Argentina subcampeón mundial: sin palabras y con el corazón roto
Rubén Armendáriz
La selección argentina de fútbol perdió 1 a 0 contra su par de España este domingo 19 de julio en el Mundial que se celebró en Norteamérica y, a pesar de la derrota, el pueblo argentino le agradeció a su futbolistas en diferentes partes del mundo. Entre cantos, saltos y banderas, los hinchas se mantuvieron reunidos en la tarde-noche argentina para reconocer el esfuerzo del combinado en lo que fue el último mundial de Lionel Messi.
Argentina perdió su corona de campeón mundial en una complicada final en Estados Unidos que España dominó de principio a fin. La selección albiceleste sufrió un par de lesiones que cambiaron sus planes y, aunque el portero Dibu Martínez se vistió de héroe, Ferrán marcó el 1-0 en tiempo prórroga para darle el cetro a España. La Albiceleste corrió siempre detrás de la pelota y no encontró nunca la ofensiva que le permita acercarse al gol, sí tuvo el espíritu inquebrantable que lo acompañó durante todo el torneo… pero esta vez no bastó
Como si hubieran ganado el partido, el encuentro multitudinario principal de los argentinos se dio en el Obelisco, en el centro de Buenos Aires, que ya varias horas antes del partido estaba preparado para recibir a los hinchas independientemente del resultado. Así como mostraron las transmisiones de televisión y las redes sociales, miles de personas se reunieron el el centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para «agradecerle a la Selección» por el esfuerzo, por la pasión y por haber llevado por segunda edición consecutiva al país a una final del mundo.
Argentina encabezaba el podio como el mejor equipo del mundo en casi el último medio siglo. Desde el campeonato ganado en 1978 hasta el actual, había llegado a cinco finales, de las que ganó tres y fue subcampeón en dos. Al revés de Alemania, que fue dos veces campeón y tres sub, y por delante de Francia, Brasil, Italia y España.
En el mismo lapso, la selección argentina de fútbol ganó seis mundiales juveniles sub 20, más que nadie, tres sub 23 y dos medallas de oro olímpicas. Tiene a dos de los tres mejores jugadores de la historia (Pelé, Maradona y Messi), al segundo máximo goleador y al primer asistidor en mundiales.
«España terminó alzando la Copa en Nueva Jersey. Pero nadie podrá levantar la voz ni señalar a nadie con el dedo levantado. No hay nada que objetar y sí, mucho para agradecer. De ocho partidos, se ganaron siete y solo no se dio el último resultado, el decisivo, el que le hubiera aportado un cierre inmejorable a un ciclo que ya está en la Historia, así con mayúsculas. La final no se jugó, solo se aguantó; se hizo lo que se pudo», señaló Página12.
Una multitud estelar de 80.663 personas, entre las que estaba el presidente estadounidense Donald Trump, llenó el MetLife Stadium de East Rutherford para ver si el capitán argentino Messi, podía coronar su brillante carrera con una segunda victoria en un Mundial. Pero el astro de 39 años —casi con toda seguridad jugando su último partido en un Mundial— quedó irrelevante cuando España tomó el control pronto ante un equipo argentino que cometió una serie de fallas durante todo el encuentro.
El mundial despertó ilusión, tensión, recuerdo de Malvinas, en el corazón del Imperio, con un pueblo anhelante, sufrido, que una nueva vez requiere con fruición de una celebración que le atempere un tanto el agobio. Así lo fue en el ‘78 bajo la dictadura. Así lo es ahora. Pero esta vez no sucedió. El recorrido hasta la definición fue de película porque esta Selección parece no jugar partidos sino crear guiones. Por momentos ficticios, irreales, como el país mismo.
Rebeldía, coraje…sin Copa

«Pero lo que nos fue pasando como país en estos cuarenta días fue mucho más grande e importante que las medallas de plata que se recibieron. O el segundo lugar que se ocupó en el podio triunfal. El mensaje que transmitieron desde las canchas los jugadores y el cuerpo técnico, la rebeldía y el coraje con el que se compitió aun desde la adversidad y el compromiso de todos para llevar los colores a lo más alto, anudaron un lazo emocional incomparable con las fibras de una sociedad que tuvo un motivo para volver a creer, pese a que todos los días, desde los despachos alfombrados de la política y la economía, se nos dice lo contrario», añadió.
La semifinal entre la Argentina e Inglaterra generó una gran incomodidad para el gobierno del libertario presidente Javier Milei, quien no puede ocultar su admiración por la primera ministra británica en 1982, Margaret Thatcher, quien en la llamada Guerra por las Malvinas ordenó el hundimiento del crucero argentino General Belgrano, donde murieron 323 tripulantes, casi la mitad del total de bajas argentinas. Milei llegó al extremo de colocar retratos de Thatcher y Ronald Reagan en su escritorio de la Casa Rosada.
La Argentina batió esta vez a Inglaterra por 2 a 1, el mismo resultado que en el Mundial de 1986, jugado en México, donde Diego Armando Maradona hizo dos goles legendarios, el de la mano de Dios y el del pase de Héctor Enrique en la mitad de la cancha, para que «Pelusa» recorriera 60 metros eludiendo a cinco ingleses y convirtiera el gol que la FIFA votó como el mejor del siglo XX. Las palabras más sorprendentes fueron la del millonario Lionel Messi, quien dijo que para todos era un partido muy especial y que querían regalarle una alegría al pueblo argentino.
«Hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando. Es la vida nuestra, lo que nos tocó siempre»; también hizo una alusión a las Malvinas y declaró su admiración por Maradona, a quien considera único. El vocero presidencial replicó que no estaban de acuerdo en que la gente no llegaba a fin de mes, pero obviamente su credibilidad es nula.
Durante la premiación, cuando ingresaron Gianni Infantino y Donald Trump, los silbidos sobrevolaron el Metlife Stadium. El defensa argentino Cristian «Cuti» Romero recibió la medalla de plata de manos de Infantino, el presidente de la FIFA, y -fiel a sus convicciones- mantuvo su mano recogida cuando pasó junto al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Luego sí saludó al primer ministro canadiense y volvió para saludar a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum
…Y seguramente mañana celebremos un nuevo gol, y pasado otro, y luego otro más, que representen alguna mínima recuperación de este descenso brutal, de este país llevado a la derrota por goleada. El de la pobreza y la desocupación, de la desindustrialización y la entrega, de los mitómanos y los ladrones, de los cachafaces que se suben al carro triunfal sin el más mínimo pudor, de los que no predican la memoria. También de los que solo ven hasta su ombligo, aunque la realidad y su propia soberbia les grite que así sólo provocan un concluyente gol en contra. Prohibido olvidar (Blades dixit), señala Tiempo Argentino.
Quizá tenga razón Diego Maradona durante su despedida del fútbol en activo en 2001: La pelota no se mancha. Maradona expresó así su gratitud a la multitud por el amor que le brindaron durante su carrera y reconoció sus errores, pero también reivindicó la pureza del fútbol como un deporte sagrado. La frase ha sido interpretada de diversas maneras, pero su esencia radica en la aceptación de errores y la perseverancia en el amor por el fútbol.
*Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)