Colombia va a la urnas: el primer test electoral hacia las presidenciales

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Observatorio en Comunicación y Democracia (Comunican)

Colombia irá a las urnas el próximo 8 de marzo para una elección que, aunque formalmente es legislativa, funcionará en la práctica como el primer gran test del año electoral. 

Ese día se renovará el Congreso de la República (Senado y Cámara) para el período 2026-2030, pero además se celebrarán consultas interpartidistas que buscan ordenar la oferta de candidaturas presidenciales rumbo a la primera vuelta del 31 de mayo, con eventual balotaje el 21 de junio. En total, más de 41 millones de colombianos están habilitados para votar dentro y fuera del país. La entidad instalará más de 13.700 puestos de votación y habilitará 125.259 mesas para la jornada electoral.

El año 2026 representa para el Pacto Histórico un ciclo de evaluación definitiva. El electorado colombiano determinará el respaldo construido por la izquierda en su primera experiencia como fuerza de gobierno y con representación mayoritaria en ambas cámaras del Legislativo. Tras cuatro años, los resultados –tanto del Ejecutivo como del Legislativo– son complejos de medir.

Sin embargo, la experiencia adquirida obliga a preguntarnos qué lecciones quedan para la izquierda y cómo puede incorporarlas en futuros ejercicios de gobierno. Para ello, se revisarán cuatro ejes fundamentales de todo partido político: el reclutamiento de élites, la conexión con las bases, la articulación del Estado y la competitividad electoral.

En las legislativas se renuevan 103 escaños del Senado y 183 de la Cámara. Se proyecta una consolidación del Pacto Histórico en el Senado apoyado por fuertes bloques regionales y una mejora del Centro Democrático. La incógnita será la performance de las listas de Salvación Nacional, conocidas como listas del Tigre que empuja Abelardo de la Espriella.

Esas listas tienen al menos dos particularidades. La primera es que lleva varios pastores de iglesias cristianas buscando, como él dice, ser el “Ciro de Colombia” y apostando a que los creyentes sean un ejército dispuesto a servir a su campaña presidencial. La segunda particularidad es que en varias de ellas existen lugares vacantes.

Para el período 2026-2030 se mantendrán las 16 curules de las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz (CITREP), destinadas a garantizar representación política a víctimas del conflicto armado en zonas especialmente afectadas por la violencia.

De cara a mayo el escenario más probable es de alta polarización, con segunda vuelta entre izquierda y derecha/extrema. Un escenario menos probable implicaría la emergencia de un candidato moderado con capacidad de coalición, mientras que la fragmentación extrema aparece como hipótesis residual.  El proceso electoral se configura como un plebiscito implícito sobre la continuidad o ruptura del proyecto político que llevó a la izquierda al poder con Gustavo Petro.  El electorado se encuentra movilizado por factores identitarios, económicos y de seguridad, en un clima de competencia ideológica intensa.

Gustavo Petro, Claudia López, Vicky Dávila y María Fernanda Cabal, precandidatos a la presidencia
Gustavo Petro, Claudia López, Vicky Dávila y María Fernanda Cabal, precandidatos a la Presidencia

Esta jornada tendrá una particularidad clave: los dos candidatos que hoy encabezan las encuestas nacionales —Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella— no participarán en las consultas interpartidistas de marzo. Ambos ya tienen consolidadas sus candidatura y competirán directamente en la primera vuelta presidencial.

En el caso de Iván Cepeda, fue el Consejo Nacional Electoral el que lo excluyó bajo el argumento de que ningún candidato puede participar en más de una interna interpartidista y que el candidato del Pacto Histórico fue ungido en una consulta en octubre de 2025.

Por su parte, Abelardo de la Espriella prefirió no participar de la alianza de la derecha por considerar que su “alianza es con el pueblo” aunque no descartó trabajar luego para la unidad de dicho espectro ideológico. El propio expresidente y líder de la derecha colombiana Álvaro Uribe anticipó, incluso antes de iniciada la campaña electoral, que en una eventual segunda vuelta entre el petrismo y De la Espriella acompañaría a este último. Anticipo que no cayó bien entre los partidarios de Cambio Democrático.

Al no estar presentes los punteros, el 8 de marzo pierde parte de su atractivo competitivo. Las consultas no definirán quién lidera la carrera presidencial, sino quién intentará posicionarse como alternativa frente a una polarización ya instalada entre izquierda y la extrema derecha. La jornada funcionará como una disputa por el tercer lugar y por la reorganización del centro y la centroderecha de cara a una probable segunda vuelta.

Entre el prematuro repertorio de posibles candidatos hay exministros, actuales funcionarios, exmandatarios locales y otros.
En el repertorio de candidatos hay exministros, actuales funcionarios, exmandatarios locales y otros.

Las tres consultas que se celebrarán en un mismo tarjetón son: la Consulta de las Soluciones (centro), encabezada por Claudia López; la Gran Consulta por Colombia (centroderecha), donde compiten desde outsiders como Vicky Dávila hasta dirigentes de trayectoria como Paloma Valencia, Juan Manuel Galán, Juan Carlos Pinzón y Juan Daniel Oviedo; y el Frente por la Vida (centroizquierda), liderado por Roy Barreras, tras la exclusión de Iván Cepeda.

La consulta de centro anticipa la victoria de la primera alcaldesa electa por el voto popular, mientras que la de centroderecha avecina una ventaja de Paloma Valencia, por la propia estructura del partido Centro Democrático y por el apoyo explícito del expresidente Álvaro Uribe, quien incluso empuja su candidatura con la lista del Senado, donde va personalmente en el número 25.

La de centroizquierda tras la salida de Iván Cepeda, deviene en una consulta hecha a la medida de Roy Barreras para traccionar el voto de la izquierda dentro de un padrón nacional e intentar convencer al propio Gustavo Petro de las bondades de una posible candidatura progresista que pueda ampliar al centro en la primera vuelta.

Más de 20 millones de electores están habilitados para votar, por lo que el incentivo de los precandidatos es medirse en clave nacional y proyectar volumen político hacia mayo. Quizás no ha existido en la historia un Estado tan violento como el colombiano. Desde la década de 1980, se contabilizan 5 millones de desplazados, más de 100.000 desaparecidos, 3.000 sindicalistas asesinados, y un promedio de 10.000 asesinatos con tinte político al año.

El escenario electoral está atravesado por cuatro ejes prioritarios: seguridad y violencia; corrupción; economía y costo de vida; y agenda internacional, particularmente la relación con Estados Unidos y la crisis venezolana. Estos factores estructuran la competencia y refuerzan la polarización. Profundizando clivajes a menos de dos semanas de las elecciones Gustavo Petro firmó la solicitud para que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente.

La confianza ciudadana en las instituciones electorales es limitada y desigual. Mientras la Registraduría mantiene mayor credibilidad operativa, el Consejo Nacional Electoral enfrenta mayores cuestionamientos. La violencia política, el clientelismo y la influencia de actores armados erosionan la percepción de imparcialidad del sistema y elevan la demanda de transparencia.

En el campo de lo electoral, la construcción del Pacto Histórico ha sido, sin duda, víctima de un bloqueo por parte de las autoridades electorales. A través de decisiones fundamentadas en lo formal, pero abusando de los límites de la interpretación con tal de fracturar el proceso político de la izquierda, han imposibilitado la construcción efectiva de un partido único.

*Colectivo del Observatorio en Comunicación y Democracia (Comunican), Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA)