La “nueva era” de latinos socialistas en Nueva York

"Si el Partido Demócrata quiere liderar debe crear una solución al problema migratorio”

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Carla Gloria Colomé

En la portada número 304 de The Indypendent, un periódico “gratuito y progresista” en papel gris, que los neoyorquinos consiguen en bibliotecas, lavanderías, salas de conferencias o estaciones de metro, aparecieron, de espaldas una a la otra, Claire Valdez y Darializa Ávila Chevalier, ambas con la sonrisa amplia, por aquellos días de junio en que el alcalde Zohran Mamdani las endosó durante las primarias demócratas del Estado.

Claire Valdéz, Diana Moreno y Darializa Ávila Chevalier.Varios de estos políticos se han unido en el llamado de abolir el ICE y de exigir una reforma migratoria que ampare a los indocumentados en EEUU

Cuando finalmente se convirtieron en las candidatas para los comicios de noviembre de cara al Congreso, Valdez y Chevalier agarraron el número de The Indypendent, recrearon en persona sus propias poses dibujadas en la portada, victoriosas y asombradas de que el futuro hubiese sido reseñado para ellas desde antes. Llamaba la atención un detalle: ambas eran latinas, la primera, de raíces mexicanas; la segunda, de padres dominicanos. Ambas alternaban en sus campañas el español y el inglés, se autonombraron socialistas, y les inquietaba lo que les ocupa hoy a la gente como ellas: que la migra se lleve al vecino o que el salario no alcance hasta final de mes.

Poco después de las primarias, la página de Instagram DSA Latinos Socialistas invitaba a todos a un conversatorio, donde iban a vender empanadas venezolanas y, de paso, recogerían fondos para ayudar a los venezolanos sobrevivientes de los sismos. Eran cuatro los panelistas de la charla: la ecuatoriana Diana Moreno, quien había ocupado el puesto vacante de Mamdani como asambleísta estatal por el Distrito 36 de Queens; Illapa Sairitupac, hijo de inmigrantes peruanos indígenas, a quien también respaldó Mamdani y que ganó las primarias demócratas para el Distrito 65 de la Asamblea estatal, además de Claire Valdéz, candidata para el escaño de la Cámara por el distrito 7, y Darializa Ávila Chevalier, la candidata a la Cámara por el 13.

En un cartel, en letras grandes, se podía leer: “La política socialista latina en Nueva York: una nueva era”. Estaban acuñando que los tiempos eran otros. Eran todos rostros frescos, de gente en sus treinta; ninguno tenía aún los rasgos ni la cadencia de un político común. Venían de ser organizadores comunitarios, artistas, estudiantes de PHD, graduados de Ciencias Políticas o trabajadores sociales. La política aún no había dejado ninguna huella en ellos, ni habían prometido nada que no hubiesen cumplido, y por tanto la gente salió a la calle a elegirlos para deshacerse de los viejos peones del establishment.

Eran parte —y también resultado— del aura que dejó Mamdani en una elección que resucitó a la izquierda estadounidense, y por tanto compartían lo que, como generación y como miembros de los Socialistas Democráticos de América (DSA), otros también defendían: el rechazo a cualquier dinero que llegara de manos del Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC), la condena al genocidio en Gaza y la apuesta por ciudades más asequibles.

Pero una cosa distinguía a los políticos latinos del resto de sus colegas: cuando hablaban de abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, es decir, el ICE, no veían en la idea solo una apuesta política necesaria, sino la posibilidad de terminar con una agencia que detiene y deporta a los migrantes; y los migrantes siempre fueron sus propias familias, los amigos o el vecino. “En la fiesta o en la mesa del comedor se hablaba sobre cuánto costaba cambiar el estatus migratorio, si a la vecina le estaba pasando algo con la migra. Esa era la forma en la que se hablaba de política en mi casa”, dijo Chevalier a EL PAÍS, recordando los días en que aún era la niña que nació en Miami.

Cuando estos candidatos hablan de derechos laborales, lo hacen después de haber sido empleados y cobrado muy poco la hora: “He tenido que trabajar desde que tenía 14 años”, cuenta Valdéz, que creció en Lubbock, al noroeste Texas. “Trabajé en restaurantes de comida rápida y en supermercados. Una vez, en un Taco Bell, me equivoqué con una orden y mi gerente puso esos tacos frente a mi cara y me dijo: acabas de desperdiciar siete dólares de nuestro producto. Los tiró a la basura de una manera muy dramática para hacerme sentir mal. Me pagaban 7,25 dólares la hora, así que esos tres tacos valían una hora de mi vida”.

