Irán impuso el ritmo del enfrentamiento y Estados Unidos retrocedió

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Matías Caciabue

Hay que ordenar la lectura del hecho extraordinario de lo que acaba de pasar: Estados Unidos no fue derrotado en términos militares clásicos. No hay una imagen de su rendición, ni tropas filmadas en retirada. No hay imágenes de un colapso desesperado como en Vietnam o Afganistán. Pero Washington si perdió en la dimensión más importante: la capacidad de conducir el conflicto. Y eso, en términos estratégicos, es la derrota.

Lo que se impuso en estas semanas no fue el poder de fuego norteamericano, sino la lógica de guerra prolongada iraní. El país persa no fue a buscar una victoria inmediata, sino que fue a desgastar, a tensionar, a elevar los costos sistémicos y a obligar a su adversario a moverse en una articulación espacio-temporal que el adversario no puede controlar.

Y lo consiguió.

El alto el fuego de “dos semanas” anunciado por Trump no es una iniciativa de fuerza… Es una rendición que negocia sobre las condiciones planteadas por Irán. Es la expresión concreta de que Washington no pudo sostener una escalada que él mismo abrió.

El Estrecho de Ormuz, convertido en un arma estratégica, se abrió porque Irán obtuvo las garantías. Ormuz desplazó el conflicto del plano militar al plano económico sistémico. Y ahí es donde EEUU perdió.

Washington puede bombardear hasta la destrucción, pero no puede ordenar el sistema mundial en función de sus intereses. No pudo arrastrar a los países del Golfo. No pudo alinear a Europa. No pudo disciplinar ni siquiera a su aliado más cercanos (el genocida).

Rusia y China vetó en favor de Irán en el Consejo de Seguridad. Pakistán, gran aliado chino en Asia Occidental, medió y forzó ésta tregua. Europa sin voluntad ni fuerza para acompañar una escalada. Irán, en cambio, ordenó tiempos y llevó el conflicto a la lógica de la negociación prolongada:

– Ordenó el espacio, desplazando el eje hacia Ormuz y las rutas energéticas.
– Ordenó actores, obligando a terceros a intervenir para frenar la escalada.
– Ordenó costos, instalando la amenaza de una crisis energética mundial.

Eso es conducción estratégica del conflicto. Incluso en el plano interno, la diferencia es clara. Mientras EEUU exhibe fisuras (desplazamientos en la cúpula militar, tensiones políticas, límites operacionales), Irán muestra cohesión, movilización popular y una articulación entre conducción política y dispositivo militar.

Porque la guerra no se define solo en el campo de batalla. Se define en la capacidad de sostenerla. Por eso lo que estamos viendo no es un empate. Es una victoria velada.

Este conflicto no es un episodio aislado. Es un momento dentro del llamado «Enfrentamiento del G2». Lo que está en disputa no es solo Irán, sino la capacidad de que EEUU siga organizando el sistema mundial frente al ascenso de China como polo articulador de una nueva fase de la economía mundial.

En ésta, la dominación no se define únicamente por la fuerza, sino por la capacidad de articular sistemas complejos -eexpuesto es que Washington todavía puede destruir. Pero ya no puede ordenar la resolución de los conflictos.

 

*Licenciado en Ciencia Política y ex Secretario General de la Universidad de la Defensa Nacional UNDEF en Argentina. Analista de NODAL. Investigador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE).