EEUU: Antídotos contra el veneno diario
David Brooks

Este fin de semana, el extraordinario documental Tocar y luchar, sobre el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela (El Sistema), que ahora toca a más de 1,2 millones de niños y jóvenes y está presente en más de 90 países, fue presentado en Lincoln Center, casa de la Filarmónica de Nueva York y nuevo hogar del egresado más famoso de El Sistema, Gustavo Dudamel.
Como parte de su bienvenida, se ofreció el estreno mundial de una nueva versión del documental por su 20 aniversario, con la presencia de Dudamel y del director de cine Alberto Arvelo (también egresado de El Sistema), regalando un antídoto.
“¿Qué es una orquesta?… Es la única comunidad que se constituye con el objetivo esencial de concertarse entre sí. Por tanto, el que hace práctica orquestal empieza a vivir la práctica de la concertación… la práctica del equipo, la práctica de un grupo que se reconoce a sí mismo como interdependiente, donde cada uno es responsable por los demás y los demás son responsables por uno. ¿Concertarse para qué? Para crear belleza”, dice el fundador de El Sistema, José Antonio Abreu, en la película.
Más adelante, sostiene: “tenemos que dejarnos invadir por ese arte que nos une a través de la música, de la plástica, la literatura, el cine y comenzar a reconocernos a nosotros mismos, en nuestra esencia, nuestra identidad… eso lo revela el arte como portador de la belleza, que es ser y que es el bien y la verdad”. Dudamel, al recordar todo este magno experimento en el estreno, comentó que es de ahí que “profundamente entendí que el arte es la mayor resistencia contra la injusticia social”.

También este fin de semana, en Maryland, un elenco extraordinario de músicos de rock, rap, metal y folk fueron convocados por Tom Morello para ofrecer un concierto de más de 10 horas llamado El poder al pueblo, ante miles de personas, que fue trasmitido al mundo gratis con el propósito de confrontar el veneno con un solo mensaje unido: “esta tierra no pertenece a los millonarios ni a los oligarcas, ni a los racistas o los promotores de guerra, ni a los fascistas ni los que desean ser dictadores. Hermanos y hermanas, esta tierra le pertenece a ti y a mí”, declaró Morello.
Esa última frase es de la canción famosa del cantautor rebelde Woody Guthrie, con la cual culminó el concierto con la participación de todos los invitados. “Cada acto de arte es un acto de resistencia, cada verdad declarada es un rayo de luz en la creciente oscuridad y cada canción es una trompeta de esperanza a los héroes con esperanza y corazón en este público, esta noche, quienes desharán esta locura”, concluyó el organizador (https://twitter.com/i/status/2106620316130697359).
Unas semanas atrás, el Public Theater de Nueva York puso en escena en su foro al aire libre en Central Park la obra musical Public Record, creada con las experiencias de la vida cotidiana de unos 100 neoyorquinos contadas, cantadas y bailadas por ellos mismos, apoyados por unos cuantos músicos y coreógrafos profesionales. Los nacidos aquí, los inmigrantes de todas las esquinas del mundo, incluyendo una mexicana, compartieron sus desgracias, triunfos, amores, alegrías y tragedias para ofrecer un mosaico humano que se realizó bajo el lema “Todos somos artistas”.
“El arte tiene un papel vital en reparar el tejido social estadunidense”, comentó Lear deBessonet, directora de la iniciativa de Public Works, bajo la cual fue creada la obra, señalando que eso lleva a contemplar que es una sociedad realmente democrática “donde toda persona importa”. Recordar armonías y ritmos colectivos es un antídoto contra el veneno de esta coyuntura.
* Corresponsal de La Jornada de México en Estados Unidos