La inmoralidad libertaria: la corrupción del jefe de gabinete
Aram Aharonian
En Argentina se está constituyendo una especie de política de Estado: concentrar todo el repudio en el corrupto jefe de gabinete Manuel Adorni para preservar el proyecto económico libertario y evitar los dardos contra el presidente Javier Milei, protagonista de la criptoestafa $Libra, mientras sigue en el imaginario colectivo el escándalo de las coimas de altos funcionarios, incluida la hermana del mandatario, en desmedro de los discapacitados.
La situación desgasta al gobierno pero no es capitalizada por la oposición: el oficialismo se está “desangrando” por mantener al Adorni, pero la falta de organización y liderazgos en la oposición, en especial del peronismo, limitan cualquier beneficio colateral.

Sin duda es inmoral que el funcionario desprestigiado cargue con la culpa del saqueo, mientras se legitima la inmoralidad social del plan económico libertario. Las explicaciones de Adorni no convencieron a nadie: ni a los propios y mucho menos a los adversario que cerraron filas con quien Milei considera intocable.
Lo que la derecha parece estar decidida es a condenar la mentira del vocero presidencial (y olvidar la corrupción), pero no la verdad brutal de un programa de transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los grandes grupos económicos, los acreedores internacionales, los bancos, las privatizadas, las patronales exportadoras y el capital financiero.
La única pregunta que se hacen dentro y fuera del Gobierno es porqué Adorni sigue siendo jefe de Gabinete en la administración de los hermanos Javier y Karina Milei, los únicos que lo sostienen en el cargo. Sin dudas fue lastimosa la manera que el funcionario encontró la última semana para intentar justificar su crecimiento patrimonial y de nivel de vida, tanto en la nueva declaración jurada que presentó como en la entrevista que concedió, reactualizaron el estupor y la indignación de propios y extraños.
Durante la campaña electoral de 2023 y en su discurso de asunción del 10 de diciembre de ese año, el aún presidente argentino Javier Milei reafirmó con insistencia el fin de la corrupción y de la “casta” (referencia a los políticos). Eso generó una expectativa en buena parte de la ciudadanía, cansada de las conductas de funcionarios que llegan al poder con el propósito de acceder a privilegios y enriquecerse.

Lo peor que hizo Adorni no fue la corrupción, sino la explicación de lo inexplicable.
Dijo que junto a su esposa, Bettina Angeletti, tenían ahorros que durante años no habían declarado: medio millón de dólares, una inversión en Bitcoin que habría rendido una pequeña fortuna, propiedades, un patrimonio reconstruido a las apuradas y una frase destinada al museo de la hipocresía libertariana: «No lo declaramos porque la manera de escaparse de la vieja política era tener un ahorro en negro».
Sociológicamente, lo más interesante no es solamente el caso Adorni, sino es quiénes empezaron a hablar, cuándo hablaron y por qué hablaron. La señal más significativa la dio el neoliberal PRO del expresidente Mauricio Macri, que acompañó en numerosas ocasiones al libertario en el parlamento. El PRO fue y es socio político, parlamentario e ideológico del ajuste y de las reformas regresivas del gobierno. Ahora teme que el desgaste de Milei arrastre al conjunto del proyecto de derecha. «Lo de Adorni es una falta grave» señaló en un comunicado y advirtió que un funcionario no puede negar haber ocultado información para luego admitirlo. Sin duda, una fisura que se abre por adentro de la derecha.
Esa es la moral de la derecha argentina: se autopercibe perseguida cuando evade, heroica cuando fuga, virtuosa cuando oculta y republicana cuando le exige sacrificios a los demás. Las críticas no vinieron sólo desde la oposición, sino también desde el interior del propio universo de la ultraderecha: la vicepresidenta Victoria Villarruel, marcando distancia, fue lapidaria: «Me parece una vergüenza su accionar y sus explicaciones».
Hay sectores del bloque de clases dominantes que ya no discuten si el ajuste es necesario: lo dan por hecho, lo defienden, lo consideran propio, pero lo que empiezan a discutir es quién puede administrarlo mejor, con menos insultos y/o menos papelones. Hay sectores mediáticos y empresarios que empiezan a soltarle la mano a Milei para salvar el programa de Milei.
Los analistas destacan el eje de los empresarios Paolo Rocca-Techint y el multimedia Clarín; sectores de la Unión Industrial Argentina, y parte del establishment industrial y mediático. Está en juego una reorganización del bloque de poder ante la posibilidad de que el experimento libertariano comience a quemar demasiado rápido a sus beneficiarios. Una discusión sobre el comando del ajuste.
En el primer plano, está el escándalo: un funcionario que sermoneaba a jubilados, estatales, docentes, trabajadores despedidos, científicos, médicos residentes, personas con discapacidad y estudiantes sobre la necesidad de ajustarse el cinturón no puede después explicar que tenía dólares no declarados porque así se «escapaba» de la vieja política.
Posiblemente, en un segundo plano está la operación para que Adorni funcione como fusible, que todo el debate público quede capturado por su patrimonio y el de su esposa, por las criptomonedas, mientras el programa económico queda a salvo. Pareciera una orden inteligente del poder: concentrar todo el repudio en Adorni para preservar el bosque del proyecto económico.

Explicar que se trata de una inmoralidad individual, escondiendo la inmoralidad de un programa de transferencia de ingresos desde los trabajadores hacia los grandes grupos económicos, los acreedores, los bancos, las privatizadas, las patronales exportadoras y el capital financiero.
No se puede permitir que Adorni se transforme en el único nombre del problema. La pregunta no es solamente si Adorni debe irse. La pregunta es qué régimen político, qué bloque social y qué programa económico producen los Adornis. El poder siempre intenta personalizar sus crisis.
Cuando algo se pudre, busca un nombre propio, un fusible: cortar una rama para salvar el árbol. O mejor dicho: sacrificar un árbol para salvar el bosque. Adorni es el árbol. El bosque es el programa. Y el peligro es que, cuando el árbol caiga, quieran convencer al pueblo de que el bosque quedó totalmente limpio.
“El jefe de Gabinete y su caterva de alcahuetes convirtieron la presunción de inocencia, que es un derecho, en una proclamación de inocencia, que es un acto de propaganda. La mentira posmoral ya no busca engañar; pretende exhibir impunidad. El vocero que miente sabiendo que sabemos que miente no comunica un dato falso. Propaga un mensaje de poder, señala Miguel Wiñazki en Clarín. “La verdad es opcional, y la vergüenza también. La clave recóndita es la mentira expuesta. La intención del altanero es malvada. Que se note la falsedad, porque la perversión vive en ese mecanismo”, añade.

El bosque tiene nombres, empresas, bancos, medios, embajadas, estudios jurídicos, consultoras, fondos de inversión, gobernadores, bloques parlamentarios y sindicalistas que dejan pasar: beneficiarios concretos. Por eso hay que invertir la fórmula. No se trata de que Adorni tape el bosque. Se trata de usar el caso Adorni para mostrar el bosque entero.
El problema es que todo el Gobierno está construido sobre una mentira: que el sacrificio actual traerá prosperidad futura; que los trabajadores tienen que perder para que el país gane; que los ricos necesitan libertad y los pobres disciplina; que los evasores son víctimas y los jubilados un gasto; que la democracia consiste en votar cada tanto y aguantar todo lo demás en silencio.
El caso Adorni puede significar una crisis del relato libertario, y sólo será algo más que eso si sirve para abrir una discusión de fondo sobre la deshonestidad estructural de un régimen social donde los de arriba siempre encuentran una salida y los millones de argentinos de abajo siempre reciben la factura.
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
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