Neofascismo

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Fernando Nogueira da Costa

El neofascismo no es el nazismo reencarnado: adaptado a las elecciones, las redes sociales y la metapolítica, desafía formalmente la democracia al tiempo que erosiona el pluralismo, las minorías y las instituciones.

1. El historiador Nigel Copsey destaca tres transformaciones que son especialmente relevantes para el resurgimiento del fascismo bajo una nueva forma: la internacionalización de las redes sociales, la acción metapolítica y el revisionismo histórico.

En función de sus contribuciones, se pueden distinguir cuatro fases aproximadas: (i) 1945-1960: supervivencia y reorganización. Exfascistas y simpatizantes forman partidos, asociaciones y redes intelectuales. (ii) 1960-1980: radicalización y disputa cultural. Coexisten grupos electorales, movimientos callejeros, organizaciones violentas y corrientes intelectuales de la Nueva Derecha.

(iii) 1980-2000: adaptación a la democracia electoral. Parte de la derecha radical abandona las referencias fascistas explícitas y enfatiza el nacionalismo, la inmigración, la identidad y la soberanía. (iv) Siglo XXI: expansión digital e internacionalización. Las redes sociales, los influencers, las organizaciones transnacionales y los líderes populistas amplían la circulación de narrativas nacionalistas, identitarias y antisistema.

Esta periodización es una síntesis interpretativa. No significa que todos los movimientos ultraconservadores hayan pasado necesariamente por las mismas etapas, ni que la derecha radical actual descienda directamente de organizaciones fascistas.

Para comparar el neofascismo con el nazismo histórico, es necesario distinguir entre el fascismo italiano, el nazismo alemán y los diversos movimientos de extrema derecha contemporáneos.

 

Dimensión El fascismo nazi histórico, 1922-1945 Neofascismo y movimientos contemporáneos relacionados.
Objetivo político Construcción de estados dictatoriales y movilización nacionalista. Diversos proyectos de regeneración nacional, algunos explícitamente antidemocráticos.
Acceso al poder Movilización paramilitar, violencia y participación institucional Utilizan las elecciones, los partidos políticos y la comunicación digital; algunos grupos siguen siendo violentos.
Democracia Rechazo del pluralismo y eliminación de la oposición. Desde el rechazo explícito hasta la aceptación formal de elecciones con prácticas antiliberales.
Nacionalismo Exaltación de la nación y del estado, a menudo expansionista. Soberanismo, nacionalismo basado en la identidad y oposición a las instituciones supranacionales.
Racismo La importancia central del racismo biológico en el nazismo, junto con el antisemitismo genocida. Racismo, xenofobia o exclusión cultural en ciertas corrientes, sin uniformidad.
Economía Corporativismo, dirigismo y movilización para la guerra, con diferencias entre regímenes. Orientaciones heterogéneas: proteccionismo, intervencionismo o liberalismo económico.
Comunicación Propaganda estatal, radio, prensa y grandes manifestaciones. Plataformas digitales, redes de influencers y comunicación política descentralizada
Violencia Violencia paramilitar y represión estatal sistemática Desde la violencia organizada hasta la erosión institucional sin una ruptura militar inmediata.

 

2. La diferencia más importante radica en la relación con la democracia. El nazismo y el fascismo históricos consolidaron dictaduras de partido único. Parte de la derecha radical contemporánea cuestiona las elecciones y acepta algunos procedimientos democráticos, pero pone en tela de juicio aspectos centrales del liberalismo político, como la protección de las minorías, el pluralismo y la independencia de las instituciones.

El politólogo Cas Mudde propone distinguir entre la derecha radical populista, que acepta formalmente la soberanía popular y la competencia electoral, y la extrema derecha propiamente dicha, que rechaza la democracia como principio. Esta distinción evita etiquetar automáticamente como fascista a cualquier movimiento nacionalista, conservador o populista.

En lo que respecta al antifascismo, es necesario distinguir entre dos fenómenos. El primero es la continuidad del antifascismo democrático, entendido como la defensa del pluralismo y las libertades frente a los movimientos autoritarios. El segundo es la transformación del término «Antifa» en una categoría utilizada por ciertos movimientos y gobiernos de derecha, como el del presidente Donald Trump, para designar a un adversario asociado con la violencia política, el radicalismo de izquierda y el desorden.

No se trata exactamente de que la ultraderecha adopte el antifascismo histórico como ideología antagónica. El fenómeno más documentado es la reinterpretación negativa del término antifascista por parte de la ultraderecha, que lo presenta como una amenaza al orden democrático.

