El trasfondo y los responsables de la crisis humanitaria en Ceuta y Melilla
Gustavo Veiga
La situación de los migrantes en las ciudades del norte africano es un tema antiguo. Pero explotó con virulencia por una serie de cuestiones geopolíticas. El papel del gobierno de Pedro Sánchez, la monarquía marroquí que no previó o incentivó el aluvión de migrantes por mar y tierra y la mano desestabilizadora de Israel en el conflicto. Hasta uno de sus ministros, el neonazi Ben-Gvir, se burló por lo que pasó a fines de julio en las costas del Mediterráneo.
La crisis humanitaria desatada en Ceuta y Melilla a fines de julio, tiene una explicación predominante que supera a cualquier hojarasca geopolítica. La desesperación de miles de jóvenes marroquíes. No es una foto aislada de la situación socioecómica que explotó en la única vía de entrada por tierra a la Unión Europea desde África. Es una secuencia histórica que se reproduce hace décadas. Por su volúmen, el drama se multiplicó. Alrededor de 60 mil migrantes cruzaron las fronteras cuando en 2021, la última oleada había tenido 8 mil.
Pero además, la avidez de las extremas derechas globales por agitar la xenofobia, dentro y fuera de España, hizo su papel y lo seguirá haciendo. La sombra de gobiernos como los de Trump y Netanyahu, dos criminales de guerra, oscurece la dilucidación de un problema que tiene varios actores protagónicos. Estados Unidos, la UE, Israel y los países del Magreb, con el reino de Marruecos como protagonista clave y ariete del conflicto.
La pregunta que no tuvo respuesta por ahora es cómo se dio de manera coordinada un movimiento migratorio de tales proporciones. Porque incluyó a muchos jóvenes, pero además a mujeres y niños, que ingresaron por mar y tierra – bordeando un muro perimetral – a las dos ciudades autónomas españolas. Por abrumadora mayoría a Ceuta, situada a 17 kilómetros de la provincia de Cádiz, pero también a Melilla.
Para Naciones Unidas las dos pequeñas ciudades son territorios integrados a España por derecho propio, aunque se encuentren en el norte de África y Marruecos las reivindique como parte de su territorio. El argumento político de Madrid es que están bajo su control hace más de cinco siglos. Para el mundo musulmán – cuyos antepasados ocuparon la península ibérica durante ocho siglos – Ceuta y Melilla son un doloroso recuerdo de la reconquista española que terminó con la toma de Granada en 1492.
La historia marcó el auge y declive del imperio español varios siglos después, la colonización de África, la independencia gradual de sus países y en el caso de Marruecos, su emancipación primero de Francia y después de España en 1958.

En la búsqueda de aliados sostenidos por Estados Unidos e Israel, Marruecos se transformó en una pieza clave del tablero geopolítico para Trump y Netanyahu. La relación histórica con Tel Aviv tiene mojones y casi todos los colocó Hassan II. Durante su extenso reinado, mantuvo vínculos diplomáticos informales bajo un continuo secretismo para no herir la susceptibilidad del mundo árabe. Si se observan solo los Acuerdos de Abraham de 2020, firmados con EE.UU como mediador entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán, se pierde una parte de la trama que los antecedió.
En Marruecos vive una colectividad judía considerable si se la compara con otros países árabes. Por eso, Hassan II siempre intentó hacer equilibrio con la mayoría musulmana de su reino, sobre todo para mantener la gobernabilidad. Pero esa política ambigua, hasta cómplice con Israel en los días previos a la Guerra de los Seis Días, le valió la acusación de traidor. Integrantes del Mossad confesarían años después un episodio que delata al padre de Mohammed VI.
Durante un encuentro de la Liga Árabe en Casablanca, Hassan II mandó a grabar en secreto las conversaciones y le cedió las cintas a la inteligencia israelí. Ese material le permitió al gobierno del primer ministro Levi Eshkol y su ministro de Defensa, Moshé Dayán, sacar ventajas considerables para derrotar en la guerra de los Seis Días a Egipto, Siria y Jordania.
Hoy Marruecos tiene un poderío militar que se nutre de material bélico israelí. Es uno de sus principales proveedores detrás de Estados Unidos, Francia y China. Pero en enero de este año durante una reunión celebrada en Tel Aviv, el ejército que está perpetrando el genocidio en Gaza desde 2023, publicó en X un comunicado donde informó sobre conversaciones centradas en “debates estratégicos, visitas a unidades de las FDI y coordinación de objetivos de seguridad compartidos”.
El periodista Kersten Knipp, de la agencia de noticias alemana DW, detalló el 10 de enero de este año que “al menos el 51 % de los misiles de defensa suministrados a Marruecos provienen de Israel. Además, Marruecos está expandiendo masivamente su producción de drones con apoyo israelí”.
La teoría que le atribuye a Israel el papel de desestabilizador del gobierno socialista español con Marruecos como punta de lanza, se apoya en esa historia. Además, por la posición propalestina de su jefe de Estado. Uno de los ministros de Netanyahu, el genocida Itamar Ben-Gvir, se burló de la crisis humanitaria en Ceuta y Melilla: “Mis felicitaciones al Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, por su profundo compromiso con la acogida de la inmigración y la diversidad humana’”, escribió en X.
La tragedia de Gaza provocada por el régimen sionista. El factor iraní como enemigo latente del eje Israel-Marruecos. El conflicto no resuelto en el Sahara Occidental que revindica para sí la monarquía alauí y el apoyo explícito israelí a esa causa. Un viaje oficial de Pedro Sánchez a Argelia, vecino antagonista de la monarquía marroquí. Y además, el papel vacilante de la Unión Europea como si España no fuera parte de ella, aportan otros ingredientes extra a esta crisis humanitaria que explotó el 30 y 31 de julio.
Nadie podría escribir el epílogo de esta historia por anticipado.
* Periodista y docente por concurso de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la tecnicatura de Periodismo Deportivo en la Universidad de La Plata (UNLP). Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)