¿Trump hundió a la oposición en Venezuela?

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Pedro Brieger

Desde que Hugo Chávez asumió la presidencia en enero de 1999, los diferentes sectores opositores tuvieron un solo objetivo: sacarlo del poder. Veintisiete años después –y a casi trece de su muerte– siguen empeñados en destruir el movimiento político que creó.

Su mayor dificultad radica en reconocer que el chavismo se convirtió en un movimiento popular y potente, sostenido por los sectores históricamente marginados.  El relato opositor, instalado en gran parte por los medios de comunicación internacionales, sostiene que Venezuela antes de Chávez era casi un paraíso, lo que es falso.  Si fuera cierto, no se podría comprender por qué un militar sin experiencia política obtuvo el 56 por ciento de los votos en la elección de 1998. Más del 96% de la población venezolana se encuentra en condición de ...

En su cobertura electoral la agencia Inter Press Service (IPS) consignaba entonces que 78 por ciento de la población vivía en condiciones de pobreza, a pesar de los millones de dólares que habían ingresado por los altos dividendos del petróleo en la década de 1970.  Esa era la verdadera Venezuela.

La oposición sin rumbo

La oposición a Chávez fue mutando a lo largo de los años.  Los dos grandes partidos tradicionales –el socialdemócrata Acción Democrática y el democristiano COPEI- fueron perdiendo espacio y aparecieron nuevas formaciones y liderazgos que probaron diversas vías para derrocar al chavismo.  En abril de 2002 organizaron un golpe de Estado que fracasó porque miles de personas salieron a las calles para defender a Chávez.  Meses después paralizaron la producción petrolera.  En 2004 lograron convocar un referéndum para revocar el mandato de Chávez, y lo perdieron. 

Boicotearon procesos electorales, fueron derrotados cuando participaron, e intentaron violentas salidas insurreccionales, incluso buscando que las FFAA derrocaran al gobierno.  En 2019 Juan Guaidó se autoproclamó presidente en una plaza pública con el respaldo posterior de Donald Trump y el apoyo de varios presidentes latinoamericanos, para luego convertirse en una figura marginal.  Como si esto fuera poco, hubo quienes, como María Corina Machado, llamaban abiertamente a la intervención militar de los Estados Unidos.

La agenda de Trump no es la de la publicitada María Corina Machado. Ni así llegó a la presidencia.

La intervención se produjo el 3 de enero, pero fue muy diferente de lo que pensaban o soñaban.  Es posible que María Corina Machado creyera que iba a regresar triunfante de la mano de Trump, sin tomar en cuenta que la agenda del presidente de Estados Unidos no es necesariamente la suya.   El secuestro de Maduro, dejando intacta la estructura institucional del chavismo, los descolocó por completo, especialmente a los sectores más radicales.  Estos ni siquiera tuvieron la capacidad de movilizar en las calles a sus seguidores, tal vez exhaustos tras repetidas promesas de un colapso inminente del chavismo que tampoco se produjo con el secuestro del presidente. 

Revisando las declaraciones de los principales referentes y las innumerables columnas de opinión en los medios opositores venezolanos (desde Efecto Cocuyo hasta El Nacional, pasando por Tal Cual o La Patilla), se puede ver que debaten sobre “La Transición”, sin saber cómo será ni los plazos, porque ya no depende de ellos.  Hoy las cartas las tiene Trump y las juega a su antojo.  Sin ir más lejos, al explicar por qué secuestró a Maduro habló una y otra vez del petróleo y no mencionó la palabra democracia, como si no le importara.

Siete partidos opositores, incluido el de , anuncian ...
Henrique Capriles Radonski

Para peor, ni siquiera se consulta a los referentes opositores.  De hecho, en la reunión de Trump con los empresarios petroleros para analizar las inversiones en Venezuela, los que brillaron por su ausencia fueron –justamente- los venezolanos.  Por eso Henrique Capriles –dos veces candidato presidencial y electo diputado para el período 2026-2031, sostiene que la agenda de la Casa Blanca es diferente a la de los venezolanos y que “Venezuela no puede ser vista como un business”. 

A nadie se le escapa –tampoco al Departamento de Estado- que el arco opositor es amplio, heterogéneo y dividido hace tiempo por tener proyectos políticos y personales diferentes, acentuados después del 3 de enero.  Hoy ese arco está compuesto por los históricos partidos, varios medios de comunicación, nuevas formaciones políticas -con o sin representación parlamentaria-, movimientos con reivindicaciones específicas (por ejemplo: la liberación de presos políticos) y otros que se expresan solo en las redes sociales. 

Las diferencias saltaron a la vista al momento de opinar sobre el secuestro de Maduro.  Mientras algunos celebraron la intervención militar y el secuestro (Machado, Guaidó, González), otros (Capriles) la rechazaron.  

La nueva coyuntura política los obligó a reformular sus propuestas. Están quienes sostienen que hay que respetar el resultado de julio 2024 considerando que Edmundo Gonzalez fue electo presidente, otros piden elecciones a corto plazo y algunos esbozan la posibilidad de una Asamblea constituyente.  También están quienes buscan un nuevo “pacto”, similar al llamado “Pacto de Punto Fijo” de 1958 cuando cayó la dictadura de Pérez Jiménez y los principales partidos de la época (AD, COPEI y la Unión Republicana Democrática-URD) acordaron un proceso de transición.

El plan de Trump

El plan esbozado por el presidente de Estados Unidos parece sostenerse sobre tres pilares: 1) Lograr estabilidad en el país y evitar el caos que provocaría enfrentamientos violentos. Por eso reconoce como interlocutor al gobierno de Delcy Rodríguez que hoy garantiza esa estabilidad. 2) Recuperación económica que le permita a las empresas estadounidenses tener acceso y/o controlar los recursos petroleros. 3) Por último, en el discurso de la Casa Blanca solo hay referencias vagas a una transición política.  Esto se vio con claridad cuando Trump no le atribuyó cualidades para gobernar a María Corina Machado ni reconoció a Edmundo González como presidente legítimo.  

Ese enfoque choca con los planes de la oposición que siempre consideró la estabilización y la recuperación económica como una etapa posterior al derrocamiento del chavismo y su neutralización política.  Trump invirtió el orden que tenían en mente porque plantea primero arreglar el sector petrolero, después el país y más tarde, tal vez, comenzar un incierto proceso político. 

Por otra parte, la estabilidad política y económica del actual gobierno favorece al chavismo y es lo último que podía desear toda la oposición, desde los más moderados hasta los más radicales.  Si existe estabilidad y la economía se recupera, es probable que la mayoría de la población deje a la política en un segundo plano cansada de la polarización y los enfrentamientos.

Se puede decir que el imprevisible Trump dinamitó el libreto de la oposición. Su llamado, el 31 de enero, a “juntar a las partes y hacer algo” volvió a descolocar a los sectores más radicales.  ¿Estará pensando Trump en un borrón y cuenta nueva con Venezuela? 

Solo él lo sabe.

*  Sociólogo y periodista argentino