Estos nuevos políticos latinos vienen de familias que empeñaron tiempo y dinero para que ellos estudiaran, luego se mudaron de ciudad o de país, llegaron a Nueva York, y están ocupando o aspirando a puestos federales o estatales. No es que fueran los primeros latinos en la política local o nacional: para entonces ya había nombres como Tiffany Cabán, Alexa Avilés, Marcela Mitaynes, Jessica González-Rojas, Kristen González, o la importante figura de Alexandria Ocasio-Cortez, pero ahora se sumaban más, en un momento, según ellos mismos, muy particular.

Socialists US
Zohran Mamdani, tercero desde la izquierda, junto a Claire Valdez, Brad Lander y Darializa Avila Chevalier

“Estamos siendo atacados por agencias como el ICE y, obviamente, el alto costo de la vida nos impacta muchísimo a las familias latinas”, asegura Moreno, quien llegó de niña desde Ecuador con su hermana y sus padres, que trabajaron lavando platos en un restaurante mexicano o limpiando cuartos de hotel para sobrevivir. “Nuestra comunidad está viviendo con mucho miedo. Trump está creando gente indocumentada, porque está acabando con todos los programas de estatus de protección temporal, de asilo, y eso es lo que nosotros también tenemos que liderar”.

Al igual que resulta sintomático que la fuerza del DSA haya llegado, precisamente, con la era Trump, como una reacción casi inmunológica, a Moreno le parece bastante coherente que cada vez más latinos estén interesados en las políticas de los socialistas en Estados Unidos. Su discurso los incluye, el del contrario los aparta. “Es como un espejo de lo que está ocurriendo en Latinoamérica, donde tenemos muchos gobiernos que, lamentablemente, con el apoyo de la Administración de Donald Trump, han acudido a la ultraderecha. En Latinoamérica la gente está viviendo también la misma crisis de asequibilidad”.

Si el próximo año Chevalier llega al Congreso, será la primera mujer dominicana en haberlo conseguido. Lo ve como una ganancia. “Sería una de las pocas personas en el Congreso que puede hablar directamente en español con la comunidad latina”. asegura. “Estamos viendo más y más latinos votando por Trump, pero no podemos quejarnos cuando nosotros no estamos hablándole directamente a esa comunidad. Es para mí una responsabilidad muy grande tomar esta posición, tomar este puesto, una responsabilidad con mi distrito en Nueva York, pero también con una comunidad que se ha sentido abandonada”.

El distrito que representa Valdéz, que abarca partes de Brooklyn y Queens, ha sido por décadas el hogar de comunidades latinas que últimamente han tenido que desplazarse por los altos precios y la gentrificación. Ella quiere hacerse cargo. “Es realmente importante que tengamos socialistas latinos y latinas, que vayan a Washington para luchar específicamente por esas comunidades”, dice. “Especialmente en mi distrito, existe una larga historia de organización, particularmente dentro de la diáspora puertorriqueña, de luchar contra los malos propietarios, construir hogares y comunidades específicamente en Bushwick y Williamsburg. Es la misma comunidad que ahora está bajo ataque debido al aumento de los alquileres, los bajos salarios, las malas condiciones de trabajo y el acoso del ICE”.

Y esta es, precisamente, una de las peticiones comunes que tienen todos estos candidatos y que piensan llevar a Washington, Albany o City Hall: unirse para abolir ICE. “Si recuperamos la Cámara de Representantes, habrá una mayoría demócrata en el Congreso que abrirá mucho espacio para que podamos hacer algún trabajo. Tenemos que abordar la crisis migratoria. Tenemos que empezar a ejercer una verdadera supervisión sobre el ICE. Esa agencia tiene que ser abolida y tenemos que impulsar una política migratoria que sea humana, que sea acogedora”, sostiene Valdés.

