A 52 años de la clausura del diario Noticias
Aram Aharonian
El 25 de agosto de 1974 salió el último ejemplar del diario Noticias. Unos meses antes, a finales de setiembre de 1973, yo había llegado hasta la calle Piedras 825, en el barrio porteño de San Telmo. Fui sólo para no fallarle a Eduardo Galeano. Sabiendo de mi experiencia en el medio periodístico del Uruguay me recomendó para ayudar en la salida de un diario nuevo. El Uruguay de la dictadura y la represión me llevó a Buenos Aires. Y salió Noticias.
El diario Noticias fue una experiencia periodística muy particular: un diario comercial, de circulación masiva, creado por la organización político-militar Montoneros, pero conducido a diario por periodistas e intelectuales de mucho prestigio y peso. Si bien duró apenas nueve meses, entre noviembre de 1973 y agosto de 1974, llegó a tener una influencia considerable.
No era simplemente «el diario de Montoneros» producido por militantes desconocidos. Allí trabajaba una parte muy importante del periodismo y de la intelectualidad argentina. Noticias pertenecía políticamente al universo de Montoneros, pero los periodistas que lo hacían tenían un margen de autonomía bastante grande. La conducción quería que el diario funcionara como una herramienta política; los periodistas, especialmente Rodolfo Walsh, Juan Gelman y Miguel Bonasso, defendían también criterios profesionales y periodísticos.
La idea era combinar dos modelos: Por un lado estaba Crónica, de Héctor Ricardo García de lenguaje popular, títulos fuertes, policiales, deportes, información cotidiana y enorme llegada entre los sectores trabajadores. Por el otro estaba La Opinión, de Jacobo Timerman: periodismo de análisis, periodistas especializados y una concepción más sofisticada de la información. Noticias intentó combinar ambos modelos. El propio Archivo Nacional de la Memoria señala explícitamente esa doble inspiración.
La fórmula era bastante novedosa para la prensa vinculada a una organización revolucionaria: no hacer un diario de militantes para militantes, sino un diario popular que expresara una determinada concepción política sin presentarse formalmente como órgano partidario. Se buscaba construir una herramienta política y cultural capaz de llegar a un público mucho más amplio que el de sus propios militantes.
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Cuando llegué a la redacción ví que las largas escaleras desembocaban en una sala, a la que un compañero me introdujo. Había una mesa grande, pero solo conocía a Juan Gelman, el poeta que era el dos de la revista Crisis. Ahí estaban sentados Bonasso, Paco Urondo (recién salido de la cárcel), Tuti Gadano, Walsh, Pablo Giussani, Pablo Piacentini, a muchos de los cuales conocía porque los había leído. Creo recordar que también estaban Horacio Verbitsky y Oscar Smoje.
“Explicale a los muchachos qué es eso del offset”, dijo Gelman
Supimos allí (o supe yo) que los criterios deberían ser los periodísticos que corresponden a un periódico independiente de información general, con un trato justo y equilibrado de los conflictos noticiables y del pluralismo de los comentarios políticos, para no caer en un editorial.
Años después, en Wikipedia leí que “Noticias sobre todo lo que pasa en el mundo fue un diario de Argentina vinculado a la organización guerrillera Montoneros, que apareció a la venta entre noviembre de 1973 y agosto de 1974, dirigido por un equipo del cual Miguel Bonasso era la cara visible. Alcanzó un tiraje de 100.000 ejemplares y se acercó a duplicar esa cifra”.
Según Gelman, fue Rodolfo Walsh quien había propuesto la edición de un medio para las fuerzas revolucionarias. Juan era el Jefe de Redacción, Bonasso el director –más vinculado a las relaciones-, Paco Urondo Secretario de Redacción, Rodolfo Walsh en Policiales (Información social, le decía él), Pablo Giussani en Información General, Pablo Piacentini como Jefe de Internacionales, Ocar Smoje en Arte y Diagramación, Castiñeira de Dios en Espectáculos, Luis Arana en Hípicas, Mario Stillman en Deportes, Eduardo Suárez en Gremiales, Horacio Verbitsky en Política.
Y yo en la producción, salida y distribución de un diario que no quería competir con La Opinión, el diario de Jacobo Timerman dirigido a un público intelectualoide, sino con el diario popular, como Crónica, aunque la formación de casi todos los inclinara más a La Opinión, donde muchos habían trabajado.
