La ‘pedagogía de la crueldad’ del ministro israelí Ben Gvir
Humillaciones a prisioneros y champán por llevar a la horca a palestinos
Emilia G. Morales
Humillaciones a prisioneros y champán por llevar a la horca a palestinos: la ‘pedagogía de la crueldad’ del ministro israelí Ben Gvir
El 20 de mayo, el ministro de Seguridad Nacional de Israel Itamar Ben Gvir, subió un vídeo a redes donde se burla de los tripulantes de la Global Sumud Flotilla, secuestrada ilegalmente en aguas internacionales el día anterior en el puerto de Ashdod (sur), y difundió un vídeo en el que aparecían maniatados y hacinados en el suelo mientras el ministro se burla de ellos.
«¡Bienvenidos a Israel!», dice sonriente el ministro mientras ondea una bandera nacional y, a sus pies, se ve a decenas de activistas arrodillados, con las manos esposadas a la espalda y la cabeza apoyada en el suelo. Las imágenes también muestran a cientos de secuestrados hacinados bajo el sol mientras un altavoz emite el himno nacional.
ככה אנחנו מקבלים את תומכי הטרור
Welcome to Israel 🇮🇱 pic.twitter.com/7Hf8cAg7fC
— איתמר בן גביר (@itamarbengvir) May 20, 2026
Buena parte del mundo conoció a Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional de Israel desde 2022, por un vídeo que subió a sus redes sociales diez meses después del 7-O. En él decía que «los prisioneros palestinos deberían ser asesinados. Un tiro en la cabeza». Dos años después, el diputado de Poder Judío (Otsmá Yehudit) hizo realidad esta siniestra fantasía. El pasado 19 de mayo, entraba en vigor la reforma de la pena de muerte israelí para ahorcar, únicamente, a los árabes.
Esta ha sido la última parada de una meteórica escalada al poder, que partió de los bajos fondos de una extrema derecha reaccionaria que se oponía al proceso de paz entre palestinos e israelíes de los años noventa. Como Javier Milei en Argentina, Donald Trump en EEUU o Călin Georgescu en Rumanía, Ben Gvir engrosa la lista de líderes mundiales de extrema derecha que fraguaron su imagen pública gracias a los escándalos y salidas de tono que engrasan los algoritmos de redes sociales.

Como su lenguaje, su apariencia despreocupada –kipá siempre medio caída, camisa abierta y mal metida por el pantalón-, conquistó en 2022 a los votantes ultranacionalistas y antiárabes cansados del bucle electoral en el que se encontraba el país. El año anterior a estas elecciones, además, Jerusalén vivía un repunte de la tensión entre israelíes y palestinos. En mitad de las protestas, Ben Gvir emergió como una figura de orden.
Muchos lo conocían de su etapa como abogado de la ONG Honenu, para la que trabajó intermitentemente entre 2012 y 2019. Esta organización defiende a israelíes acusados de agredir a palestinos. Entre los clientes más famosos que tuvo Ben Gvir se encuentra Amiram Ben Uliel, condenado en firme en 2020 por provocar un incendio en una aldea palestina de Duma, que acabó con la vida de tres vecinos palestinos.
Por sus comentarios enalteciendo la violencia contra los árabes y por su defensa del etnonacionalismo y del fundamentalismo religioso, ocho países impusieron sanciones y vetaron la entrada de Ben Gvir en su territorio en 2025. Estos fueron Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Noruega, Eslovenia, Países Bajos y España. No ayudan a moderar su perfil imágenes como las que dejó el pasado 20 de mayo, cuando se paseó entre los tripulantes de la última Flotilla de la Libertad secuestrada bajo sus órdenes, humillándolos y empujándolos.
Un ministro racista se hace
Como la mayoría de los israelíes, Itamar Ben Gvir es descendiente de inmigrantes. Concretamente, de iraquíes kurdo-judíos(mizrajíes). De acuerdo al portal biográfico Britannica, el hogar en el que Itamar Ben Gvir creció era conservador, aunque no dogmático. De hecho, según las pesquisas realizadas por Haaretz, la familia del ministro de Seguridad Nacional no era practicante. Su padre trabajaba en una gasolinera y su madre era ama de casa.
De acuerdo a lo publicado en otro artículo de Haaretz, en 1995 Ben Gvir salió en televisión tras haber logrado arrancarle la estrella del Mercedes de Isaac Rabin, en aquel momento primer ministro del país, durante una protesta contra los Acuerdos de Oslo. Semanas más tarde, Rabin fue asesinado por un militante de extrema derecha. Desde aquel momento, su primera juventud fue una sucesión de imputaciones relacionadas con su militancia, incluido el delito de odio que incluso le imposibilitó hacer el servicio militar obligatorio.
Un colono más
Como firme defensor del sionismo teocrático, Ben Gvir cree firmemente en la idea del Gran Israel. Es decir, en que el «pueblo judío» debe expandirse hasta unos límites territoriales establecidos según una interpretación moderna de la Biblia. Para ello, considera que es necesario «expulsar a todos los árabes [musulmanes]» mediante políticas de «migración voluntaria» de palestinos hacia otros países árabes.

