Nobel para Navi Pillay, la voz sudafricana por la paz

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Isabella Arria
El Premio Nobel de la Paz de este año fue otorgado a Navanethem Navi Pillay, jurista sudafricana de 85 años con toda una vida en defensa de los derechos humanos y la legalidad internacional. Formó parte del Tribunal Penal Internacional paranda y de la Corte Penal Internacional (CPI), y presidió la Comisión de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado e Israel, creada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2021.
Tras el escarnio de la imposicioón del  Nobel de la Paz de 2025 a la derechista venezolana María Corina Machado (que luego se lo entregó a su mentor, el presidente estadounidense Donald Trump), el premio parece recuperar su credibilidad.
Hace un año, ese organismo concluyó que el Estado israelí es responsable de genocidio en Gaza con la intención específica de destruir a los palestinos en el enclave. Ganó el Premio Nobel de la Paz 2026 “por sus esfuerzos en pro de la paz y el derecho internacional”. La jurista sudafricana de origen indio dedicó el galardón “a todos los supervivientes de crímenes internacionales”.
La comisión también determinó que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el ex ministro de Defensa Yoav Gallant “han incitado a la comisión de genocidio”. Israel, que se ha negado a cooperar con el organismo desde que se estableció en 2021, ha rechazado enérgicamente las acusaciones. “Lo que pasa allí (en Gaza) es genocidio”, afirmó entre aplausos.

En los tribunales sudafricanos, Pillay defendió a activistas contra el apartheid, como Nelson Mandela, y consiguió derechos fundamentales para los presos políticos en las décadas de 1960 y 1970. Nombrada por la ONU, presidió el Tribunal Penal Internacional que investigó el genocidio en Ruanda (1999-2003). Fue jueza de la CPI (2003-2008) y alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos (2008-2014). Actualmente ejerce como magistrada de la Corte Internacional de Justicia en un caso por presunto genocidio de Myanmar.

El premio, que será entregado a Pillay en Oslo el 10 de diciembre, incluye un diploma y 1.2 millones de dólares, además de la mencionada medalla.

Pillay “ha sido fundamental para asegurar que los crímenes de guerra, los de lesa humanidad y el genocidio sean perseguidos”, expresó el presidente del Comité Nobel Noruego, Jorgen Watne Frydnes, quien alabó su “brújula moral”.

En el 125 aniversario de la instauración del premio, el comité buscó “recordar al mundo que el imperio de la ley, nacional e internacional, sostiene el sistema que hemos establecido para garantizar la paz y resolver conflictos de forma no violenta. La paz requiere justicia”, sostuvo Frydnes. Los jueces “guardan la delgada línea roja entre el orden y el caos”, y el mundo necesita juristas “de valor, visión y determinación, cualidades que Navi Pillay demuestra en su trabajo en el estrado”, resaltó.

Navanethem (Navi) Pillay is born | South African History OnlinePillay recibió la noticia mientras asistía a un foro en Núremberg, Alemania, en la misma sala donde se celebraron los juicios a criminales de guerra nazis, que ayudaron a sentar las bases del derecho internacional. Afirmó que los esfuerzos por debilitar la justicia penal internacional “ponen en peligro el progreso logrado con tanto esfuerzo desde Núremberg y devolvernos a un mundo en el que el poder se impone a la ley”.

Ironiza con entregar medalla a Trump

“Si aplauden un poco más fuerte, quizá comparta el premio con (Donald) Trump (presidente de Estados Unidos)”, bromeó al referirse a la anterior galardonada, la líder opositora venezolana María Corina Machado, quien el año pasado regaló su medalla del Nobel al magnate.

Poco después de conocerse que Pillay recibirá el galardón, el secretario de Estado de estados Unidos, Marco Rubio, anunció que “el presidente Trump jamás permitirá a la Corte Penal Internacional procesar a ciudadanos estadounidenses” y por ese motivo “Estados Unidos sanciona a la CPI. Prohibiremos las transacciones con este tribunal ilegítimo, cortando sus recursos y paralizando su capacidad de operar”.

Más allá del berrinche de Donald Trump porque de nueva cuenta se le negó un premio que está convencido de merecer, la virulenta reacción de la Casa Blanca muestra hasta qué punto Washington está empeñado en destruir cualquier esfuerzo de paz, acallar la disidencia y poner todo su poderío al servicio de la causa sionista y del mayor crimen contra la humanidad perpetrado en el siglo XXI.

El Nobel del escarnio: María Corina Machado se lo entrega al «pacifista» Donald Trump

Los medios de prensa ingternacionales resaltan que el ser víctimas de esta persecución implacable por parte de la superpotencia resalta el valor de Pillay, de sus colegas en la Comisión de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado y de los magistrados de la CPI, quienes han levantado la voz a favor de la verdad pese a las presiones estadunidenses y la inacción cómplice de la Unión Europea y buena parte de la comunidad internacional.

En este contexto, parece tan sorpresiva como valiente la decisión del Comité Noruego del Nobel de conceder el galardón a una persona realmente comprometida con la causa de la paz, en saludable contraste con un historial de premiados que incluye a notorios criminales de guerra y agentes del neoimperialismo occidental.

Como expresó el secretario general de la ONU, António Guterres, “el premio es un homenaje a todas aquellas personas que trabajan para hacer respetar y defender el derecho internacional, el estado de derecho y los derechos humanos, y para garantizar la paz, la justicia y la dignidad humana”. Como remarcó  Pillay al dedicar el galardón, se trata de un llamado a no olvidar ni abandonar a los supervivientes de crímenes internacionales.

En momentos de imposición de relatos y «realidades» por parte de Estados Unidos y sus socios, el trabajo de Pillay debe servir para inspirar a dirigentes, luchadores sociales y a la ciudadanía de todo el mundo a defender la autodeterminación de los pueblos, la dignidad humana, el diálogo como único método legítimo de resolución de diferencias. Y, sobre todo, debe interpelar a toda persona para no ignorar el genocidio contra el pueblo palestino, denunciar a los responsables y sus cómplices y movilizar todas sus energías para poner fin a la barbarie sionista.