparcar la reanudación de los bombardeos a gran escala contra Irán con motivo de estas elecciones, con altas probabilidades de que los demócratas se impongan a los republicanos de Trump.
Trump vuelve a amenazar a Irán en plena campaña
Pero el presidente estadounidense ya ha dejado caer que, aunque mantiene la diplomacia en la sombra para reabrir Ormuz y poner punto final al conflicto, está preparado para reactivar la guerra en cualquier momento. Las últimas noticias procedentes de su entorno, reflejadas por medios como el rotativo británico Financial Times o el canal estadounidense Axios, apuntan en ese sentido.
Tras llamar a Netanyahu la víspera, Trump volvió a amenazar este domingo con la reanudación de los bombardeos durante un mitin en Iowa. «La única razón por la que aún no he terminado con Irán es que quiero ser amable… Pero, en algún momento, vamos a tener que darles un mazazo», remarcó el líder republicano. Agregó, con poco tacto para sus electores menos pudientes, que el alza de los costes de combustible para los ciudadanos estadounidenses debido a la guerra de Irán «es un precio muy pequeño a pagar» si a cambió se podía garantizar la seguridad global. En ese mitin, Trump prometió que esta crisis «terminará muy pronto». «Ya lo verán», añadió.

«Una llamada franca» de Trump a Netanyahu
El portal Axios confirmó también en vísperas de las elecciones de mitad de mandato, citando a fuentes israelíes y de EEUU, que Trump habló el sábado con Netanyahu. «Una llamada franca», precisó el analista de Axios, que abordó «el estado de las negociaciones de EEUU con Irán y cuán deprisa se puede volver al combate. Axios tiene línea directa con la Casa Blanca y la Embajada de Israel en EEUU, de ahí que sus observaciones sean interesantes, incluso si están mediatizadas.
Según esa información, Netanyahu «está presionando a Trump para golpear a Irán inmediatamente después de las elecciones de medio término» de este martes. En todo caso, Trump de momento no rechaza las negociaciones, «una estrategia que preocupa a Netanyahu», agregó Axios, que calificó la conversación como «directa» y «difícil».

Lo cierto es que los contactos entre Teherán y Washington continúan, en la sombra y a través de intermediarios. Este lunes, el Gobierno iraní afirmó que, si la Casa Blanca acepta sus condiciones, podría abrirse el estrecho de Ormuz, cuyo cierre impide el libre trasiego del petróleo y gas del golfo Pérsico, poniendo en un brete a las economías mundiales.
Según el portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán, Ismail Bagaei, el tráfico marítimo por Ormuz podría estar restablecido en dos días si EEUU aceptara tales condiciones que incluyen la reanudación de las conversaciones para alcanzar un armisticio definitivo. También pide Irán el fin del bloqueo estadounidense a los puertos y buques iraníes, así como el descongelamiento de los activos financieros iraníes en terceros países, el reconocimiento del control del estrecho de Ormuz por el régimen islámico y Omán, y el levantamiento de las sanciones internacionales que pesan sobre la exportación de petróleo iraní.
«La pelota está en el campo de Estados Unidos», señaló Bagaei, sin admitir que la mayor parte de las condiciones de Irán jamás serán aceptadas por Washington.
Recelos iraníes a una nueva trampa de Netanyahu.
En otro episodio de esta maraña diplomática, la semana pasada, el vicepresidente de EEUU, J. D. Vance, envió una carta al secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, para reanudar las negociaciones. Sin embargo, las sospechas saltaron en Teherán, donde se recuerda que el primer día de la guerra, EEUU e Israel asesinaron a bombazos al entonces líder supremo iraní, Alí Jameneí, y a muchos funcionarios y familiares suyos, cuando se encontraba reunido precisamente para decidir las condiciones del diálogo recién propuesto por la Casa Blanca. Un asesinato urdido por Netanyahu y sus pretorianos.
En Teherán se teme una nueva celada contra el actual líder iraní, Mojtaba Jameneí, herido en aquel ataque a traición. En cualquier caso, los contactos siguen, con Catar recuperando su papel de intermediario.
Contactos, eso sí, muy marcados por las dudas. No es para menos si el principal saboteador de mediaciones y negociaciones en Oriente Medio, Benjamín Netanyahu, es parte muy destacada en esta crisis. El diario Financial Times informó hace unos días que el líder judío quiere retomar esos ataques a gran escala contra Irán, contando, claro está, con la participación indispensable de EEUU.
Tal bombardeo masivo, cuyos objetivos abarcan desde las infraestructuras iraníes a las figuras más prominentes del régimen, debería haberse producido a mediados de octubre, como aperitivo para los israelíes que votaban el día 27, en unos comicios en los que Netanyahu, de momento, no ha conseguido renovar sus aspiraciones a seguir gobernando. Pero de haberse producido ese ataque, lo que para Netanyahu habría sido un «pro» de cara a los comicios en Israel, donde la mayor parte de la población apoya la guerra contra Irán, para Trump habría sido un «contra», dada la situación energética mundial, que se habría agravado por la escalada en la contienda, y en medio de unas perspectivas electorales nada halagüeñas para el líder republicano.