Chevalier, por su parte, dice que es posible volver a un país como en el que ella nació, cuando aún no existía una agencia como el ICE. “Lo que estamos viendo es un riesgo enorme a la seguridad de nuestra comunidad, a la gente la están matando en la calle, los están separando de sus familias, están separando niños, encarcelándolos y desapareciéndolos en centros de detención. Eso no produce seguridad para nadie. No hay ninguna razón por la cual un proceso civil tenga que parecer un campo de concentración”.

Agentes de la policía arrestan a la concejala Tiffany Caban y a la asambleísta Claire Valdez durante una protesta en apoyo a Palestina, en agosto de 2025.
La policía arrestan a la concejal Tiffany Caban y a la asambleísta Claire Valdez durante una protesta en apoyo a Palestina, en agosto de 2025
Auge y crítica al DSA

Hace años, cuando aún no se había mudado a Brooklyn para desarrollar su carrera como artista plástica, una tía de Claire Valdéz se enfermó. Tuvo que ser trasladada a un hospital de Texas en un helicóptero y permanecer ingresada no poco tiempo. No tenía seguro de salud y quedó con una deuda médica de miles de dólares. “Era una persona de clase trabajadora que no tenía capacidad para devolver ese dinero”, cuenta Valdez. C

orría el año 2017, justo después de la gran campaña del senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, que se definía como socialista democrático, una ideología de izquierda que hablaba de reducir la brecha económica, ampliar programas sociales o abogar por los derechos de la clase trabajadora.

La propuesta de Sanders de impulsar una “political revolution” fue marginada por muchísimos sectores, sobre todo los que veían en la idea el fantasma del comunismo. Claire sintió que, sin embargo, alguien por primera vez hablaba para la gente como ella. “Bernie Sanders había sido la única persona que había escuchado hablar, de una manera muy clara, de lo indignante que es que exista la deuda médica en Estados Unidos, uno de los países más ricos que el mundo haya conocido. Así que cuando volvió a presentarse en 2019, fui voluntaria en esa campaña y pude tocar puertas por toda la ciudad, fui hasta a New Hampshire a tocar puertas por él. Me involucré en la organización política gracias a Bernie Sanders”.

La espectacular campaña de Sanders fue la puerta de entrada al camino que luego transitó el DSA, al que se sumó un ejército de jóvenes de todo el país, y que luego cobró fuerza con la llegada de figuras como Alexandria Ocasio-Cortez. Diez años después de aquella campaña, Sanders, de 84 años hoy, estaba, primero, acompañando en su juramentación como alcalde de Nueva York a Zohran Mamdani, y luego apoyando en las primarias a Chevalier o Valdez. El DSA llegaba a este momento mucho más fortalecido: con más de 100.000 miembros en los casi 200 capítulos de todo Estados Unidos, que han encontrado ahí el único grupo que, en la era Trump, habla abiertamente de la responsabilidad en la guerra entre Israel y Palestina, condena la influencia del dinero corporativo o propone una reforma del sistema económico del país.

“Estamos en un momento político único en el que la gente está hambrienta de un nuevo tipo de política, en la que ellos también pueden participar”, asegura Diana Moreno. La figura del voluntario tocando puertas ha sido esencial: Mamdani logró reunir unas 100.000 personas que tocaron unas 1,6 millones de puertas en toda la ciudad de Nueva York, y que luego han heredado a otros miembros del DSA.

“No estamos diciéndoles a las personas: ‘vota por mí, yo te voy a salvar, voy a cumplir todas esas promesas’. Más bien estamos invitando a las personas a ser parte del movimiento. Hay que trabajar, porque la democracia es un deporte de equipo y eso es algo a lo que la gente no está acostumbrada. La mayoría de nosotros pensamos que participar en la democracia es votar cada uno o dos años, o cada cuatro, pero nosotros estamos diciendo: ‘no, eso no se acaba y empieza cuando ganamos y se tiene que defender y se tiene que mantener y para eso necesitamos de ti”, sostiene Moreno.

En medio del auge del DSA, primero con la campaña de Mamdani, luego con su apuesta como alcalde de respaldar a tres candidatos socialistas (nueve de los diez candidatos de la ciudad de Nueva York respaldados por el DSA ganaron las elecciones primarias demócratas), y más tarde con las victorias de otros miembros de la organización en todo el país, la organización empieza a levantar cierto resquemor. Desde el establishment, los comparan con ideologías como la cubana o la venezolana, y no pocas comunidades migrantes que llegaron de esos países sienten un rechazo hacia cualquier propuesta que aluda al “socialismo”. Moreno no descarta que la organización deba mirar a esas personas.