Analizando la experiencia de Noticias, quizá se dio en el momento en que el peronismo estuvo más cerca del verdadero poder. Montoneros era un factor importantísimo de ese poder y el diario no era ajeno. Había una idea y una necesidad, pero ninguna idea de organización ni de producción: tiempos, horarios, diagramación, fotografía, talleres, impresión de un diario. Suponían que “Aro, el uruguayo” era el que sabía cómo convenir los horarios de cierre de cada página, de cada sección, la decisión de la extensión en páginas de cada sección, elegir el tipo de letras a utilizar, hacer la maqueta de diagramación, definir cuál sería el estilo de los títulos, diseñar varios modelos de portada.
Y, además, había un problema de seguridad. De la redacción en la calle Piedras había que llevar los originales hasta la calle Humberto Primo y de allí las películas hasta la imprenta, y tratar de que no se sufriera algún atentado en el camino. Luego, esperar a que saliera el diario, darle el ok al primer ejemplar y después rezar (ateamente, claro), porque se dependía de la empresa que se encargaba de la distribución.
Giussani, dijo en su polémico libro Montoneros, la soberbia armada que «Paco Urondo, quien podía ser considerado un cuadro intermedio de cierto relieve en su condición de oficial montonero, fue designado a mediados de 1973 comisario político de la organización en el diario Noticias, cuyo lanzamiento estaba previsto para el 17 de octubre de ese año”
En Noticias trabajaron periodistas y escritores como Silvia Rudni, Alicia Raboy, Eduardo Suárez, Sylvina Walger, Carlos Ulanovsky, Leopoldo Moreau, Mario Stillman, José Luis Castiñeira de Dios…Y los “importados” de Uruguay: Tabaré y Pancho Graells (en las páginas de humor), el senador Zelmar Michelini en Internacionales.
Martín Caparrós ingresó al diario –creo que con 14 años como cadete- como cadete y recuerda que «los otros cadetes también eran gente militante, de la Unión de Estudiantes Secundarios». Eso fue mucho antes de convertirse en redactor reconocido escritor en Europa.
Un día, mientras estaban reunidos los fotógrafos – Carlos Bosch, Víctor Steimberg, Ernesto Grossi, Hugo Rodríguez y Kovensky, Aldo Alessandrini, el brasileño Paulo Santiago, Eduardo Grossman, Gerardo Horovitz, Tito Lapenna, Vega y la chiquita Cristina Bettanín- el encargado de la entrada llegó para dar la mala noticia: “Ahí en la puerta están Villar y Margaride”, dijo, con voz de terror: “dicen que tienen orden de allanamiento”. Silencio hospital, caras de hasta aquí llegamos.
El temor no era gratuito. En la puerta estaban los más temidos comisarios. Alberto Villar asumió con fervor el rol de perro de caza a sueldo que desde el poder se le asigna al policía en defensa del sistema… y reprimió todo lo que había por reprimir, hasta a la propia policía. En agosto de 1972 se puso al frente de las tanquetas Shortland que derribaron la puerta de la sede del Partido Justicialista para secuestrar los féretros con los cadáveres de los presos políticos fusilados en Trelew.
Su condición de retirado fue obligatoria a partir de mayo de 1973, cuando Héctor Cámpora asumió como presidente. Pero héte aquí que el 28 de enero de 1974 fue convocado nuevamente por gestión del entonces ministro de Bienestar Social José López Rega y del general Jorge Osinde, como jefe de Policía, siendo uno de los organizadores de la Alianza Anticomunista Argentina, la tristemente famosa Triple A, autora de desapariciones forzadas y asesinatos de militantes populares. Villar, al igual que la desgracia, no venía sólo, sino con otro represor con careta de moralista implacable, el comisario Luis Margaride, designado superintendente de Seguridad Federal. Su historial como cazador de mujeres era largo.
El último número fue el 264, del 25 de agosto de 1974. El gobierno de María Estela Martínez de Perón dispuso su clausura. El argumento oficial fue que el diario desarrollaba una «intensa campaña de exaltación de las actividades delictivas en el campo de la subversión». El diario desapareció así antes del golpe militar de marzo de 1976, durante un gobierno constitucional (supuestamente) peronista.
La clausura no fue un accidente aislado: formaba parte de una creciente política gubernamental de persecución y censura contra medios vinculados a la izquierda peronista. Varios de los trabajadores de Noticias fueron encarcelados, torturados y algunos de ellos asesinados.
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)