En Europa crece el descontento por corrupción, costo de vivienda y desigualdad
Isabella Arria
Europa vivió el sàbado una jornada de protestas que encarnan el creciente descontento social. Entre 550 mil y 800 mil personas participaron en varias ciudades de Francia en al menos mil 750 manifestaciones contra el aumento del costo de la vida y en apoyo al movimiento juvenil por una mejor educación, las cuales dejaron al menos mil 200 detenidos y 150 policías heridos.
Francia prende fuego al macronismo
En Francia, el segundo mandato del presidente Emmanuel Macron, desconectado de la sociedad, tiene aún por delante seis largos meses en los que el país debe aprobar un presupuesto y buscar respuestas al imparable ascenso de la ultraderecha. Francia salió a la calle el 17 de octubre de 2026 y, entre manifestaciones, incendios y pillajes, certificó la muerte del macronismo. Lo hizo con violencia, como suele hacerlo. Rabia, cólera y también miedo hacia el futuro.
También en Bélgica e Italia

Cientos de jóvenes se congregaron pacíficamente este sábado por la mañana en la estación central de Bruselas al ritmo de consignas antifascistas y otros lemas de rechazo a la Policía, que ha desplegado una fuerte presencia en los alrededores, informaron medios locales.
Los jóvenes, entre los cuales también se encuentran profesores y sindicalistas según apuntó el la agencia de noticias Belga, comenzaron una marcha hacia la estación de Bruselas sur a media mañana que, por el momento, se produce sin enfrentamientos policiales a pesar de que la policía bloqueó el paso a los manifestantes en algunos puntos.
En la estación de Lieja, al este de Bruselas, se manifestó otro grupo de jóvenes quienes, según medios belgas, expresaron su preocupación por los recortes en materia de educación, así como por las condiciones laborales, los servicios públicos y la desigualdad social. El viernes se informó sobre varios llamamientos a protestas en la capital belga a través de redes sociales, entre ellos estudiantes francófonos y otros movimientos vinculados con los chalecos amarillos en Francia.
En Italia, una marcha contra el elevado costo de vida en Milán generó disturbios. Efectivos policiales se enfrentaron con manifestantes encapuchados al intentar desalojarlos de la lujosa galería Vittorio Emanuele II, situada a un lado de la explanada de catedral.

Hubo además saqueos en locales comerciales y los turistas huyeron del centro de la ciudad. La estación central de Metro del Duomo fue cerrada durante los enfrentamientos, en los que varias personas resultaron heridas y se produjeron detenciones, informaron medios italianos.
En Bolonia, la policía utilizó cañones de agua para dispersar a un grupo de encapuchados que lanzaron bombas de humo, botellas y piedras; funcionarios precisaron que detuvieron a siete personas.
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, afirmó en su cuenta de X que “los vándalos aprovechan las manifestaciones para sembrar caos, atacar a quienes velan por la seguridad y mantener ciudades como rehenes”.
En Albania, en el quinto día de protestas contra la corrupción del gobierno, la falta de empleo y el bajo nivel de la educación, los manifestantes incendiaron contenedores de basura y arrojaron bombas molotov contra la policía, que respondió con gases lacrimógenos y chorros de agua, indicó la televisión pública RTSH.
Las autoridades informaron que 16 agentes y dos manifestantes resultaron heridos durante los enfrentamientos ante la sede gubernamental. Europa Press reportó 21 agentes y 13 manifestantes heridos, según información recogida en los hospitales de Tirana.
Las manifestaciones, que iniciaron el miércoles con un asedio nocturno a varias sedes gubernamentales, se enmarcan en la llamada Revolución de los Flamencos, que se centra en las reivindicaciones educativas, pero también se opone a un proyecto inmobiliario en la costa adriática de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En Portugal, decenas de miles de personas salieron a las calles de Lisboa, tras varios días de protestas contra las elevadas tasas de adquisición habitacionales, que se duplicaron desde 2017, lo que agravó una de las peores crisis de asequibilidad de Europa.