Una tecnoutopía vinculada a Peter Thiel pretende instalarse en Uruguay.
Nicolás Centurión
Praxis Nation, “la ciudad eterna” de Dryden Brown. Utópicos aceleracionistas escapando de Silicon Valley y las regulaciones recalan en el Cono Sur.
Brown pasó los últimos seis años buscando un territorio donde transformar una comunidad creada en internet en una ciudad real. Lo intentó en el Mediterráneo, exploró Groenlandia y presentó un proyecto industrial junto a una base de la Fuerza Espacial de Estados Unidos. Ninguno se concretó.

Ahora eligió Uruguay. Su organización, Praxis, acordó instalar en +Colonia su primera comunidad física permanente y proyecta movilizar una inversión que sus promotores estiman en más de US$ 1.000 millones. Detrás del negocio inmobiliario hay, sin embargo, un proyecto bastante más ambicioso: Brown habla de construir una “nación digital”, utilizar inteligencia artificial para organizar parte de su funcionamiento y reunir una comunidad alrededor de una determinada idea de Occidente, inspirada recurrentemente en Roma.
+Colonia es un proyecto de smart city de 515 hectáreas que se levanta sobre Colonia del Sacramento, Uruguay, a una hora en ferry de Buenos Aires. Lo lidera Eduardo Bastitta, empresario argentino cercano al presidente Javier Milei (asesor del Ejecutivo), y acaba de sumar como socio inversor a la comunidad tecnológica Praxis, fundada por el estadounidense Dryden Brown, que proyecta radicarse en el lugar con 2.700 miembros ya comprometidos, según reportó Forbes Uruguay.
El dato que cambia la conversación para un founder: este no es un country ni un barrio privado. Bastitta lo define como una «startup city» con articulación público-privada, y advierte que la denominación de ciudad responde a la escala administrativa (similar a Nordelta como localidad dentro del municipio de Tigre), no a una autonomía política.
En torno a Praxis confluyen inversores del mundo tecnológico y cripto, fondos vinculados con Peter Thiel y algunos de los debates políticos que atraviesan actualmente Silicon Valley. Además, arrastra controversias: antiguos trabajadores describieron una cultura interna marcada por lecturas de extrema derecha, referencias a Julius Evola y discusiones sobre fascismo, autoritarismo y ocultismo vinculado al nazismo. Brown rechazó esas acusaciones. La diferencia es que aquella discusión, hasta ahora confinada a Estados Unidos, acaba de adquirir territorio en Uruguay.
Praxis anunció esta semana un acuerdo con +Colonia, el desarrollo inmobiliario que se construye en las afueras de Colonia del Sacramento. El proyecto prevé que integrantes de la comunidad compren terrenos y viviendas dentro del emprendimiento y desarrollen allí residencias, espacios culturales, estudios para artistas, restaurantes, galerías, hoteles y empresas vinculadas con tecnología.
La organización asegura que alrededor de 2.500 miembros están dispuestos a trasladarse; desde +Colonia se manejó una cifra cercana a 2.700 interesados. Por ahora se trata de una proyección. Los futuros residentes todavía no compraron la mayor parte de esos terrenos, el fraccionamiento continúa en proceso y las primeras operaciones están previstas para 2027.
Brown, en cambio, pretende instalarse antes. En su cuenta de X publicó que en 2020 estuvo en “Los dedos” de Punta del Este. El empresario adelantó que planea mudarse a Uruguay y comenzó a desarrollar una agenda política alrededor del proyecto.