Zohran Mamdani

“Muchos tienen recuerdos y experiencias negativas con sus gobiernos, y eso es algo que nosotros debemos tomar en serio, no ignorar, y debemos hablar claro acerca del tipo de socialismo democrático que ofrecemos”, dice. “Para nosotros es sumamente importante atar el socialismo a la democracia. Nuestro socialismo quiere responder a los problemas actuales de la mayoría de las personas, queremos que más personas participen. La gente no tiene fe ni en los demócratas o ni en los republicanos, porque han visto en los republicanos un partido que está solamente interesado en su proyecto racista de sacar a los inmigrantes del país, están robando de nuestros fondos públicos para dárselos a Israel o a sus amigos billonarios, y los demócratas no están peleando, luchando lo suficiente para evitar esos cambios. El pueblo estadounidense está atravesando una crisis de democracia, y queremos que en nosotros, los demócratas socialistas, encuentren una respuesta y la esperanza en el futuro de la democracia”.

El séptimo distrito, que representa Valdez y abarca partes de Brooklyn y Queens, ha sido tildado como el “Corredor Comunista”, por el poder electoral que tiene el DSA en esa zona. Según Valdez, la crítica viene de mucha gente que “tiene experiencias familiares, o ellas mismas han experimentado el autoritarismo y no quieren ser asociadas con el socialismo democrático o el comunismo”. Aun así, una encuesta de Gallup del pasado año reveló que el 49% de los estadounidenses de entre 18 y 34 años tenía una opinión positiva del socialismo, en comparación con el 30 % de los mayores de 55 años.

“Creo que lo que hemos estado demostrando al menos durante los últimos años es que el socialismo democrático en Estados Unidos en este momento tiene una característica y una historia particulares. Es el socialismo de Martin Luther King Jr., Helen Keller y tantos otros líderes, algo muy diferente del autoritarismo de otros lugares”, sostiene Valdez. “Para mí, el socialismo democrático consiste en ampliar la democracia, en asegurarnos de que las personas puedan ser actores políticos en sus propias vidas. Se trata de programas universales como el cuidado infantil universal, la educación pública gratuita, la educación superior, la atención médica universal, ampliar la estabilización de los alquileres y asegurarnos de que las personas puedan permitirse vivir sus vidas y tener una verdadera dignidad”.

La otra crítica que se han agenciado últimamente los socialistas no llega solo de parte de la parte más ultraconservadora del espectro, sino también de los demócratas tradicionales. Algunos aseguran que este movimiento izquierdista representa un peligro para el Partido Demócrata de cara a las próximas elecciones presidenciales. Pero los socialistas están de acuerdo en que ese partido no ha dado ninguna opción mejor en sus últimos chances en la Casa Blanca.

“Esa siempre es la excusa que han tenido los demócratas, nunca han podido ofrecer su propia visión de qué van a darnos ellos. Siempre tiene que ser comparada con el miedo que debemos tener a los republicanos”, sostiene Moreno, y seguidamente cita el ejemplo de la crisis migratoria actual. “Si el Partido Demócrata quiere ser líder, debe crear una solución al problema migratorio. Tienen que ofrecer una reforma migratoria comprensiva y humana, que lamentablemente ha sido completamente borrada del lenguaje de los demócratas. O sea, cuando ahora hablamos de inmigración, solamente hablamos del ICE. Pero cuando hablamos de inmigración tenemos que hablar acerca de la reforma migratoria y un camino digno a la ciudadanía, que no tome ventaja de las personas, porque este país, lo quieran o no, siempre va a depender de nuestra labor, siempre va a depender de nuestro trabajo. La pregunta para los demócratas es si nos van a aceptar como seres humanos, no solamente nuestra mano de obra”.

*Periodista cubana de El País de España en Nueva York. Escribe sobre Cuba y comunidades hispanas en EEUU. Fundadora de la revista ‘El Estornudo’ y ganadora del Premio Mario Vargas Llosa de Periodismo Joven. Estudió en la Universidad de La Habana, con maestrías en Comunicación en la UNAM y en Periodismo Bilingüe en la Craig Newmark Graduate School of Journalism.