José Luis Rodríguez
Envalentonado con su agresividad, en medio de la impunidad -permitida por los pusilánimes en todo el mundo- para imponer por la fuerza la voluntad del gobierno neofascista de EE.UU., el presidente Donald Trump ha implementado, a finales del mes de enero del presente año, un bloqueo energético con el que pretende rendir a la Revolución cubana.
Esta nueva medida, que coloca al país frente a una situación de persecución total a la importación de combustible, que impacta directamente en la carencia de alimentos, medicinas y otros medios elementales para la vida de todo un pueblo, es la expresión más clara del carácter genocida del actual gobierno norteamericano en la actualidad.
Esta nueva medida se suma a un bloqueo económico con el que se ha estado golpeando a la sociedad cubana en los
últimos 67 años y manifiesta la impotencia de los gobernantes norteamericanos, que durante todo este tiempo, han tratado de destruir la obra de la Revolución sin lograrlo, pero sí causando enfermedades y muertes a muchos cubanos que se han alzado contra las agresiones, incluyendo ataques militares, como la frustrada invasión
de mercenarios que fueron derrotados en Playa Girón en 1961, sabotajes, como el derribo de un avión cubano de
pasajeros en 1976, o la introducción de epidemias como el dengue hemorrágico, que cobró la vida de decenas de
niños en 1981.
Encima de tanto escarnio, se ha venido desarrollando una narrativa por el propio gobierno que nos ataca, para
presentar las dificultades actuales y pasadas, como consecuencia de un gobierno incapaz de desarrollar el país, como si el bloqueo no existiera.
Valdría la pena preguntarse ¿qué gobierno en el mundo se hubiera sostenido en el poder con semejantes medidas siquiera semanas o meses? ¿cómo exigir a los dirigentes cubanos que sean eficientes y exitosos, si se nos niega todo a través de un complejo sistema de sanciones que se ha fortalecido a través de decenios sin pausa?
Lógicamente también se olvida que aun en las más duras circunstancias, Cuba pudo crecer a un ritmo superior al
3% promedio anual entre 1959 y el 2019, creando -simultáneamente un sistema de salud, que aseguró la
elevación de la esperanza de vida de la población de 61 a 78 años, o elevó la educación de la población para
desarrollar -desde los años 60- un potencial científico que hoy ha permitido desarrollar la producción de
medicamentos -de base biotecnológica- con esfuerzos propios para luchar contra epidemias como la COVID 19
y enfrentarla exitosamente con vacunas creadas por nuestros científicos.
Lo que realmente todos los gobernantes de EE.UU. no pueden perdonarle al pueblo cubano, es el haber resistido
todo el arsenal de medidas que han aplicado contra Cuba y que nos neguemos a ser nuevamente una neocolonia de
Norteamérica, como lo era el país antes de 1959. Es la fuerza de un ejemplo imbatible lo que concita el odio y la crueldad contra el pueblo cubano.
Ese mismo pueblo es el que ha enviado más de 600 mil especialistas en medicina -desde 1962 hasta el presente-
para ayudar a otros pueblos a preservar su salud. Es el mismo pueblo el que envió a más de 300 mil combatientes,
que lucharon y derramaron su sangre en Africa para preservar la independencia de Angola y Namibia, así
como derrotar el régimen del apartheid en Suráfrica.
Ahora el fascista que gobierna en Norteamérica se muestra dispuesto a matarnos de hambre y enfermedades,
o a perseguir nuestras brigadas médicas en todo el mundo o a invadir el país con el ejército de EE.UU.
Para colmo del cinismo y la indecencia, ahora Donald Trump desarrollando la falsa narrativa de que “se está
desarrollando un diálogo con la alta dirección cubana” para -en medio del ahogamiento energético-, decir que se
puede llegar a un arreglo con Cuba, si está dispuesta a escuchar las recomendaciones del gobierno norteño y que
si no lo hace, la culpa -nuevamente- será del gobierno cubano. Esa es la variante de “paz mediante el uso de la fuerza” aplicada en Gaza, Venezuela o Irán, que se pretende aplicar ahora en el caso de Cuba.
Frente a la dura realidad que Cuba enfrenta hoy la estrategia de lucha de nuestro pueblo se basa en principios que priorizan la lucha por la unidad frente al enemigo y la emancipación basada fundamentalmente en esfuerzos propios.
Desde luego que apreciamos en alta estima, ejemplos de solidaridad con Cuba de gobiernos amigos o movimientos
sociales, pero la mayoría de nuestro pueblo se batirá contra el invasor en la primera línea de combate y para ello se prepara militarmente de forma constante si EEUU. se atreviera a invadirnos militarmente.
Estamos convencidos de que tenemos las fuerzas suficientes para resistir todo tipo de agresiones y no nos vamos a rendir. Incluso en el campo energético, se avanza aceleradamente en el uso de la energía solar para la generación eléctrica, con la cual ya se producen hasta 1000 megawatts diarios, de un programa que pretende tener un mayor grado de autonomía energética a corto y mediano plazo.
El espíritu de combate que nos viene dado por nuestra historia -que comenzó en el siglo XIX en la lucha por la
independencia- se ha probado muchas veces y aunque siempre ha habido seres débiles ante las dificultades, la
mayoría de nuestro pueblo se mantiene firme y se muestra creativo para encontrar soluciones flexibles que no
pongan en juego la soberanía nacional y la independencia.
Finalmente y aún en medio de enormes dificultades, hoy los cubanos podemos parafrasear al general Antonio
Maceo que expresó en medio de la lucha por la independencia del país que “Quien pretenda apoderarse
de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha.”
* Economista cubano que ocupó los cargos de Ministro Presidente del Comité Estatal de Finanzas y Ministro de Finanzas y Precios (1993-1995), Ministro de Economía y Planificación (1995 – marzo de 2009); y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (1997-2001).