Honduras bajo Asfura: entre la violencia y la sombra de Juan Orlando Hernández
Victoria Korn
Seis meses de recortes, crisis sanitaria e inseguridad marcan el arranque de Nasry Asfura en el país centroamericano, opacado por el retorno del Juan Orlando Hernández expresidente condenado a 35 años de prisión por narcotráfico e indultado por el presidente estadounidense Donald Trump
Nasry Asfura llegó el 27 de enero a la Presidencia de Honduras desde las sombras del fraude, empujado por la maquinaria de Donald Trump/Washington y el Escudo de las Américas, con una promesa que marca el curso de su administración: reducir el Estado para hacerlo más austero y “eficiente” en un país de 11 millones de habitantes, tras unas elecciones marcadas por denuncias de irregularidades.

Hoy Honduras vive una convergencia de situaciones graves que se potencian: lo económico, lo político, lo social, lo territorial, la violencia y ahora el regreso de un fantasma con poder real. No e trata de una crisis más. La ofensiva desde la presidente hondureña busca declarar terrorista a la izquierda. No es casualidad: en seis meses, Asfura ha viajado múltiples veces a Estados Unidos y ha sostenido reuniones con Israel, presenciales en territorio estadounidense, pero también ha ido a Israel y Ucrania, tres países con temas en común: tecnología de espionaje, drones multiusos y negocios trasnacionales tecnológicos.
Y en ese escenario, regresa Juan Orlando Hernández. Dicen que es inocente, pero fue condenado en EEUU a 35 años de prisión por conspiración para exportar cocaína y armas y se le dio un perdón político, un indulto presidencial de Donald Trump, mientras su hermano queda preso a perpetuidad por narcotráfico en EE.UU.
No es un expresidente cualquiera: retorna no solo indultado por Trump, sino con el apoyo del secretario de Estado Marco Rubio y el sionismo israelí detrás. Tiene más poder que el propio presidente Asfura, porque mueve los hilos que realmente deciden a nivel internacional, incluyendo el lobby de Próspera en agradecimiento a su expresidente y padre fundador. Próspera ZEDE, es una ciudad de régimen especial en la isla de Roatán, Honduras. Es una de las tres Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE) del país, donde opera bajo un marco fiscal, legal y regulatorio distinto que le otorga autonomía respecto al gobierno.
Y antes que regrese, «sin delitos», con la venia y alegría no disimulada del Ministerio Público, medios de comunicación, Consejo Nacional Anticorrupción (CNA9, ASJ y otros, no podemos dejar de citar que ha crecido la violencia, pues sabemos que el crimen común y organizado no es nuevo, pero ahora se entrelaza con el poder transnacional. Se dice que las inversiones israelíes, que cometen impunemente genocidio en Gaza, están acá en Honduras en el rubro de seguridad y defensa.
Como telón de fondo está la masacre no esclarecida de 20 campesinos en Rigores, Trujillo, Colón, la de cinco policías de la recién desaparecida DIPAMPCO en Omoa, el repunte de homicidios, feminicidios y el escandaloso crecimiento de las masacres. ¿Será el regreso de las estructuras, que sirvieron al poder criollo y ahora al transnacional? Las inversiones israelíes, que cometen impunemente genocidio en Gaza, están en Honduras en el rubro de seguridad y defensa, denuncia Reina Rivera, en Criterio.
Lo que sí ha avanzado es el despojo territorial (el 4% de Roatán ya no es territorio hondureño pese a la sentencia de la Sala Constitucional) y ahora la Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (Zede) próspera viene para tierra firme ( puerto de Satuyé en La Ceiba y territorios garífunas) y detrás de ellos se dice están inversionistas multimillonarios algunos asociados a los billonarios de Silicon Valley, OpenAI y otros inversores en tecnologías, criptomonedas, experimentos biológicos sin controles éticos y otros, señala el periódico Criterio.
«Ellos han decidido que necesitan la soberanía de los países pobres, porque ya no les basta sus negocios y les incomodan las reglas de los países del norte global, ellos necesitan las flexibles reglas de países pobres, como las del Congreso, de los diputados del Partido Nacional y de los chicos de alta sociedad que nos dejó Salvador Nasralla de diputados (aunque después lo traicionaron, pero él escogió esa casta de élite a su medida)», añade la publicación.
Así los nacionalistas apoyados por el cogobierno Nacional-Liberal, se alinearon rápido con la ultraderecha transnacional, especialmente con EEUU e Israel. No es teoría: es la compra de drones para espionaje y represión, la presencia de empresas israelíes de seguridad para vigilar a los ciudadanos, control de redes, injerencia en servidores para controlar lo que ingresa a procesos electorales. Dicen que es por seguridad, para temas de drogas, tecnologías y negocios ilegales y «legales» trasnacionales, hoy día, tienen una frontera muy porosa.
En lo económico, despojan tierras, privatizan lo público. Están desmembrando a Empresa Nacional de Energía (ENEE), el último activo grande del Estado.
Mientras silencian las críticas: a los medios alternativos le han tumbado las páginas y redes de noticias, y patrullas policiales los asedian. Ninguna organización local de Derechos Humanos los acompaña: es censura con amenaza de muerte. El miedo no es casual. La Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, bajo presiones de juicio político renunció; magistrados electorales y consejeros titular y suplentes que podían hacer contrapeso, fueron destituídos mediante juicios políticos. Casi la mitad de la bancada de los diputados de la progresista Libre tienen procesos iniciados en el Ministerio Público.
La resistencia
En lo positivo, sin embargo, hay resistencia. La veo en los garífunas, en los campesinos que no se dejan desalojar, en comunidades que se organizan a pesar del miedo. Pero está dispersa, poco organizada y sin acompañamiento efectivo del pueblo.
Precisamente por eso, porque el sistema está engrasado para desmovilizarnos, necesitamos entenderlo, como alerta y denuncia. Si no conectamos los puntos, si no vemos que el miedo, las alianzas perversas con grupos de poder y el uso de las redes sociales y las tecnologías, son su herramienta principal, seguiremos reaccionando desde la vulnerabilidad, en lugar de actuar articuladamente nacional e internacionalmente.
No sé si el pueblo va a despertar. Pero sé que, si no contamos esta historia como es, con el despojo, la represión, el narco-poder y los intereses y la complicidad internacional, vamos a perder la batalla del relato. Y esa batalla es tan importante como la de la tierra o la energía.
La movilización no es un lujo, es una necesidad. Aunque duela, aunque dé miedo, aunque estemos cansados. Porque si no, este sistema perverso nos seguirá robando todo y aniquilándonos de múltiples formas, tragados por cualquiera de los tentáculos de esta tormenta perfecta.
*Periodista venezolana, analista de temas de Centroamérica y el Caribe, asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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