Durante el viaje de Yamandú Orsi a Nueva York por la Asamblea General de Naciones Unidas se coordinó un encuentro entre ambos, después de que el gobierno uruguayo ya hubiera mantenido contactos con +Colonia. Desde la cuenta de X de Praxis se subieron fotos de la reunión. Luego postearon una en la que Brown y el primer mandatario posan para los camarógrafos y Orsi sostiene en su mano una gorra con la leyenda “Praxis”.
El presidente conocía el emprendimiento: en julio de 2025 había recorrido personalmente el predio acompañado por integrantes del gobierno y lo había definido como una suerte de “ciudad en sí misma”.
Orsi aprovechó su visita a Estados Unidos para presentar a Uruguay como un país capaz de atraer inversiones vinculadas con inteligencia artificial y ofrecer condiciones para desarrollar y probar nuevas tecnologías. Praxis llega precisamente con un discurso construido alrededor de esa transformación, aunque su horizonte político excede ampliamente la instalación de empresas tecnológicas.
¿Qué es Praxis?
La organización se define como una “nación digital”. En su presentación institucional resume la idea con una comparación: Bitcoin permitió crear una moneda independiente de los Estados; Praxis pretende utilizar inteligencia artificial para construir “nuestro propio país”.
El proceso comenzaría con una comunidad dispersa geográficamente pero unida por internet, continuaría con la concentración de capital, empresas e instituciones propias y terminaría con la ocupación de un territorio físico. Sus documentos más recientes hablan de avanzar hacia una “entidad política autónoma” y desarrollar sistemas en los que la inteligencia artificial pueda relevar las preferencias de sus integrantes, ordenar prioridades, elaborar propuestas y colaborar en su ejecución bajo una constitución y mecanismos de supervisión humana.
El acuerdo uruguayo todavía está lejos de ese escenario. Praxis no dispone en Colonia de jurisdicción propia, autonomía política ni legislación independiente. La relevancia del desembarco está precisamente en esa distancia: Brown finalmente consiguió el territorio que buscaba, pero todavía debe demostrar cuánto de la nación que viene imaginando desde hace años puede trasladar a una urbanización sometida a un Estado convencional.
Antes de Uruguay
Brown creció en Santa Barbara, California, y su recorrido no se parece demasiado al de un desarrollador inmobiliario. Según su propia biografía, dejó la educación secundaria convencional cuando tenía 12 años para concentrarse en el surf competitivo y continuó formándose desde su casa. A los 18 años se trasladó a Nueva York y pasó por Pershing Square, el fondo de inversiones creado por Bill Ackman. Allí se interesó especialmente por Howard Hughes Holdings, una compañía dedicada a grandes desarrollos urbanos y comunidades planificadas.
Más tarde estudió en New York University, aunque no terminó la carrera, y trabajó como investigador cuantitativo en un fondo de inversiones. En ese ambiente conoció a Charlie Callinan, quien se convertiría en su socio. Los dos comenzaron a pensar una ciudad antes de tener experiencia construyendo siquiera un barrio.
En 2019 viajaron a Nigeria y Ghana y lograron reunirse con Mahamudu Bawumia, entonces vicepresidente ghanés, para presentarle la propuesta de un nuevo centro financiero. El episodio anticipó un método que Praxis repetiría en los años siguientes: identificar gobiernos interesados en atraer inversión, ofrecerles empresas y población y negociar condiciones para instalar una nueva comunidad.

Bluebook Cities, el nombre original del emprendimiento, terminó transformándose en Praxis. Con el tiempo, la idea se aproximó cada vez más al concepto de network state popularizado por Balaji Srinivasan, ex ejecutivo de Coinbase e inversor tecnológico. La teoría propone construir primero una comunidad digital suficientemente cohesionada, desarrollar una economía común, adquirir propiedades en diferentes lugares y terminar reclamando algún grado de reconocimiento político.
Praxis afirma contar actualmente con unos 150.000 integrantes. Una cifra proporcionada por la propia organización. Durante varios años, lo único que faltaba era precisamente aquello alrededor de lo cual había nacido el proyecto: una ciudad.Brown buscó primero en Europa. Praxis exploró alternativas en Italia, Grecia, Montenegro y otros países del Mediterráneo y llegó a asegurar que mantenía conversaciones formales con diferentes gobiernos. El proyecto fue anunciado varias veces, pero nunca llegó a instalarse.
La organización terminó incorporando en 2023 a David Weinreb, antiguo CEO de Howard Hughes Corporation, para aportar la experiencia inmobiliaria que faltaba en el grupo fundador y dirigir la búsqueda de tierra.
La siguiente apuesta fue Groenlandia. Brown viajó allí en 2024 y convirtió la visita en parte de su estrategia de comunicación al anunciar que había ido a intentar “comprarla”. Más tarde relativizó la expresión y explicó que pretendía construir una ciudad capaz de atraer suficiente actividad económica como para contribuir a reducir la dependencia financiera del territorio respecto de Dinamarca. La propuesta incluía energía nuclear, geoingeniería, infraestructura espacial, minería y tecnologías sometidas a marcos regulatorios especialmente flexibles.

