Europa se dispara al pie en su ofensiva contra China

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 Pedro Barragán

 Todo esto se enmarca en las justificaciones a la pérdida de competitividad europea que leemos a diario en la prensa y que tratan de desviar la atención culpando de ello a las supuestas subvenciones y sobrecapacidad de China que producirían exportaciones baratas. Acusando falsamente de la desindustrialización europea a Pekín se evita tener que examinar sus causas internas.
Europa soporta precios energéticos elevados, costes regulatorios crecientes, un mercado de capitales fragmentado, niveles insuficientes de inversión productiva y una política industrial dividida entre veintisiete Estados. A ello se añaden los efectos de la ruptura energética con Rusia, especialmente graves para la química, el acero, el aluminio, los fertilizantes y otros sectores intensivos en energía. La fijación del precio del carbono, el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono y la reducción de derechos gratuitos de emisión incrementan además los costes de producir dentro de la Unión.
Mientras tanto, Estados Unidos atrae inversiones europeas mediante subvenciones, ventajas fiscales y energía más barata. La Ley de Reducción de la Inflación y la Ley CHIPS han creado poderosos incentivos para que capital, fábricas y proyectos tecnológicos abandonen Europa. Por eso, responsabilizar a China constituye un diagnóstico falso, que trata de desvirtuar la atracción estadounidense y las propias debilidades estructurales europeas.
Esta realidad también explica por qué Bruselas ha optado por diseñar algunas de sus medidas comerciales contra China de forma selectiva. En el caso de los aranceles a los vehículos eléctricos fabricados en China, la Comisión Europea estableció gravámenes diferenciados según el fabricante, con el objetivo de evitar perjudicar innecesariamente a las empresas europeas que producen en territorio chino y que eran mayoritarias en la importación de coches eléctricos fabricados en China. No obstante, la creciente orientación restrictiva de la política comercial europea sigue afectando a grupos como Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz o Stellantis, cuyas cadenas de suministro, inversiones y estrategias de producción dependen en buena medida del ecosistema industrial chino.Bmw Mercedes Logo BMW And Mercedes See Sales Dip
Estos fabricantes utilizan China no solo para abastecer su enorme mercado interno, sino también como una plataforma de producción y exportación hacia terceros países, aprovechando la competitividad de sus cadenas de suministro, especialmente en baterías, componentes y tecnologías para el vehículo eléctrico. La UE depende de China para componentes industriales, baterías, paneles solares, tierras raras y numerosos productos intermedios. Una política de desacoplamiento parcial mal diseñada encarecerá su transición energética y reducirá todavía más la competitividad de sus empresas.

*Economista español y asesor de la Fundación Cátedra China