Argentina-Inglaterra… y el recuerdo de Malvinas

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Rubén Armendáriz

 

Pocas rivalidades en el fútbol profesional mundial trascienden el terreno de juego con la intensidad, el drama y la carga geopolítica que acompaña a un partido de fútbol entre Argentina e Inglaterra: no se trata sólo de un partido de fútbol, cargado de emociones y recuerdos por la Guerra de las Malvinas de 1982 y la  permanente reivindicación  del terrritorio insular argentino en poder del reino británico.

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No es sólo un partido de fútbol, aunque  estos futbolistas argentinos (y también los ingleses) no habían nacido cuando la guerra en Malvinas.

Argentina e Inglaterra se preparan para su sexto enfrentamiento en la Copa Mundial. Si sumamos los duelos en Copa Mundial, amistosos y de otras competiciones, Argentina e Inglaterra se han enfrentado en 14 ocasiones. El récord es seis victorias para el combinado europeo, tres triunfos para el equipo sudamericano y cinco empates.

En 1998, David Beckham fue protagonista de forma negativa, pues fue expulsado en el duelo ante la Albiceleste. Su revancha llegó en la fase de grupos, donde gracias a su anotación Inglaterra venció por la mínima a la Selección Argentina.

Para el entrenador de la selección argentina, Leonel Scaloni, «más allá de lo especial que puede ser para los argentinos el duelo, será solamente un partido fútbol». Inglaterra viene de eliminar a Noruega por 2-1 también en el alargue. El entrenador focalizó en la necesidad de recuperar energías, ante el fuerte desgaste tanto físico como psicológico que arrastra el plantel: «Da igual que sea Inglaterra o Noruega. Nos vamos a encontrar con un equipo que juega muy bien y que tiene un gran entrenador», dijo educadamente.

La mano de Dios

36 años de la ‘mano de Dios’Si bien se han jugado varios partidos ya entre ambas selecciones de fútbol, el Mundial de México, en 1986, se volvió leyenda popular, apenas cuatro años después de Malvinas, pese a que los futbolistas intentaran distanciarse del hecho. Las crónicas de la época señalaban que la atmósfera colectiva en los cuartos de final estuvo impregnada por el dolor y el fervor patriótico,  el inolvidable Diego Armando Maradona  esculpió quizá u obra maestra: marcó lo que la prensa dio por llamar La mano de Dios.

Diego se anticipó al enorme (para él) arquero Peter Shilton y acompañándose de su puño, sin que el árbitro lo viera, marcó lo que la prensa argentina llamó El gol del siglo, dejando en el camino no sólo a Shilton sino también a cinco defensores ingleses. ¿Cómo ese enano pudo saltar más que Shilton?, se preguntaban los atónitos periodistas ingleses desde la platea del estadio Azteca de ciudad de México. Aquel 2-1 final no sólo catapultó a la selección argentina al título, sino -según la revista El Gráfico- transformó el duelo en un símbolo cultural frente a la adversidad histórica.

En Chile (1962) e Inglaterra (1966) los ingleses ganaron 3-1 y 1-0 a los argentinos. En 1988, en Francia, Argentina pasó a octavos de final por penales (tras igualar en dos en los 90 minutos), pero los ingleses se vengaron en Corea-Japón en 2002, al ganar 1-0 en la fase de grupos

Al «apático» Lionel Messi la presión no parece detenerlo y así lo demostró ante Cabo Verde, Egipto y Suiza. Aunque bien sabe que este es su último mundial, con 39 años cumplidos: el final de una época marcada por su figura, el capitán que se va convirtiendo en leyenda, como Maradona, en un seleccionado que hasta ahora es una suma de individualidades con un fin común.Messi ratificó que este será su último Mundial y espera un final diferente

Miedos: a ganar, a perder

El exfutbolista, exentrenador, filósofo y psicopedagogo argentino Àngel Cappa señala que es  común pensar que el miedo más común en fútbol, es el miedo a perder. No siempre es así. Existe también el miedo a ganar. O, mejor dicho, el miedo a tener que ganar.

¿Quiénes tienen miedo a perder? Los equipos grandes, que sienten siempre la obligación de ganar. Sobre todo, a los más débiles. ¿Y quienes sufren el miedo a tener que ganar? Los equipos “chicos” cuando enfrentan a los poderosos. Porque no se sienten con derecho a ganarles, porque cuando les van ganando es como si se asomaran a un abismo y retroceden.

«Le pasó a Egipto contra Argentina. Y le pasó a Argentina contra Egipto. A pesar de no jugar bien, Argentina decidió ganar ese partido y lo hizo, por sentirse autorizado. Egipto no se animó a lo que ya casi tenía en el bolsillo», señala Cappa.

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*Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)