Mantuvo conversaciones con dirigentes y empresarios locales, pero la iniciativa también provocó rechazo. Un parlamentario danés respondió públicamente que una eventual independencia de Groenlandia no debía servir para convertir el territorio en propiedad de empresarios estadounidenses.
Praxis volvió entonces a Estados Unidos. En 2025 presentó Atlas, una ciudad industrial proyectada junto a Vandenberg, la base de la Fuerza Espacial ubicada en California. Brown quería reunir allí compañías de defensa, inteligencia artificial, drones, industria espacial, energía y biotecnología bajo una narrativa de reconstrucción del poder industrial norteamericano.
Uruguay ofrece una solución mucho más pragmática. Brown no necesita convencer a un gobierno para que le entregue una ciudad desde cero. +Colonia ya existe como desarrollo inmobiliario, cuenta con tierra, infraestructura en construcción y un modelo comercial dentro del cual Praxis puede instalar su comunidad. Después de varios proyectos maximalistas, la primera materialización concreta de su idea puede terminar naciendo de una operación inmobiliaria bastante convencional.
Roma, Occidente y los conflictos dentro de Praxis
La apariencia de la futura comunidad uruguaya forma parte del programa. Los renders difundidos por Praxis muestran construcciones monumentales, piedra, arcos, columnas, esculturas y referencias a la arquitectura clásica y al racionalismo italiano. Brown ha convertido a Roma en algo más que una preferencia estética: aparece reiteradamente como símbolo político y civilizatorio.
En Life After Labor, uno de los textos programáticos de Praxis, Roma ocupa el centro de la narración sobre la sociedad que podría emerger después de que la inteligencia artificial reemplace una parte considerable del trabajo humano. Brown utiliza la civilización romana como representación de una cultura organizada alrededor del deber, la grandeza, la expansión y el heroísmo. En Sovereign Intelligence recupera también el mos maiorum, el sistema de valores tradicional de Roma, para hablar de disciplina, familia, lealtad y valor militar.
La idea se integra en una lectura mucho más amplia sobre Occidente. Brown considera que las sociedades occidentales atraviesan una etapa de decadencia institucional y cultural y que la inteligencia artificial puede producir una concentración de poder todavía mayor. Quien controle los sistemas capaces de generar conocimiento, administrar recursos y producir información tendrá, en su interpretación, una capacidad extraordinaria para influir sobre la economía, los medios y finalmente el gobierno.
Esa concepción convive con una polémica interna que acompaña a la organización desde hace años. En 2023, Mother Jones publicó una investigación basada en entrevistas con antiguos trabajadores de Praxis que describieron un ambiente mucho más radical que el presentado en los discursos institucionales.
Algunos atribuyeron a Brown comentarios racistas y homófobos; otros aseguraron que defendía modelos políticos autoritarios y que consideraba la monarquía superior a la democracia. Un exempleado llegó a describir el sistema imaginado internamente como una forma de “fascismo autoritario”. Brown negó esas acusaciones y sostuvo que antiguos trabajadores estaban difundiendo versiones falsas sobre el proyecto.

Los testimonios incluyeron también referencias a las lecturas promovidas dentro de la empresa. Según la investigación, algunos empleados recibían listas que incluían Bronze Age Mindset, convertido durante los últimos años en un texto de referencia para sectores de la nueva derecha estadounidense, y obras de Julius Evola.
La presencia de Evola resulta especialmente sensible. El escritor italiano desarrolló una filosofía tradicionalista y antidemocrática, mantuvo relaciones complejas con el fascismo de Benito Mussolini y tuvo contactos con círculos vinculados a las SS durante la Segunda Guerra Mundial. Décadas después, parte de su obra fue recuperada por movimientos neofascistas y sectores de la extrema derecha.
Dentro de ese mismo universo aparece Curtis Yarvin, escritor estadounidense asociado con la corriente neorreaccionaria y crítico explícito de la democracia liberal. Antiguos trabajadores declararon que Yarvin asistió a encuentros de Praxis y mantuvo vínculos personales con Brown. Una fotografía de ambos en las oficinas de la compañía reforzó la relación. Yarvin ha planteado modelos de gobierno fuertemente centralizados y comparado en distintas ocasiones al Estado con una empresa dirigida por una autoridad ejecutiva con amplios poderes.
Praxis pretende formar una comunidad cultural antes que una ciudad y su fundador lleva años leyendo, citando y reuniéndose con pensadores y empresarios interesados precisamente en discutir los límites de la democracia, el Estado y la organización política tradicional.
La red de Peter Thiel
Peter Thiel aparece alrededor de Praxis desde sus primeras rondas de financiamiento. Uno de los primeros inversores de Praxis fue Pronomos Capital, creado por Patri Friedman para financiar nuevas ciudades y jurisdicciones experimentales. Thiel fue uno de los principales respaldos iniciales de Pronomos. Friedman ya había desarrollado años antes el Seasteading Institute, también financiado en sus comienzos por Thiel, con la idea de estudiar comunidades flotantes capaces de experimentar con nuevos sistemas políticos fuera del territorio convencional de los Estados.

