El lugar de Alemania en Europa
Fernando Ayala
Después de la Federación de Rusia, Alemania es el país más poblado de Europa con alrededor de 83 millones de habitantes. Es la primera potencia económica del continente y la tercera a nivel mundial por el tamaño de su economía, después de Estados Unidos y China. Su PIB nominal para el año 2025, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, llegó a más de cinco billones de dólares (12 ceros) que le da un ingreso per cápita de 61 mil dólares por habitante.
Se destaca por su alto grado de inversión en investigación y desarrollo que alcanza a 3.1% del PIB, que traducido en dólares son cerca de 150 mil millones. La desigualdad de ingresos, medida con el índice de Gini, alcanza a 0.3 ubicándose entre los países de la Unión Europea con menor desigualdad, mientras que su gasto en defensa alcanzó en 2025 al 2.3% del PIB, es decir casi 110 mil millones de dólares, muy lejos aún del 5% exigido por el presidente de Estados Unidos.
La historia de la Alemania moderna se inicia con la creación del imperio alemán oficializado en el palacio de Versalles, luego de la humillante ocupación de París al término de la guerra franco-prusiana, entre1870 y1871. Se unificaron sus principales reinos gracias a la visión geopolítica, realista y uso del poder prusiano de su primer canciller, Otto von Bismarck. Este entendió que la consolidación del imperio y su papel en Europa dependía de la fuerza militar.
Con el término de la Gran Guerra en 1918 y la derrota alemana, luego del ingreso de Estados Unidos, se produjo la abdicación del Kaiser, Guillermo II y se estableció el primer gobierno parlamentario para dar paso en 1918, a la creación de la República de Weimar, que como consecuencia de la crisis provocada por el tratado de Versalles -impuesto principalmente por los franceses- facilitó la irrupción del nazismo provocando el término de la democracia y la imposición de la dictadura de Adolf Hitler, en 1933.
Alemania ha sido responsable del inicio de dos guerras mundiales en el siglo XX, perdiendo ambas, dejando una estela inmensa de destrucción. En la Segunda Guerra Mundial murieron cerca de 7 millones de alemanes, alrededor de medio millón de ingleses y
estadounidenses y 25 millones de soviéticos aproximadamente. A la devastación humana y material de las ciudades alemanas se agregó el sufrimiento de ser un país ocupado y dividido en dos estados. La rápida recuperación de Alemania occidental fue posible por la voluntad política de Estados Unidos y sus dólares que llegaron con el Plan Marshall.
A ellos se sumó el liderazgo de un político como Konrad Adenauer que supo combinar dignidad y paciencia junto al trabajo y esfuerzo de su población para levantar un país devastado material, psicológica y moralmente. La Guerra Fría, iniciada inmediatamente después y la creación de la OTAN en 1949, no incluyó a Alemania, vetada de contar con fuerzas armadas. El apoyo de Estados Unidos fue fundamental también para que los alemanes pudieran crear nuevamente un ejército e integrarse a la OTAN, en 1955.
Francia y otros países occidentales fueron reticente a que volvieran a rearmarse debido a las tres veces que habían invadido su territorio, ocupando París en dos oportunidades. La respuesta al ingreso alemán a la OTAN fue la creación del Pacto de Varsovia ese mismo año. En 1958, y pese a la desconfianza de franceses, holandeses y belgas, Alemania fue uno de los seis países fundadores de la Comunidad Económica Europea que antecedió a la actual Unión Europea (UE) y se consolidó como un aliado confiable para sus socios europeos y estadounidenses.
La existencia del muro de Berlín que lo separaba de la República Democrática Alemana fue una herida que acompañó a los alemanes durante 41 años, hasta la unificación en 1990. La desaparición de la Unión Soviética al año siguiente cambió el orden internacional generando un mundo unipolar que iba a ser de corta duración.
Alemania, ya unificada y consolidada como potencia económica, ha buscado incesantemente ser reconocida como tal y reclamado su
derecho a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, tal como lo piden también otras potencias intermedias. Su contribución financiera actual al presupuesto de Naciones Unidas alcanza al 5.7%, detrás de Estados Unidos con el 22, China con el 20 y Japón con el 6.9%. En seis oportunidades Alemania ha sido elegida por la Asamblea General como miembro no permanente en la cuota europea del Consejo de Seguridad.
Por ello ha sido un duro golpe al actual gobierno alemán, a su política exterior y a su diplomacia, haber perdido por primera vez la votación este año y quedar fuera, siendo elegidos Portugal y Austria. Pocos dudan sobre el motivo de esta derrota atribuyéndola al apoyo incondicional que el gobierno de Berlín entrega a Israel, así como la ambigüedad de su postura en condenar lo que muchos ya consideran un genocidio por los más de 70 mil víctimas en Gaza.
Los últimos dos cancilleres federales alemanes, Olaf Scholz que gobernó entre 2021 y 2025 y el actual Friedrich Merz, han dado un giro significativo a lo que había sido la política exterior en relación con Rusia. La excanciller Angela Merkel, quien encabezó el gobierno durante 16 años, modernizó la llamada Ostpolitik iniciada por Willy Brandt en los años 60, profundizando los acuerdos económicos y generando una mayor interdependencia con Rusia, especialmente en el plano energético. Sin embargo, la ocupación de Crimea y luego la guerra desatada por Moscú, cambió el escenario. Estados Unidos y la UE impusieron severas sanciones económicas a Rusia poniéndose la OTAN detrás de Ucrania con ayuda financiera y equipamiento militar.
La segunda administración del presidente Donald Trump cambió drásticamente el escenario de colaboración y entendimiento político con la UE. Junto con dar un apoyo implícito al gobierno ruso, implementó una política arancelaria de castigo a la mayoría de los países, además de cuestionar el no cumplimiento del 2% de aporte a la OTAN. Lo que en sus inicios parecían bravatas del gobierno estadounidense, se fueron consolidando a tal extremo que la ayuda militar a Kiev autorizada por Washington hoy debe ser pagada por los socios de la Alianza Atlántica. La brecha se ha profundizado al negar España, Italia y Francia el uso de bases militares en Europa para los ataques aéreos a Irán.
En respuesta el presidente Trump anunció la disminución del personal militar desplegado en Alemania. No sabemos qué tan profunda es la grieta entre Estados Unidos y Europa. En este confuso escenario internacional, el gobierno de Berlín ha anunciado urbi et orbi, que cambiará su política pacifista mantenida desde la post guerra. El ministro de defensa Boris Pistorius indicó en abril pasado que Alemania modernizará sus fuerzas armadas y que espera contar con el ejército convencional más fuerte de Europa.
Por su parte, el general alemán Christian Freuding declaró recientemente en Berlín que: “Alemania se prepara para una posible guerra con Rusia en 2029”, indicando que la fecha surgía de un análisis de inteligencia de la OTAN. Por otro lado, Francia y Alemania cancelaron el proyecto de 100 mil millones de euros de construcción conjunta de un avión de combate de quinta generación, algo que iba a ser una señal de continuidad de colaboración en el plano de defensa buscando disminuir la dependencia militar de Estados Unidos.
En definitiva, Alemania ha dado un giro histórico en su política de defensa que puede tener repercusiones en Europa. Esta decisión va de la mano con la capacidad industrial y económica para llevarla adelante en un país donde la alianza gobernante entre demócratas cristianos y socialistas está cada vez más debilitada. De acuerdo con las recientes encuestas, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) lidera casi con el 30% de intención de voto. Nunca en Alemania un solo partido ha podido formar gobierno, siempre se ha requerido formar alianzas. La actual coalición no ha dado respuestas a demandas ciudadanas perdiendo rápidamente parte importante de apoyo. Coincidentemente, las próximas elecciones serán en 2029.
Así como la memoria histórica no se borra en los países que sufrieron los largos años de ocupación soviética, tampoco se han olvidado las consecuencias del rearme alemán del siglo pasado en países como Inglaterra, la terrible ocupación de Polonia, los abusos cometidos en Francia y en todos los de Europa occidental víctimas del expansionismo alemán.
* Embajador, economista de la Universidad de Zagreb, Croacia, y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ex Subdirector de asuntos estratégicos de la Universidad de Chile y ex Subsecretario de Defensa.