¿El último baile de Netanniahu?

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Pedro Brieger

En la madrugada del miércoles 28 de octubre Biniamín “Bibi” Netaniahu apareció frente a su público proclamando que las fuerzas de derecha habían ganado la elección y que su partido, el Likud, seguía siendo el más votado del país.  Todo cierto.   Allí habló con cautela porque tenía las encuestas de “boca de urna” que habían realizado varias consultoras.  Por experiencia propia sabe que lo único que cuenta son los resultados oficiales.  En la elección de 1996 Shimón Peres se fue a la cama creyendo que era primer ministro y a la mañana siguiente descubrió que había perdido.

En el sistema político del Estado de Israel el primer ministro surge de la composición del Parlamento. Dado que se trata de un sistema proporcional y que ningún partido logró desde la creación del Estado la mayoría de 61 escaños (sobre 120) siempre hay que tejer alianzas para gobernar.  El partido laborista liderado por Golda Meir en 1969 fue el que más cerca estuvo de gobernar en solitario al obtener el 46 % de los votos y 56 escaños.  

El Likud, por su parte, tuvo su mejor votación con Menájem Begin en 1981 cuando obtuvo el 37 % de los votos y 48 escaños, mientras que la mejor marca de Netaniahu fue en 2020 con el 29 % y 36 escaños.  Y las proyecciones le daban esta vez al Likud unos 27 escaños.  Muchos, pero no suficientes.

Como para gobernar hay que tejer alianzas, la elección de 2026 tiene todavía un final abierto.  Existen en la actualidad tres bloques.  El primero está formado por el Likud y sus aliados de extrema derecha, muchos de ellos discípulos del fanático racista Meir Kahane.  Nacido en Brooklyn en 1932, Kahane emigró a Israel en 1971 y fundó un partido que pregonaba la expulsión de todos los árabes.

En 1984 llegó al parlamento, pero en 1988 le impidieron participar por sus ideas racistas.  En 1990 fue asesinado en Nueva York y en 1994 su movimiento fue calificado de terrorista e ilegalizado.  En aquellos años representaba una fuerza minoritaria y marginal.  Hoy eso ha cambiado. El ministro de seguridad actual, Itamar Ben Gvir, jefe del partido Otzma Yehudit (Poder Judío), es uno de sus discípulos directos y sus ideas se han popularizado.   El resto de los aliados de Netaniahu son partidos nacionalistas y religiosos y no es casual que su gobierno sea considerado el más extremista de la historia.  Pero entre todos juntan unos 53 escaños que no alcanzan para formar un nuevo gobierno.

El segundo bloque está liderado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019.  Ahora es el principal contrincante de Netaniahu y su bloque consiguió 48 escaños.  Si bien no se diferencia demasiado en lo que respecta a la cuestión palestina, el eje de su campaña giró alrededor de las críticas al primer ministro por su manejo de la crisis desatada en el país tras el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023.Gadi Eisenkot, el general que busca destronar a Netanyahu en Israel ...

Eisenkot formó parte del gobierno de emergencia durante la ofensiva militar en Gaza y renunció en junio de 2024 por sus desacuerdos con Netaniahu sobre la conducción de la guerra, la falta de una estrategia para el futuro de Gaza y el manejo de la cuestión de los rehenes.  Su partido Yashar (trad.: recto, honesto o directo) lidera un bloque conformado por formaciones de derecha, centro y centroizquierda, todas unidas por un objetivo central: destronar a Netaniahu.  Sin embargo, algunos de esos partidos están liderados por dirigentes que integraron gobiernos de Netaniahu en diferentes oportunidades. Por eso, es muy probable que el primer ministro intente seducir a varios de ellos para que vuelvan a acompañarlo y le permitan formar un nuevo gobierno.

Estos dos bloques son heterogéneos y presentan diferencias internas sobre la relación con los palestinos y el lugar que ocupa la religión en las instituciones y la sociedad. No obstante, pese a esas diferencias, coinciden en su rechazo a la creación de un Estado palestino o a la devolución de todos los territorios ocupados en 1967.  Si en cualquier país los clivajes “derecha-izquierda” pasan por cuestiones sociales, en Israel la derecha está identificada con quienes rechazan un Estado palestino y la izquierda con quienes lo impulsan, agrupados, en un tercer bloque.

El tercer bloque está compuesto básicamente por partidos árabes que sorprendieron al conseguir 19 escaños.  Dentro de las fronteras de Israel reconocidas por Naciones Unidas viven unos dos millones de árabes-palestinos que tienen ciudadanía israelí y están habilitados para votar.  Estos se volcaron masivamente a las urnas para hacerlo por dos grandes listas.

La más grande, denominada Lista Conjunta, está compuesta por el histórico partido comunista (con apoyo de grupos judíos) y partidos nacionalistas laicos árabes.  La otra (Lista Árabe Unida) tiene una identificación religiosa con el islam que profesan los Hermanos Musulmanes en Egipto.  Está encabezada por un líder pragmático que incluso formó parte de la coalición de gobierno que desplazó a Netanyahu del poder en 2021, experiencia que duró apenas un año.Netanyahu: La Lista Árabe Conjunta obtendrá 15 escaños

El derecho a votar en las elecciones israelíes depende de tener ciudadanía israelí. Los palestinos que viven en los territorios que Israel denomina Judea y Samaria, conocidos internacionalmente como Cisjordania y ocupados por Israel desde 1967, suman alrededor de 3,4 millones de personas y no son ciudadanos israelíes. Lo mismo ocurre con los dos millones que viven en Gaza. En total, más de cinco millones de palestinos que viven bajo control israelí pero no pueden votar, una exclusión que constituye uno de los rasgos centrales del apartheid.

El gran problema de los dos bloques principales es que la mayoría de sus dirigentes han descartado incorporar a los partidos árabes a una coalición de gobierno, pese a que estos representan a cerca del 20 por ciento de la población.  Su racismo estructural les impide hacerlo.  Aunque no lo parezca, en el fondo, acuerdan con los postulados de Kahane, quien escribió un libro en 1981 titulado “They must go” (ellos se tienen que ir).  Es el sueño de muchos: Israel sin árabes.  Pero están.   Entonces, los escaños de los dos partidos árabes son clave para saber quién podrá gobernar.

Para el Likud está claro, pero el bloque de Eisenkot está entrampado: no puede hacerlo solo y necesita negociar con las listas árabes.  Algunos de sus votantes ya han manifestado que debe hacerlo ya que es la única manera de impedir la continuidad de Netaniahu, el gran enemigo.  Este, por su parte, se presentó durante toda la campaña como el único capaz de representar a la población judía sin los árabes.  Una vez conocidos los resultados redobló la apuesta para presentar como traidores quienes negocian con ellos.

Mientras tanto, todo es incierto y el viejo zorro hará lo imposible para seguir gobernando.

*Sociólogo y periodista argentino