Servicios secretos de Marruecos: presentes en el espionaje con ‘Pegasus’
Ausentes en la crisis de Ceuta
La posición geográfica de España y Marruecos, a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar uniendo dos continentes, obliga a ambos Estados a mantener una cooperación en materia terrorista, migratoria y de seguridad. De hecho, las comunicaciones de inteligencia se intensificaron tras los atentados de Casablanca en 2003 y de Madrid en 2004. Madrid y Bruselas necesitan la colaboración marroquí, algo que Rabat utiliza como moneda de cambio para ganar influencia.
Sin embargo, esta relación bilateralse ha visto deteriorada por varios episodios que han revelado hasta qué punto la inteligencia puede convertirse en una herramienta de presión política: la entrada de miles de ciudadanos a Ceuta en 2021 y 2026 y el espionaje con el software malicioso israelí Pegasus.No obstante,Madrid y Bruselas necesitan la colaboración marroquí, algo que Rabat utiliza como moneda de cambio para ganar influencia sobre España y Europa. De hecho, los canales discretos entre responsables de inteligencia en temas tan graves como el terrorismo a menudo funcionan incluso cuando la diplomacia oficial está bloqueada por temas migratorios, como ocurrió en 2021.
Cooperación policial
A diferencia de España, en Marruecoscoexisten varios servicios de inteligenciadesde la época del rey Hassan, quien consideraba imprudente o peligroso depender de una única fuente de información, por lo que contaba con dos servicios secretos conocidos, la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED) y la Dirección de la Vigilancia del Territorio (DST).
«Sin embargo, le espiaron mientras residió allí y le infectaron su teléfono personal con Pegasus cuando se marchó del país», corrobora a este medio uno de los periodistas que integró la investigación The Pegasus Project, coordinada por Forbidden Stories, con el apoyo del Laboratorio de Seguridad de Amnistía Internacional y la participación de más de 80 profesionales de 17 medios internacionales que señala a Marruecos.
En contrapartida, hay enlaces del CNI, de la Policía y de la Guardia Civil en la capital marroquí, Rabat, y en las principales ciudades del país vecino. «Estos son elementos que no hacen inteligencia de calle, digamos operativa, están en un despacho y tienen un enlace con la Policía marroquí que les tiene al tanto y con eso elaboran los informes. Al mismo tiempo que los tienen vigilados en Marruecos», detalla la misma fuente.
«Los servicios de inteligencia tienen archivos de todas las personalidades públicas. El más mínimo desacuerdo te expone, inmediatamente, a la deshonestidad», desveló en los diarios franceses Mediapart y L’Humanité el historiador, profesor universitario, escritor, periodista, activista político y defensor de los derechos humanos Maâti Monjib.En todo caso, considera que «España se fía de Marruecos o se ha fiado hasta ahora, porque yo creo que ahora ya se da cuenta de que no se puede fiar».
Sin nexo con la DGED
Sin embargo, España no tiene relación con la inteligencia exterior de Marruecos, la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), que cuenta con civiles, militares y Gendarmería Real, y está financiada con elevados fondos económicos, a cuenta del rey Mohamed VI. «La colaboración de los servicios de inteligencia española con la DGED es nula. No existe ningún canal directo, ni con el CNI ni con nada», mantiene el exagente del CNI.
A la cabeza de la DGED está Yassine Mansouri, el compañero de pupitre y amigo desde la infancia de Mohamed VI. Comenzó su carrera dentro del Ministerio de Información en 1987 y realizó cursos internacionales de espionaje en Estados Unidos e Israel. Con Mohamed VI se convirtió en el adjunto al ministro del Interior, a cargo de la Dirección General de Asuntos Internos, el departamento más importante del Ministerio.
A Mansouri se le atribuye la depuración de las autoridades proclives al Frente Polisarioen el Sáhara Occidental. Igualmente, se ha convertido en un contacto clave en la región para europeos y estadounidenses. Visita frecuentemente Washington, donde se dice que tiene acceso privilegiado a las principales agencias de inteligencia. De hecho, realizó prácticas en el FBI por recomendación personal de Hassan II.
Brigada de información real
Por su parte, el palacio real tiene su propia brigada de información dirigida por un comisario. Alrededor de una veintena de agentes, pero sin vínculo alguno con el Estado, dependen exclusivamente de la seguridad real. Al igual que con Hassan II, existen las comunicaciones con los servicios secretos «amigos», como la Dirección General de la Seguridad Exterior, principal servicio de información francés; los servicios secretos estadounidenses, los israelíes y los del Golfo. Palacio se sirve de estas relaciones para transmitir mensajes a los jefes de Estado aliados evitando los canales diplomáticos oficiales.

«El Ejército desempeña un papel importante en Marruecos, pero no tiene ningún papel político. Su poder deriva del poder real. Y no necesito al Ejército para hacer política», aclaró Mohamed VI en una entrevista en Le Figaro en 2001. Consciente del peso de los militares, el rey ha cerrado más el círculo cercano para minimizar el riesgo de ataque a la monarquía. En enero de 2020, cambió su sistema de seguridad, despidió a la Gendarmería Real y a los servicios de Seguridad Nacional de la gestión de los asuntos de seguridad del palacio.
Con el Ejército de su lado, estaría a salvo de un golpe militar y evitaría atentados como los que sufrió su padre. «El objetivo es restaurar la autoridad del poder monárquico, que dependa menos del funcionamiento regular de las instituciones que de la presencia física del rey», explicó el periodista y académico Omar Brouksy, autor de varios libros sobre Mohamed VI, en el digital Orient XXI.
La gran grieta: Pegasus
Las investigaciones sobre el espionaje con el software Pegasus a teléfonos de responsables españoles dañó la confianza entre ambos países porque las investigaciones apuntan a Marruecos.A pesar del silencio del presidente Pedro Sánchez y de los ministros víctimas de Pegasus y de la negativa de Rabat en aceptar su autoría, la investigación The Pegasus Project señala a Marruecos. Apuntan a que los primeros números pinchados con Pegasus son precisamente los números de teléfono de altos cargos de la DGST que estaban probando y testeando Pegasus para decidir si lo incorporaban a su arsenal tecnológico o no.

Al jefe de la seguridad nacional, Abdellatif Hammouchi, al frente de la DST y de la Dirección General de Supervisión del Territorio (DGST), no solo ha impuesto su mano dura con los testigos de la represión, disidentes, críticos y periodistas libres, a los que ha sometido y encarcelado, sino que se le atribuye el espionaje. Según una exclusiva de El Confidencial, Hammouchi se reunió con Esperanza Casteleiro, recién llegada al CNI, para «limar asperezas» tras conocerse el caso Pegasus.
Es la cabeza visible del Mundial 2030 que España y Portugal organizan junto a Marruecos. Cada vez es más frecuente verlo controlando los campos de fútbol o ser ovacionado en eventos multitudinarios a los que no acude el monarca, como si se tratará del jefe del Gobierno o del Estado. No obstante, sus relaciones con Madrid son tan estrechas que fue condecorado en dos ocasiones por el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska, a pesar de que estuvo acusado de presuntas torturas en Francia.