La salida anticipada de Christine Lagarde del Banco Central Europeo
Isabella Arria
Su marcha activa una remodelación más amplia de la cúpula del BCE, que se quedaría sin ninguna mujer entre sus miembros
La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, confirmó este jueves lo que era un secreto a voces: su marcha anticipada de la institución el próximo mes de febrero, en vez de octubre de 2027, como estaba previsto. Lo que ha precipitado la decisión ha sido la complicada situación política que atraviesa su país, Francia, en vísperas de unas elecciones presidenciales la próxima primavera que pueden llevar por primera vez a la extrema derecha al Elíseo.
Alemania ya está dejando entrever sus ambiciones respecto al próximo reparto de puestos clave dentro del BCE. Aunque expresó su «gran respeto por su labor al frente del BCE», el ministro de Hacienda alemán, Lars Klingbeil, subrayó en un comunicado que Alemania «hará uso de su peso como país más grande de la zona del euro para contribuir a garantizar una dirección del BCE con amplio respaldo y rendición de cuentas». El sucesor o sucesora de Lagarde será nombrado por el Consejo Europeo de conformidad con el procedimiento establecido en los Tratados de la Unión Europea.
Lagarde asegura “no poder permanecer neutral” en esta campaña, como le exigiría su cargo, aunque ha dado a entender que ella no es candidata. La salida de Lagarde activa una remodelación de la cúpula del BCE. Y permite que las capitales pacten los nombramientos de la principal institución financiera de la eurozona al inicio de un ciclo electoral que marcará el rumbo del continente.
«Dejo esta institución con la sensación de haber cumplido con mi deber y con un BCE preparado para el futuro», declaró Lagarde en un mensaje de vídeo publicado en X, poco antes de que la institución con sede en Fráncfort difundiera un comunicado de prensa. Al abandonar su cargo de forma anticipada, Christine Lagarde brinda al presidente francés, Emmanuel Macron, la oportunidad de participar en el nombramiento de su sucesora antes de las elecciones francesas de primavera, mientras que las encuestas sitúan actualmente a Marine Le Pen entre las favoritas para los comicios.
La salida anticipada de la «primera dama» del euro abre, en la práctica, una batalla por la sucesión con un alto contenido político entre las principales capitales de la zona del euro, en la que ya se perfilan dos favoritos: Klaas Knot, exgobernador del Banco Central de los Países Bajos, y Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actualmente al frente del Banco de Pagos Internacionales (BPI). La mayoría de los economistas consideran que este último es el favorito, pero, según un diplomático europeo que respalda la candidatura de Klaas Knot, el neerlandés sería, en realidad, el aspirante con más posibilidades.
El diplomático alude a un contexto marcado por las tensiones en los mercados de deuda y el aumento de los tipos de interés, en un escenario de inflación aún elevada, avivada por la guerra con Irán.
Si bien Lagarde no ha confirmado cuál será su destino tras dejar en febrero la presidencia del BCE, los rumores apuntan a que podría ser designada como próxima presidenta del Foro Económico Mundial, de cuyo patronato forma parte la propia Lagarde junto con otras 26 personalidades destacadas a nivel internacional de la política, los negocios y la academia. «Tenemos la obligación de ser neutrales. Ese es el precio que pagamos por ser independientes», afirmó la ‘guardiana del euro’, para quien, en estos momentos, en relación con muchos asuntos del mundo, no solo de Europa, su voz y acciones «pueden ser útiles».
Para los analistas, tras dos presidentes franceses —Jean-Claude Trichet (2003-2011) y Christine Lagarde— y un italiano —Mario Draghi (2011-2019)— al frente del BCE, ha llegado el momento de que el cargo lo ocupe un candidato del norte de Europa. El nombramiento del próximo presidente del BCE se inscribe, además, en una renovación más amplia de la cúpula de la institución con sede en Fráncfort. Además de la presidencia, deben cubrirse los puestos de economista jefe (que actualmente ocupa el irlandés Philip Lane hasta mayo de 2027) y el de miembro del Comité Ejecutivo, en sustitución de la alemana Isabel Schnabel, que está previsto se incorpore al FMI a principios de 2027.
«Me interesa la verdad y veo que la verdad se ve muy a menudo dañada y contradicha por tergiversaciones», ha defendido, añadiendo que «hay cosas que puedo decir, aunque que la gente me escuche o no es otra cuestión, pero siento que debo decirlas y no puedo hacerlo en mi puesto actual», ha reiterado. En cualquier caso, Lagarde ha recordado que aún estará al frente del BCE durante dos reuniones más de política monetaria, la que tendrá lugar el próximo 17 de diciembre y luego el 4 de febrero de 2027, por lo que ha garantizado que «hasta el 7 de febrero, estaré al mando, concentrada y trabajando sin reservas ni excusas».
Lagarde aseguró hace unos meses que no iba a “abandonar el barco cuando hay grandes nubes en el horizonte”. Pero lo abandona aunque las nubes amenazan tormenta: el BCE batalla para intentar hacer frente a las presiones inflacionistas derivadas de la guerra en Irán y por evitar que las subidas de tipos dañen el modesto crecimiento de la zona euro. Las tensiones en el mercado de deuda de las últimas semanas han entrado en zona de riesgo, en especial en Francia, y avivan el temor a una intervención de la entidad que entrañaría todo tipo de complicaciones, políticas y económicas. No es una herencia cómoda.
El mandato de Lagarde ha estado marcado por una sucesión de crisis: de la pandemia de la covid, a la vuelta de la guerra a suelo europeo, de dos choques energéticos a la guerra comercial con Estados Unidos. Y a ellas la presidenta ha respondido con distintos grados de acierto. El banco se embarcó en un enorme programa de compra de deuda para apoyar la economía tras el confinamiento, pero tardó en reaccionar ante los precios disparados del gas natural tras la invasión rusa de Ucrania, que llevaron la inflación por encima del 10%.
La ventaja de la retirada prematura de Lagarde es que permitirá el acuerdo sobre su sucesión antes de las presidenciales francesas y evitará
que, en caso de victoria de Marine Le Pen, esta pueda influir en la designación del sucesor. Los exgobernadores del Banco de Holanda, Klaas Knot, y del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, son los mejor situados, pero su elección forma parte de una negociación más amplia que los líderes deben concretar en una cumbre en diciembre.
En ella se incluyen los puestos de Isabel Schnabel como miembro del consejo ejecutivo y del economista jefe Philip Lane. Con la salida de Lagarde y de Schnabel el BCE se quedará sin ninguna mujer en puestos de dirección, ni entre los 21 gobernadores de los bancos centrales del euro ni entre los seis miembros que componen el comité ejecutivo. Es una anomalía inaceptable para cualquier institución europea.
*Periodista chilena residenciada en Europa, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)