¿Es la política rehén del algoritmo?

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Pedro Brieger

En plena campaña electoral de Brasil la empresa Meta —dueña de Facebook, WhatsApp e Instagram— eliminó los anuncios de Lula en Facebook por un corto tiempo.  A pesar del pedido de explicaciones Meta nunca respondió ya que actúa como un poder independiente supranacional por sobre las leyes de cualquier país.  Lula no es el primero en sufrir la arbitrariedad de Meta. Muchas personas vieron canceladas sus cuentas personales en alguna de las numerosas redes sociales sin que pudieron recuperarlas. 

Este es apenas un aspecto del poder que han desarrollado los dueños de las redes, capaces de hacer y deshacer a su antojo, incluso eliminar la propia red -si así lo quisieran- sin que nadie pudiera reclamar. 

La maravilla de las redes sociales que nos permitió acercar la comunicación en todo el mundo eclipsó el hecho de que no son neutrales.  Tienen dueños.  Actuamos como si no las tuvieran porque ya se han convertido en parte de nuestra vida cotidiana al alcance de la mano, donde el pequeño “teléfono” es una extensión de la misma.  Nos alegramos si el algoritmo sugiere series, comidas o paisajes que se adaptan a nuestros gustos. 

Claro que, sin que nos consulten, recibimos mensajes de todo tipo que no pedimos ni nos interesan.  Seguramente muchas personas se quedan con la anécdota de haber recibido algo que no buscaron, naturalizando que la intervención –vaya a saber de quién- en las redes no responde solo a los gustos personales.  Las redes no son neutras, como se puede comprobar cada vez que hay elecciones y nos bombardean con mensajes. Hay que reiterarlo: las redes sociales tienen dueños con nombre y apellido, y éstos actuán políticamente.  

En 2018 se conoció que la consultora Cambridge Analytica, que trabajó para la campaña de Donald Trump, obtuvo datos personales de millones de usuarios de Facebook mediante prácticas engañosas y los utilizó para elaborar perfiles y realizar segmentación política.  Lo que parecía una anomalía en 2018 hoy se ha extendido por todo el planeta. 

El estudio “Amplificación algorítmica de la política en Twitter” (2021), publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), examinó publicaciones de legisladores pertenecientes a los principales partidos políticos de siete países, en el marco de un experimento con millones de usuarios de Twitter. Encontró que, en seis de los siete estudiados, los partidos de derecha tradicionales recibían mayor amplificación algorítmica que sus equivalentes de izquierda.   La Inteligencia Artificial agregó otro elemento: un mecanismo capaz de intervenir con una simple orden sin pasar por el criterio de “moderadores” humanos que puedan aprobar o rechazar los contenidos generados.

El multimillonario sudafricano Elon Musk es el mejor ejemplo de intervención política.  Por un lado dona millones de dólares a los republicanos en Estados Unidos y contrata “acivistas” para hacer campaña en las calles.  Por el otro, se especializa en difundir las llamadas “fake news”, una expresión en inglés que suaviza la palabra “mentira”.   A nadie se le escapa que Musk usa su inmenso poder para difundir noticias falsas, ensuciar y desacreditar a quienes no comulgan con su visión del mundo.  Al apoderarse de X, Musk pudo amplificar su voz y sumarse a las campañas de Trump, en particular contribuyendo a mantener viva la obsesión del presidente con la idea de que le robaron las elecciones de 2020.

No es extraño que los millonarios apoyen a candidatos que elaboran leyes que los benefician.  Sucedió siempre.  Lo novedoso es que los sectores populares usen las herramientas creadas por estos mismos millonarios como si fueran solo herramientas “técnicas” y apolíticas.  Los dueños de facebook bloquearon temporamente la cuenta de Lula y podrían haberla eliminado por completo, como les ha sucedido a numerosos usuarios, incluyendo al autor de estas líneas.  Pueden eliminar Facebook, Instagram, Whatsapp, X (Twitter) y cualquier otra red social porque les pertenecen.  Musk le cambió el nombre a Twitter en 5 segundos y lo puede destruir cuando quiera en un abrir y cerrar de ojos.  Le pertenece. Y  le pertenecemos.

Por otra parte hay algo mucho más grave: se ha impuesto la idea de que hoy la política transita por las redes.  Quienes siempre han rechazado y despreciado las protestas populares encontraron en las nuevas tecnologías un aliado que les permitió proclamar el “fin” de las movilizaciones callejeras.  Las recientes gigantescas en España, Francia y la India, demuestran que esto es absolutamente falso.  Las calles siguen siendo fundamentales en la política.  Para afectar las recientes protestas en la India el gobierno bloqueó internet movil en un radio de 4 km en Nueva Delhi durante 24 horas. What is internet ban in India? | India News - Times of India

Los dueños privados de las operadoras de telefonía móvil podrían haber cuestionado la legalidad de la orden gubernamental ante el Poder Judicial, pero no lo hicieron.  Tal vez no se atrevieron o estaban de acuerdo con el gobierno.  El que sí se atreve a desafiar órdenes judiciales es Elon Musk.  En 2024 desafió las del juez brasileño Alexandre de Moraes que exigían bloquear determinadas cuentas en X.  Sin despeinarse anunció que eludiría las restricciones impuestas por el Poder Judicial brasileño.

Las organizaciones sociales y sus principales referentes se sumaron a la ola de la”modernidad” para comunicar y muchos lo hacen principalmente por las redes.  Las ventajas son obvias: un posteo con una consigna o una idea puede llegar rápido y de manera eficaz a millones de personas, algo imposible de lograr yendo de puerta en puerta. 

Pero la virtualidad reemplazó el contacto humano, la sensibilidad y la cercanía que solo permite el cara a cara, alejando aún más a la “clase política” del sufrimiento y las necesidades concretas de las mayorías.  Es más, los políticos debaten y se enfrentan entre ellos en los congresos y redes, espacios impersonales sin contacto humano, acrecentado ahora por la llamada Inteligencia Artificial que incluso les redacta los mensajes.  

Todavía no ha sucedido, pero no habría que sorprenderse si una campaña electoral basada en las redes sociales desaparece por problemas “técnicos”. 

Tal vez ha llegado la hora de dejar de confiar tanto en la tecnología y recordar que las redes sociales tienen dueños que pueden decidir sobre ellas sin que podamos hacer demasiado para impedirlo. Las redes pueden ser útiles para comunicar, pero no deberían convertirse en el lugar central de la política. Ningún algoritmo puede reemplazar una mirada cargada de dolor o la contención de un abrazo.

* Sociólogo y periodista argentino