Kiryat Arba, un asentamiento israelí cercano a Hebrón, situado en los territorios palestinos ocupados ilegalmente por Israel, según la ONU. En este asentamiento estableció una relación estrecha con otro supremacista judío, Bentzi Gopstein, a quien Reino Unido y Canadá también terminaron sancionando por su incitación a la violencia contra los palestinos.
Para llegar hasta Jerusalén, donde se encuentra el Knéset -Parlamento israelí-, Ben Gvir debe atravesar poblados y tierras agrícolas palestinas, cada vez más fragmentadas por la presencia de checkpoints y puestos avanzados israelíes, también considerados ilegales por el derecho internacional. Antes de ocupar un escaño por Poder Judío y de necesitar escolta, Ben Gvir contó a Haaretz que, pese a los riesgos que entrañaba recorrer los territorios ocupados, conducía «un coche sin blindaje y con ventanillas abiertas», porque tenía «una misión importante allí» y aquella tierra le «pertenecía».
Incursiones en barrios palestinos
En 2021, el barrio palestino de Jerusalén Este, Sheikh Jarrah, fue un foco de tensión étnica debido a una orden de desalojo contra varias familias palestinas. Los enfrentamientos entre quienes defendían su derecho a quedarse y quienes se movilizaron contra la presencia de árabes en Jerusalén terminó por desatar una contienda civil de casi dos semanas en la ciudad santa. En este contexto, Itamar Ben Gvir, se presentó como defensor de los colonos israelíes.
No sería ni la primera ni la última vez que el diputado entraría en escena para caldear los ánimos. En diciembre de aquel mismo año se filtró un vídeo suyo apuntando con un arma a dos guardias de seguridad árabes. En octubre de 2022, poco antes de la repetición electoral que le hizo ministro, volvió a visitar el barrio de Sheikh Jarrah, arrastrando con él a una turba de militantes de extrema derecha.
Ya como ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir visitó en enero de 2023 los alrededores de la Mezquita Al Aqsa, uno de los lugares sagrados para el islam. Aquello fue visto como una provocación no solo para los palestinos, sino para todo el mundo musulmán. La oleada internacional de indignación por aquel gesto llevó a la UE a cancelar la recepción del Día de Europa en Israel, acto en el que Ben Gvir debía participar. En aquel momento parecía que el termómetro social en los territorios dominados por Israel no podía alcanzar cotas más altas de tensión. El tiempo demostró que no era así.
Tras los ataques de Hamás contra civiles y militares israelíes el pasado 7 de octubre de aquel año, la impunidad del Ejecutivo que integra Ben Gvir ha demostrado no tener apenas límites. Durante los casi tres años de genocidio israelí contra la Franja de Gaza, el ministro de Seguridad Nacional ha visitado hasta en cuatro ocasiones laExplanada de las Mezquitas de Jerusalén. El lugar, que está teóricamente administrado por Jordania, debía ser un espacio de culto para musulmanes de todo el mundo. En cambio, Ben Gvir ha insistido en el derecho de los israelíes de rezar en él.
La medida estrella: la reforma de la pena de muerte
Si la investidura en 2022 de Itamar Ben Gvir como ministro de Seguridad Nacional lo convirtió en el carcelero de Israel, la aprobación en el Kenéset de la reforma de la pena de muerte propuesta por su partido lo coronó como el verdugo de los árabes en el territorio dominado por Israel. El pasado 31 de marzo, día de la votación del texto final, Ben Gvir trató de abrir una botella de champán para celebrar la victoria de su medida estrella. Tuvo que descorcharla fuera del hemiciclo, donde brindó con los diputados de Poder Judío. Tres días después, la esposa del ministro, Ayala Nimrodi, le llevó al Knéset una tarta con el dibujo de una horca para celebrar su cumpleaños.

La nueva norma, que entró en vigor el pasado 19 de mayo, no nombra específicamente a los palestinos como los únicos sujetos a los que se les aplicará la ley. Sin embargo, de facto, sólo podrá ser aplicada a ellos. Como explicó a Público el responsable de Europa y Oriente Medio para Amnistía Internacional, Carlos de las Heras, esta pena solo puede imponerse a «personas que puedan acabar con la vida de un ciudadano israelí», siempre y cuando un tribunal interprete que esta muerte se ha producido con «motivaciones racistas u hostiles contra la población israelí» y que, además, busque «dañar al Estado de Israel o al renacimiento del pueblo judío».
Nada de esto se contempla que pueda ocurrir por parte de un ciudadano judío israelí, por lo que su ámbito de aplicación se circunscribe únicamente a los palestinos. Actualmente, la ley ha sido impugnada en el Tribunal Supremo por la Asociación por los Derechos Civiles en Israel, el último muro de contención de la norma. De momento, los jueces no han emitido ningún veredicto al respecto.
Mientras tanto, Ben Gvir continúa paseándose por las cárceles de Israel en las que se retienen a palestinos. Según varias organizaciones de derechos humanos -Addameer o B’Tselem, entre otras-, muchos de ellos permanecen privados de libertad sin que nadie —ni siquiera sus abogados— conozca los presuntos delitos que han cometido. Algunos son encarcelados de forma arbitraria, a la par que se han registrado numerosas torturas y muertes en ellas.
Ben Gvir tiene la costumbre de grabar sus visitas a las prisiones para palestinos. Algunos de estos vídeos han dejado para la posteridad imágenes en las que el ministro humilla a los detenidos, de manera aún más humillante que como lo hizo con los viajeros de la Flotilla de la Libertad. En contraposición, cuando en 2024, la fiscalía castrense inició una investigación contra varios funcionarios de prisiones israelíes por la brutal violación de un prisionero palestino, Ben Gvir salió en su defensa. Y ello, pese a que el control de las cárceles militares y su personal excede su jurisdicción. En referencia al hacinamiento en las prisiones, afirmó que quienes estaban allí detenidos «son terroristas, y les doy lo mínimo que requiere la ley».