El Tribunal Supremo permite que Trump pueda diluir el voto negro
Golpe a medio siglo de lucha por la igualdad en EEUU
Mirko C. Trudeau
La sentencia, que impide rediseñar los distritos electorales en EEUU en base a criterios raciales, supone un duro revés a los logros del movimiento de los derechos civiles.
En su campaña por interferir en el derecho a voto, Donald Trump ha conseguido una gran victoria La reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre la distribución de los distritos electorales en Luisiana ha abierto la puerta para que los republicanos puedan diluir la representación del voto negro en todo el país.
En una votación (6-3), el tribunal dio la razón a los demandantes contra el Estado de Luisiana por haber creado un segundo distrito de mayoría negra. Pero a la vez, la supermayoría conservadora desactivó parte de la Ley de Derechos Electorales que protegía los derechos de las minorías.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos desactivó este miércoles una parte esencial de la Ley del Derecho al Voto de 1965, una de las grandes conquistas de la era de los derechos civiles. En una votación (6-3) en la que el bloque conservador hizo valer su supermayoría, el tribunal dio la razón a los demandantes contra el Estado de Luisiana por haber creado un segundo distrito de mayoría negra. Para ello, sus legisladores se ampararon en la sección segunda de la norma, que quedó cercenada con el fallo del alto tribunal.

El razonamiento del Supremo desactivó la sección segunda de la ley de Derechos Electorales, ganada durante la época de la lucha por los derechos civiles. El Supremo no solo estableció jurisprudencia, sino que también borró de un plumazo la sangre de los miles de estadounidenses que lucharon contra los supremacistas blancos segregacionistas en estaciones de autobuses y juzgados en pos de una igualdad política.
La Ley del Derecho al Voto, impulsada por el senador John Lewis (1940-2020), supuso un gran avance en la reconciliación de un país con un doloroso pasado esclavista en el que la discriminación racial pervivió en grandes porciones de su territorio durante décadas, tras el fin de la Guerra de Secesión. La ley, que ha estado en el punto de mira de los conservadores durante décadas, prohibió también las prácticas electorales discriminatorias, como exigir pruebas de alfabetización para votar o la aplicación de impuestos para el sufragio.
Durante 60 años ha contribuido en gran medida a aumentar la representación de las minorías en los cargos estatales y federales. Tuvo, además, consecuencias inmediatas: según cuenta Ari Berman en su libro (titulado como un famoso discurso de Martin Luther King) Give Us The Ballot. The Modern Struggle for Voting Rights in America (Dennos la papeleta. La lucha moderna por el derecho al voto en Estados Unidos. Picador, 2015), “hizo que el número de votantes negros registrados en los Estados del Sur pasara del 31% al 73%, y que los representantes afroamericanos crecieran en todo el país de 500 a 10.500”.
Este Supremo es el mismo que hace un par de años dio un golpe mortal a la discriminación racial positiva en las universidades con una sentencia que anuló los sistemas de selección de las de Harvard y Carolina del Norte. En la práctica, puso fin a décadas en las que se favoreció principalmente a estudiantes negros y latinos con la idea de que los centros educativos debían darles más oportunidades en interés de una sociedad, y de unos centros de poder, más diversos.
Cuando los estados ya no podían negar el voto a los afroamericanos, utilizaron mapas electorales y sistemas de elección general para dar poca o ninguna importancia a los votos de los ciudadanos pertenecientes a minorías», escribe en su comunicado la EJI.
En líneas similares también se expresa la NAACP, otra organización dedicada a luchar por los derechos de los afroamericanos y personas negras. «Este fallo supone un importante revés para nuestra nación y amenaza con erosionar las victorias que tanto nos ha costado conseguir, por las que hemos luchado, derramado sangre y muerto», escribió en un comunicado de emergencia la organización.

Vuelve a ser un reflejo de cómo la geografía y el urbanismo no son neutrales, sino que aún existen zonas de mayoría negra y otras de mayoría blanca. Además de que históricamente siempre ha habido una clara inclinación a votar demócrata entre los afroamericanos y negros.
Al observar un mapa de los patrones de votación en EEUU es fácil encontrar zonas azules rodeadas de rojo. Los votantes demócratas (azul) tienden a concentrarse en áreas urbanas densamente pobladas. Los votantes negros, justamente, también tienden a concentrarse en estas áreas debido a que los suburbios tienen una larga tradición de leyes de zonificación que dificultan la construcción de viviendas asequibles.
El Supremo, al dictaminar en su sentencia que la raza no puede considerarse al trazar los límites de los distritos, y que solo debe tenerse en cuenta la ventaja política, abrió la puerta para que los republicanos rediseñen los mapas electorales en poder de sus rivales. Especialmente en el sur del país, donde se conocen como de mayoría minoritaria, al tratarse de circunscripciones en las que un grupo minoritario en la composición demográfica del conjunto del país, por ejemplo, los afroamericanos, representa más del 50% de la población.