Debate de guante blanco entre los seis candidatos a liderar la ONU
La carrera por el liderazgo de la ONU toma por fin vuelo. Tras las escaramuzas de los últimos meses, la batalla real comienza ahora. Dentro de una semana, los 15 miembros del Consejo de Seguridad se reunirán a puerta cerrada para estudiar las candidaturas. Es entonces cuando la cosa irá en serio. Como aperitivo, la Asamblea General ha acogido este jueves un debate público entre las cuatro mujeres y los dos hombres que han hecho oficial su deseo de sustituir al portugués António Guterres a partir de 2017.

El experimento trataba de levantar el interés de un proceso que hasta ahora no ha calado en la opinión pública, con candidatos poco conocidos que no han logrado cautivar a los países miembros, y entre los que no hay un claro favorito. Y ocurre en un momento de crisis de un organismo con problemas financieros, alejado de las mesas negociadoras de los grandes conflictos del mundo. Pero la rigidez del debate, en la que cada candidato respondía a preguntas sin que hubiera intercambio de ideas entre ellos, no ayudó.
Quizás el mejor resumen de la difícil situación que atraviesa Naciones Unidas la dio la costarricense Rebeca Grynspan, que dirige la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), cuando le preguntaron qué logros aspiraba a presentar en cinco años si resultara elegida. “Me gustaría que nadie más me preguntara dónde está la ONU. Ese será mi indicador”, respondió.
Pese a la idea muy extendida de que en esta ocasión le toca a América Latina y el Caribe liderar la ONU —no por casualidad cinco de los seis candidatos son de esa región— y del indudable avance que supondría que lo hiciera una mujer por primera vez en los más de 80 años de historia del organismo, nada está escrito. Ni que vaya a ser una mujer ni que sea latinoamericana. Tampoco es descartable que a última hora surja un tapado que acabe llevándose el trofeo.
Tras la información del tabloide The New York Post de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desea ver al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, al frente de la ONU, las fuentes consultadas no sabían qué responder: si se trata de un chiste o de algo con visos de verosimilitud.
En su alegato final, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, exministra y expresidenta de la Asamblea General, resumió la idea de los difíciles tiempos que atraviesa la ONU: “Esta institución atraviesa una crisis. Hay que restablecer la confianza y la comunicación con el personal de la organización. Necesitamos recuperar la capacidad de diálogo y hacer que la ONU sea relevante, pueda prevenir conflictos y proteger a las personas”.
Pese a todo, la hora y media de debate de guante blanco, en el que casi todos los candidatos respetaron los turnos de palabra y solo se mencionaban los unos a los otros para decir que compartían tal o cual punto de sus rivales, sirvió para mostrar algunas ideas de fondo. Como cuando la expresidenta chilena Michelle Bachelet, que lo tiene complicado por las reticencias que despierta en Estados Unidos e incluso en su propio Gobierno, liderado por el ultra José Antonio Kast, insistió en que es capaz de resistir las presiones de los países más poderosos.
Sobre su posición sobre la guerra de Gaza si fuera secretaria general, Bachelet respondió que “siempre hace falta autoridad moral”. “Hay que alzar la voz ante situaciones en las que se producen violaciones del derecho internacional y del derecho humanitario. Pero hay que insistir en encontrar vías para reunir a las partes e identificar estrategias que, aun sin ser perfectas, permitan convencerlas de seguir ese camino”, añadió.
Como defensa de esa autoridad moral, puso como ejemplo una situación que vivió cuando dirigía ONU Mujeres. “Un donante me dijo: ‘Si hace eso, le retiraré todos los fondos’. Y lo hice, porque era lo que había que hacer. La neutralidad, la imparcialidad y la independencia forman parte de mi ADN. Es fundamental, ya que es lo único que permite a los 193 Estados miembros sentir que el secretario general los representa a todos, tanto a los poderosos como a los menos poderosos. De lo contrario, no vale la pena ocupar el cargo”, aseguró la chilena, que también fue alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Carolyn Rodrigues-Birkett, exministra de Asuntos Exteriores de Guyana, defendió que, pese a las dificultades de liderar la ONU, un puesto sin poder ejecutivo y obligado a hacer equilibrismos políticos, siempre tiene margen de actuación. “El secretario general aporta neutralidad y actúa sin más motivación que la de ayudar a las personas vulnerables y a quienes necesitan la asistencia de la ONU.
Aprovecharía esa neutralidad y los recursos a mi alcance, así como la presencia de la ONU sobre el terreno, para recabar toda la información necesaria y formular propuestas al Consejo de Seguridad; puede que este no actúe de inmediato, pero tal vez lo haga la semana siguiente basándose en la recomendación del secretario general”, afirmó Rodrigues-Birkett.
El argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica, tuvo que enfrentarse a una pregunta que, sin mencionar ni a Rusia ni a Vladímir Putin, estaba directamente relacionada con la guerra de Ucrania. ¿Qué pasos tomaría como secretario general si un miembro permanente del Consejo de Seguridad libra una guerra de agresión contra otro Estado miembro? “El secretario general debe ante todo dialogar y escuchar.
También abordar el conflicto desde una perspectiva realista. Las buenas palabras no bastan. Debemos examinar las raíces del conflicto y comprender por qué un país tomó la decisión más grave de todas, el uso de la fuerza, algo que no se adopta a la ligera. Es preciso entender esto y, por supuesto, comprender la situación de la víctima de dicha agresión, así como plantear soluciones viables”, respondió.
Otro de los grandes conflictos del mundo, la guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz que ahoga a la economía global, surgió cuando Grynspan sugirió qué se debería haber hecho diferente desde la ONU. “Deberíamos habernos involucrado desde muy pronto con todos los actores para tratar de abrirnos, al menos en beneficio de las personas que sufren la situación en el estrecho de Ormuz”, dijo, recordando que ella había contribuido a cerrar el acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia en el mar Negro que permitió el comercio de grano entre 2022 y 2023.
“La labor del secretario general comienza cuando el Consejo de Seguridad está bloqueado, ya que su función consiste precisamente en abrir posibilidades para alcanzar un acuerdo”, añadió.
Macky Sall, expresidente de Senegal y único representante africano, destacó, por su parte, el papel que tiene el jefe de la ONU para extender la prosperidad en todo el mundo. “Esto implica que, en primer lugar, debemos reformar la arquitectura financiera internacional. La financiación pública por sí sola no basta para ofrecer respuestas adecuadas; por ello, buscaría establecer un diálogo global con los Estados miembros, las instituciones de Bretton Woods, las instituciones financieras internacionales y, sobre todo, con el sector privado, la sociedad civil y los filántropos.
Al aunar a todos estos actores, podremos facilitar el acceso de todos los países a las condiciones necesarias para una prosperidad compartida y, de este modo, lograr un mundo más seguro y próspero”, concluyó.
Antes del debate, los aspirantes ya se habían enfrentado a sesiones de tres horas en las que los representantes de los 193 Estados miembros les sometieron a sus preguntas. Pero la fase más importante comienza el próximo 30 de julio, cuando los 15 miembros del Consejo de Seguridad, cinco de ellos permanentes, realizarán sus votaciones.