3. El 22 de septiembre de 2025, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que designaba a Antifa como organización terrorista nacional. El documento describe al movimiento como violento, anarquista y opuesto a las instituciones estadounidenses, y establece medidas para investigar y reprimir las operaciones consideradas ilegales. Esta es la postura oficial de la administración Trump, no una conclusión académica sobre la totalidad del antifascismo.Antifa ロゴ 一覧 _ Examining Extremism: Antifa – METRY

Los expertos legales consultados por PolitiFact observaron que Antifa constituye un conjunto descentralizado de grupos y activistas, sin una dirección nacional unificada. Cuestionaron la existencia de una base legal para designar a un movimiento nacional de esta naturaleza como organización terrorista.

Es importante reconocer dos principios simultáneamente: (a) los actos concretos de violencia política deben ser investigados y castigados, independientemente de la ideología de los responsables; y (b) la oposición pacífica al fascismo no puede equipararse automáticamente con el terrorismo.

La inversión discursiva es un mecanismo político que puede resumirse de la siguiente manera. Históricamente, el antifascismo significaba resistencia al fascismo y defensa de las libertades, según las distintas corrientes políticas. La reinterpretación política de » Antifa » como representación de una amenaza violenta y revolucionaria busca, como posible efecto, la deslegitimación indiscriminada de los adversarios, en caso de que la acusación de violencia probada se extienda a la oposición democrática.

Esta interpretación concuerda con la bibliografía sobre disputas narrativas y la construcción de amenazas políticas, pero no demuestra que todos los gobiernos de derecha adopten la misma estrategia.

La relevancia política para Brasil radicó en la formación, desde 2022, de un Frente Democrático Amplio y/o Antifascista. La contribución de este debate, para el Brasil contemporáneo, reside en demostrar históricamente cómo fuerzas políticas con proyectos diferentes pueden cooperar para defender las instituciones democráticas frente a amenazas autoritarias.

Esta experiencia nos permite formular una distinción relevante. Un frente antifascista no tiene por qué ser un frente socialista. Puede reunir a liberales, conservadores democráticos, socialdemócratas, socialistas, movimientos populares y ciudadanos sin afiliación partidista.

La cooperación se fundamenta en la defensa de normas comunes: elecciones legítimas, alternancia en el poder, libertad de expresión, derechos individuales, pluralismo de partidos y rechazo a la violencia política.

4. En Brasil, la alianza electoral entre Lula y Geraldo Alckmin en 2022, y repetida en 2026, puede interpretarse como un ejemplo contemporáneo de una coalición democrática ideológicamente heterogénea. Esto no significa que todos sus participantes se definieran como antifascistas o compartieran el mismo diagnóstico de bolsonarismo.

Las comparaciones con el fascismo histórico deben basarse en comportamientos verificables —por ejemplo, intentos de subvertir los resultados electorales, amenazas a las instituciones o la legitimación de la violencia política— y no meramente en diferencias programáticas.

El Diccionario de Política nos permite llegar a una conclusión histórica fundamental: el antifascismo fue simultáneamente un movimiento de resistencia y una fórmula de convergencia entre adversarios ideológicos. La derrota del nazismo y el fascismo en 1945 no eliminó todas las organizaciones e ideas fascistas. El neofascismo surgió inmediatamente en la posguerra, adoptando formas electorales, culturales, subversivas y terroristas.

A lo largo de las décadas, algunos de estos movimientos han adaptado su lenguaje a las instituciones democráticas y a las transformaciones tecnológicas. Otros, en cambio, han permanecido explícitamente vinculados al legado fascista.

Sin embargo, la literatura contemporánea recomienda no confundir tres categorías: (i) conservadurismo democrático, (ii) derecha radical populista y (iii) neofascismo. Si bien pueden presentar similitudes y puntos en común, no son equivalentes.

Finalmente, el uso peyorativo del término Antifa por parte de gobiernos y movimientos de derecha revela una disputa sobre el significado político del antifascismo en sí. Es necesario distinguir la defensa de las instituciones democráticas de los actos de violencia, y estos deben juzgarse individualmente.

La principal lección histórica de esta entrada se puede resumir así: «el antifascismo democrático no requiere unanimidad ideológica». Requiere que los adversarios políticos reconozcan los límites comunes al ejercicio del poder, al tiempo que preservan la posibilidad de seguir discrepando dentro de una democracia.

Por ello, la experiencia de los frentes antifascistas del siglo XX sigue siendo relevante para comprender los problemas democráticos del siglo XXI.

*Profesor titular del Instituto de Economía de la Unicamp. Autor, entre otros libros, de * Brasil dos bancos*