El intervencionismo del lobby israelí en EU

Desde elecciones hasta la guerra con Irán

61

Jim Cason y David Brooks

Defensores del Estado de Israel en Estados Unidos han organizado durante décadas la entidad de cabildeo o lobby de política exterior más poderosa en la historia estadunidense, pero que hoy día enfrenta retos sin precedente a su influencia, según una amplia investigación publicada este mes.

El lobby israelí es encabezado por el American Israel Public Affairs Committee (Aipac), que ha invertido cientos de millones de dólares en los procesos electorales estadunidenses, imponiendo control sobre cómo se elabora la política hacia Israel, y actualmente sigue financiando campañas para frenar todo desafío de esa meta.AIPAC’s new PAC is now the US's biggest pro-Israel PAC | The Times of ...

Gastan millones en campaña contra candidato en Míchigan

En Míchigan, Aipac ha gastado más de 30 millones de dólares para derrotar a un médico progresista y profesional de salud pública respaldado por Bernie Sanders y otros progresistas como candidato al Senado, porque Abdul el Sayed ha declarado que Israel está cometiendo genocidio en Gaza.

El Sayed cuenta con un amplio apoyo entre la comunidad árabe-estadunidense en su estado, pero también ha sido endosado por agrupaciones judías progresistas como Voces Judías por la Paz y Nunca Más, y un grupo llamado Judíos por Abdul, con un amplio apoyo estudiantil.

En vísperas de la elección primaria de hoy, los sondeos registran que El-Sayed está ganando, y esa elección se ha vuelto otra prueba más de si decenas de millones de dólares del lobby israelí pueden comprar la elección para su opositor, un demócrata que rehúsa calificar la guerra contra los palestinos como un genocidio.

El ejemplo de Míchigan es sólo la muestra más reciente del poder de lo que Eli Clifton y Ian Lustick, autores de Israel’s Lobby, llaman el cabildeo de Israel en Estados Unidos. Promotores de un estado judío en Medio Oriente, han estado activos en este país desde antes de la fundación de Israel. De hecho, los autores recuerdan que fue el presidente Harry Truman quien, rechazando la opinión de sus propios asesores de política exterior, decidió ser el primer mandatario en reconocer a Israel en 1948.

En su amplio y profundamente investigado libro, los autores describen cómo los presidentes Gerald Ford (republicano) y Jimmy Carter (demócrata) buscaron reconocer los derechos plenos del pueblo palestino en los años 70, pero sus intentos fueron descarrilados por Aipac y otros.

“La invasión estadunidense de Irak en 2003 le dio otra oportunidad al lobby de Israel”, escriben los autores, que recuentan la bien conocida historia de cómo un grupo de neoconservadores estadunidenses alineados con Israel habían estado promoviendo una invasión a Irak desde mucho antes de que el 11 de septiembre de 2001 les sirviera de pretexto.

Cuentan cómo el acuerdo con Irán logrado por el presidente Barack Obama fue una de las derrotas más significativas del lobby israelí, el cual invirtió muchísimo en la primera elección de Donald Trump, quien al llegar a la Casa Blanca rápidamente anuló ese acuerdo.

 

Siempre bipartidistas

Vale subrayar que el lobby israelí siempre ha sido bipartidista. El presidente Joe Biden se describió como “sionista” y se negó a contemplar sugerencias de sus asesores para aplicar presión sobre Israel durante el inicio de su guerra contra los palestinos en Gaza, y aun cuando el conteo del genocidio ya era de decenas de miles, 70 por ciento de las armas de Israel –incluyendo casi todos sus misiles, aeronaves y bombas– provenían de Estados Unidos.

Gran parte del nuevo libro es su investigación sobre cómo este cabildeo ha cambiado en los últimos 20 años con el surgimiento de un gobierno aún más derechista en Israel.

El presidente estadounidense Joe Biden con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en Tel Aviv.
El presidente estadounidense Joe Biden con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en Tel Aviv.

Los autores recuerdan que en los primeros años, los líderes israelíes hablaron repetidamente de garantizar los derechos de palestinos, pero eso jamás fue un objetivo del sionismo derechista, y para 2018, el Parlamento israelí no aceptaba un debate sobre Israel como “un Estado para todos sus ciudadanos”, se eliminó el árabe como un idioma oficial dentro de ese país, y esa legislatura declaró formalmente que sólo judíos tenían derechos de autodeterminación en su “patria histórica”.

Esta derechización ha provocado cada vez más grietas entre diversos sectores en Estados Unidos, incluyendo simpatizantes que repetían incesantemente que Israel “es la única democracia en Medio Oriente”. Para el lobby israelí, el debilitamiento del apoyo incondicional en Estados Unidos se abordó primero recaudando más fondos para usar en el sistema político.

En 2000, Aipac y sus filiales estaban recaudando aproximadamente 22 millones de dólares anuales para sus esfuerzos. Para 2023, juntaron casi 120 millones y contaban con bienes por más de 350 millones. Y vale recordar que el lobby israelí en Estados Unidos es mucho más amplio que solamente Aipac y que incluye a una red de organizaciones, filantropías, comités de acción política y fundaciones, todos los cuales invierten o distribuyen fondos con el mismo objetivo de defensa y promoción del Estado israelí y su actual gobierno derechista.

Pero más dinero por sí solo no es suficiente. Para principios de 2000, muchos de los promotores del Estado israelí dejaron de defender a un régimen cada vez más ultraderechista y adoptaron una estrategia de “demonizar a los demonizadores” al pintar a todo crítico de Israel como antisemita. Entre 2004 y 2013, quejas formales de antisemitismo fueron presentadas contra universidades como Barnard (parte de Columbia), Rutgers y la de California, entre otras, como parte de esta estrategia, algo que ha continuando el gobierno de Donald Trump con esa misma retórica.

Igualar antisionismo con antisemitismo, estrategia contra la crítica

Los autores del nuevo libro, ambos judíos estadunidenses, dejan claro que el antisemitismo es real y está creciendo en Estados Unidos, pero argumentan que el esfuerzo para igualar el antisionismo al antisemitismo es una herramienta empleada para neutralizar toda critica a Israel. De hecho, Noam Chomsky ha recordado que el gobierno de Israel desarrolló justo esa estrategia de calificar a toda crítica contra sus gobernantes como “antisemitismo” desde los 70.

La campaña pacífica internacional de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel, lanzada por los palestinos y sus aliados contra el Estado de Israel, representó un peligro para los sionistas en Estados Unidos. Al inicio, la estrategia de calificar esa campaña como “antisemita” funcionó y unos 35 estados han adoptado resoluciones que de alguna manera afirman que el antisionismo es una forma de antisemitismo.

Pero más recientemente, hay cada vez más evidencia de que esta estrategia no está funcionando. La hipocresía de calificar cualquier critica de Israel como expresión antisemita, combinada con la ira ante las imágenes cotidianas del genocidio en Gaza y las expresiones extremistas del gobierno en Tel Aviv, están transformando la opinión pública en Estados Unidos sobre el Estado de Israel, incluso entre sectores de la comunidad judía estadunidense, de tal manera que no puede ser frenada con dinero.

Las sondeos sugieren que Abdul el Sayed tiene una ventaja marcada en su elección primaria hoy en Míchigan, pero gane o pierda, el amplio apoyo a su candidatura, combinado con la elección de un alcalde en Nueva York que ha repetido su deseo de arrestar al primer ministro Benjamin Netanyahu, son sólo algunas de muchas indicaciones de que los votantes en Estados Unidos ya no están ofreciendo un cheque en blanco a Israel.

*Corresponsales del Periódico La Jornada de México en Estados Unidos