Pronomos trasladó posteriormente esa búsqueda a tierra firme. Su cartera incluye proyectos como Próspera, en Honduras; Itana, en Nigeria; y Praxis. El modelo consiste en invertir en territorios donde desarrolladores privados puedan combinar urbanización, nuevas regulaciones y crecimiento económico.En el financiamiento temprano de Praxis también aparece Joe Lonsdale, uno de los fundadores de Palantir junto con Thiel y Alex Karp, mientras Balaji Srinivasan figura tanto como inversor como uno de los principales referentes intelectuales del movimiento de los network states.
Ese universo comenzó además a acercarse al Río de la Plata. En abril de 2026 Javier Milei recibió oficialmente a Thiel en la Casa Rosada. A la reunión concurrieron representantes de Thiel Capital y Founders Fund.
Meses más tarde trascendió una inversión del empresario estadounidense en Vista Energy, compañía con una fuerte presencia en Vaca Muerta. Al mismo tiempo, Eduardo Bastitta, responsable de +Colonia y contraparte directa de Brown en Uruguay, había participado en el entorno de empresarios convocados alrededor del proyecto económico de Milei y ha expresado públicamente posiciones liberales. En su biografía de X aparece solamente VLLC (Viva La Libertad Carajo). Uno de los latiguillos que usa el primer mandatario argentino para cerrar sus alocuciones.
La comparación con Alex Karp permite observar otra diferencia dentro de ese mundo. En La República tecnológica, publicado junto con Nicholas Zamiska, el CEO de Palantir sostiene que Silicon Valley perdió buena parte de su ambición al concentrarse en aplicaciones de consumo, publicidad y entretenimiento. Su propuesta es reconstruir una alianza entre ingenieros, empresas y Estado para desarrollar inteligencia artificial, defensa, energía e infraestructura capaces de sostener el poder estadounidense.
Brown comparte buena parte del diagnóstico. Habla de decadencia occidental, soberanía tecnológica, defensa, industria y necesidad de recuperar proyectos colectivos de gran escala. Incluso su frustrado Atlas, junto a Vandenberg, encaja casi literalmente en esa concepción.
La divergencia aparece cuando se discute qué institución debe dirigir el proceso. Karp quiere fortalecer al Estado mediante tecnología. Brown contempla que una comunidad tecnológica pueda desarrollar instituciones propias y, eventualmente, adquirir suficiente territorio y autonomía como para convertirse en otra cosa. Esa diferencia explica por qué Praxis importa más allá del proyecto inmobiliario.
Colonia como primera prueba

Brown definió sus “Acceleration Zones” (zonas de aceleración) como territorios donde gobiernos y empresas pudieran experimentar con inteligencia artificial, biotecnología, energía y otras tecnologías bajo regulaciones más flexibles. Propuso evitar prohibiciones preventivas, simplificar normas, acelerar visas para perfiles considerados valiosos y diseñar legislación laboral compatible con las necesidades de compañías tecnológicas de crecimiento rápido.
Brown encontró en Uruguay una democracia estable, seguridad jurídica, acceso relativamente sencillo para residentes extranjeros y una localización a pocas horas de Buenos Aires, en un momento en que Argentina desarrolla una relación política especialmente cercana con algunos referentes del tecnolibertarismo estadounidense.
La operación todavía puede terminar siendo mucho más inmobiliaria que política. O viceversa y es para prestar atención. ¿Uruguay es un borrador, un proxy de lo que vendrá para este rincón del sur?
* Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP).Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)