Según los planes de Netanyahu, los ataques a Irán habrían sido mucho más intensos que los lanzados en las primeras semanas de marzo, al comenzar la guerra. Esa estrategia le habría sido comunicada al secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, hace una semana en la visita sorpresa que hizo a Israel para encontrarse con Netanyahu. Sin embargo, la ofensiva se suspendió y el líder ultraderechista israelí se quedó sin una carta clave para sumar apoyo en las elecciones y obtener escaños suficientes para formar gobierno de nuevo. Respaldo popular que tampoco consiguió el bloque opositor, que ahora depende de las dos formaciones políticas de árabes israelíes que muchos de los diputados opositores detestan.
Nuevos objetivos militares y civiles en Irán
La nueva ofensiva contra Irán, a expensas de lo que ocurra en las midterms, tendría nuevos objetivos militares y civiles que no fueron dañados en estos ya ocho meses de guerra. Una guerra que Trump pretendía resolver en «cuatro o cinco semanas».
El hecho de que las fuerzas militares israelíes estén en «alerta elevada» desde hace semanas no augura nada nuevo. Las propias declaraciones de Trump señalan que esta vez el bombardeo podría ser mortalmente intenso y con bombas de penetración para instalaciones subterráneas dirigidas contra los centros de investigación nuclear iraníes, por ejemplo, Fordow y Natanz, ya golpeados el año pasado en la guerra relámpago de junio. Teherán defiende el carácter pacífico de sus investigaciones atómicas, pero EEUU e Israel consideran que ese programa tiene como objetivo la fabricación de bombas nucleares. Ni en los ataques de 2025 ni en esta nueva conflagración, EEUU e Israel han sido capaces de desmantelar el programa nuclear iraní.
El tema atómico, en cualquier caso, permanece como el pretexto que tanto estadounidenses como israelíes podrán siempre utilizar para atacar Irán o desestabilizar la dictadura chií. Este sábado, Trump señaló a la prensa que EEUU «tiene que ocuparse» de uno dos lugares en Irán, relacionados con el programa nuclear persa y la producción de petróleo. El presidente estadounidense le quitó importancia al asunto y afirmó que podrían terminar con esa amenaza «en diez minutos» y que ese ataque ya estaba «planeado». «No necesitamos preocuparnos de esto. Lo podemos hacer rápidamente», agregó en referencia concreta a uno de esos centros nucleares iraníes subterráneos.

Otro de los objetivos marcados sería la isla de Jarg, la piedra angular de la exportación iraní de petróleo, y cuya destrucción o captura pondría a Teherán en un punto de no retorno en esta contienda.
Y suceda lo que suceda con las midterms, Trump sigue siendo el presidente de EEUU y tiene dos años más de mandato por delante, tiempo más que suficiente para que, airado por una eventual derrota electoral, reforzado por una magra victoria o empujado por Netanyahu, pueda devastar Irán. Trump reitera que la guerra no se va a alargar mucho más tiempo. A principios de octubre ya auguró que el conflicto «terminará muy pronto y probablemente justo después de las elecciones de medio mandato», coincidiendo curiosamente con los planes de Netanyahu. Esta semana quizá conozcamos el alcance de esas palabras y de la persistente influencia israelí en la Casa Blanca.