EEUU celebra su 250° aniversario como una nación partida por Trump

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Álvaro Verzi Rangel

El presidente estadounidense Donald Trump del país se ha programado a sí mismo como la atracción central de un Día de la Independencia que viene marcado por una ola de calor histórica en Washington. Comenzó el viernes con las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia nacional en el monte Rushmore, donde le gustaría ver su rostro tallado junto a los grandes presidentes del país, como lo ha manifestado en varias ocasiones.

Ninguna celebración del 4 de julio, y menos cuando esta se produce con Donald Trump como presidente y su movimiento de fanáticos arrollando las instituciones, puede ignorar que el sistema constitucional inventado entonces nació sobre contradicciones profundas no resueltas que hoy siguen sangrando. Los hombres que llenaron páginas sobre la libertad y la igualdad ignoraron la monstruosidad de la esclavitud, que tenían en sus propias casas.

Ese pacto odioso es la gran herida sin cerrar que aún define casi todas las particularidades de Estados Unidos. Incluso después de la abolición, el racismo institucional ha tenido distintas formas y no es ajeno al despiadado espectáculo de persecución de inmigrantes que practica el actual Gobierno de EEUU.

Trump, el miércoles pasado en Medora (Dakota del Norte)

En la hierba reseca del Mall los visitantes se paseaban esta semana entre las casetas que representan cada uno de los estados del país y los puestos de comida. Una noria gigante se recorta contra la silueta del Capitolio, mientras que a los pies hay una réplica a pequeña escala del Arco de Triunfo que Trump quiere hacer construir en Washington en su honor. Sin embargo, la principal atracción son los cowboys que cada tarde a lo largo de la semana han recreado el clásico rodeo.

Libertad y pobreza

El papa León XIV recordó la “noble visión” de los “padres fundadores que convirtió a Estados Unidos en “referente de libertad”, sin mencionar en lo que se convirtió 250 años después.

La realidad muestra que su sistema de libertades conlleva un reverso de pobreza inconcebible en cualquier otra democracia. Y un sistema pensado para responder directamente ante el pueblo ha sido capturado en diversos momentos de la historia por grandes poderes económicos y por charlatanes para ponerlo a su servicio. La alianza del trumpismo con la oligarquía tecnológica es uno de esos momentos.

Estados Unidos se ha convertido en el país de inmigrantes que ha cerrado sus puertas. Las políticas migratorias del Gobierno republicano entierran la idea de “recibir no solo al extranjero acaudalado y respetable, sino también a los oprimidos y perseguidos de todas las naciones y religiones” que tuvieron los fundadores.

Trump no es un presidente más, porque no aspira a seguir los ideales de 1776, sino a demolerlos. Si la curva de la historia es larga pero va en la dirección de la justicia, como afirmó Martin Luther King, ni los más entusiastas pueden negar que las fuerzas autoritarias que han impulsado a Donald Trump han logrado frenar, corregir e incluso revertir esa trayectoria allí donde ha podido. El hombre que hoy presidirá las celebraciones por el aniversario de la Declaración es el mismo que lidera el asalto a los ideales que representa, señala un editorial del diario español El País

Con la excepción de los descendientes de pueblos nativos, la mayoría de los estadounidenses tienen en su ascendencia un inmigrante, ya sea porque ​​llegaran en el Mayflower o en un barco cargado de esclavos, a través de Ellis Island, por el aeropuerto JFK o cruzando el Río Bravo (Grande, en inglés). En sus inicios, Estados Unidos estaba “abierto a recibir no solo al extranjero acaudalado y respetable, sino también a los oprimidos y perseguidos de todas las naciones y religiones”, como dijo el primer presidente, George Washington.

Represión a migrantes

Más de dos siglos después, la Administración Trump está transformando el país. Por primera vez en los 50 años de los que se tiene registro, en 2025 se marcharon más migrantes de los que ingresaron. Según los datos recopilados por Brookings, el saldo negativo es de entre 10.000 y 250.000 personas y se prevé que 2026 siga esa tendencia. A las deportaciones masivas —los datos oficiales apuntan a que fueron 605.000 hasta diciembre— se suma el cierre de la frontera, la cancelación de los programas de refugiados y de asilo, la prohibición de entrada de los ciudadanos de ciertos países y el endurecimiento o suspensión de visados.

Aun así, Estados Unidos alberga más migrantes que cualquier otro país. Un 15,4% de sus 342 millones de habitantes son migrantes, pero tras más de medio siglo de rápido crecimiento, la población inmigrante del país está ahora en declive.

Perritos calientes, fuegos artificiales, helado, unas cervezas junto a la barbacoa… y sobredosis de Donald Trump. El 4 de julio tiene sus rituales en Estados Unidos, pero esta vez un protagonista impuesto, el presidente de un país que este sábado celebra su 250° cumpleaños, está listo para alterar el guion dramáticamente con su presencia.

El 4 de julio de 1776, 56 delegados de las 13 colonias adoptaron, reunidos en Filadelfia, la Declaración de Independencia que habían firmado en realidad dos días antes. Con ella, rompieron vínculos con la corona británica y se conjuraron como una república en la que los reyes nunca tendrían cabida.

Mamdami con inmigrantes

Por su parte, el alcalde socialista democrático de Nueva York, Zohran Mamdani, conmemoró la celebración rodeado de inmigrantes naturalizados, ante quienes criticó las políticas en la materia de la Casa Blanca e instó a sus compatriotas a esforzarse por alcanzar los ideales fundacionales de la nación. De igual manera, el papa León XIV, de nacionalidad estadunidense, llamó a sus connacionales a “estar a la altura” de los principios de la Declaración de Independencia.

Trump, que ya celebró en el monte Rushmore el 4 de julio de 2020, sostuvo entonces que agregar su perfil al monumento le “sonaba a buena idea”. La escultura conmemorativa presenta los rostros de 18 metros de altura de cuatro presidentes: George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln, elegidos para representar el nacimiento, crecimiento, desarrollo y preservación de la nación, respectivamente.

El 30 de mayo de este año, el republicano publicó en Truth Social una imagen suya en el monumento y en junio difundió una publicación de su antiguo aliado Roger Stone, en la que pedía a la gente que firmara una petición en apoyo de un proyecto de ley para añadir al magnate a las imágenes en la roca.

Mamdani, en tanto, ciudadano naturalizado nacido en Uganda de padres de origen indio, se sentó detrás de un escritorio que perteneció a George Washington, rodeado de inmigrantes que portaban banderas de Estados Unidos, y pronunció un discurso en el que criticó a las “fuerzas de división” que socavan los principios fundacionales de la nación, reportó CNN.

“Durante generaciones, nos han dicho que cuando el mundo ha enviado a su gente a nuestras costas, no ha mandado a los mejores”, reprochó en su discurso. “Nos aseguran que Estados Unidos es excepcional porque somos más ricos, más fuertes y más poderosos que todos los demás. La verdad, amigos míos, es que el país es excepcional porque aquí nada es inmutable”, aseguró. “Si les preguntas a ellos (Trump y sus seguidores), Estados Unidos se vuelve menos a medida que más personas acoge, te dirán, pertenece sólo a quienes tienen el acento o el tono de piel adecuados. El resto, insisten, deberíamos estar agradecidos por el simple hecho de que se nos permita visitarlo”, señaló Mamdami.

 

*Sociólogo  y analista internacional, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y analista seniordel Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)