La purga silenciosa de Trump para acelerar la campaña de deportaciones

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Antònia Crespí Ferrer

Dos jueces que frenaron la expulsión de estudiantes propalestinos forman parte del centenar de magistrados de inmigración despedidos.

La maquinaria represiva interna de la administración de Donald Trump continúa operando con la misma eficiencia que antes de la guerra de Irán. A pesar de que ahora el foco está puesto en el exterior y en las aspiraciones imperialistas del magnate, dentro de Estados Unidos los esfuerzos para acelerar la campaña dedeportaciones masivas continúan. F

Un hombre frente al centro de detención de ICE en Broadview mientras agentes esperan para detenerlo.
Un hombre frente al centro de detención de ICE en Broadview

uera del foco de las calles, el presidente estadounidense ha estado purgando también los juzgados de inmigración. Dos de las últimas víctimas han sido jueces que frenaron deportaciones de estudiantes propalestinos. A principios de abril, la Administración Trump notificó la destitución de seis jueces. Según el The New York Times, entre ellos estaban Roopal Patel y Nina Froes. Ambos supervisaron los casos de deportación de Rümeysa Öztürk y Mohsen Mahdawi, dos estudiantes que fueron arrestados el año pasado como parte de la campaña de Trump contra el movimiento de protesta de Gaza.

Lo mismo pasó con Öztürk, quien el año pasado fue arrestada en medio de la calle por agentes enmascarados y sin identificar. Cuando su caso llegó a la mesa de Patel, la jueza ordenó frenar su deportación. En declaraciones a The Guardian, Patel dice que no cree que su despido sea una represalia directa por el caso de la estudiante turca. Pero sí que señala que hay un claro patrón en los últimos meses por lo que respecta a la remodelación del cuerpo de jueces de inmigración.

La juez Nina Flofres liberó al activista estudiantil palestino Mohsen Mahdawi, el 30 de abril de 2025 en Burlington, Vermont.
Un análisis de los antecedentes profesionales hecho por la NPR (National Public Radio) de 70 jueces de inmigración que han sido despedidos recientemente, reveló que se trataba de magistrados con experiencia en la defensa de inmigrantes, y sin historial laboral previo en el departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Para hacer comparativa, NPR también analizó las promociones de jueces incorporados entre febrero de 2023 y noviembre de 2024, que habrían finalizado sus períodos de prueba este año o que aún se encuentran en ese período. De este grupo, aquellos jueces con experiencia previa en el DHS, incluyendo su trabajo como oficiales de asilo y como abogados para ICE, constituían la mayor parte de los que seguían en funciones.
El eje central del libro es que los autores consideran que Trump presenta patrones de conducta observables —como impulsividad, narcisismo extremo, agresividad, paranoia, desorganización y deterioro cognitivo— que lo vuelven particularmente peligroso en un puesto de poder. Los ensayos sostienen que no intentan hacer un diagnóstico clínico formal, sino evaluar su “peligrosidad” a partir de comportamientos públicos, entrevistas, discursos y decisiones políticas. ([PMC][2])La campaña mediática de Trump sobre migración entra en una nueva fase ...

 

çUna de las principales tesis del libro es que un eventual segundo mandato de Trump sería más riesgoso que el primero. Los autores argumentan que, si antes existían ciertos límites institucionales, hoy Trump estaría rodeado de personas más leales, menos dispuestas a contenerlo y con una mayor disposición a romper normas democráticas. También afirman que su estilo político habría contribuido a normalizar la violencia verbal, el autoritarismo, la polarización y el debilitamiento de instituciones democráticas. ([Goodreads][3])

Otro tema importante es el llamado “Trump effect”: la idea de que la conducta del presidente no sólo afecta la política, sino también la salud mental colectiva y la cultura pública. Los autores afirman que sus mensajes y actitudes han favorecido el aumento de la hostilidad social, el miedo, la radicalización y la legitimación de discursos racistas, antisemitas o antiinmigrantes.

El libro también dedica mucho espacio al debate ético sobre si los profesionales de la salud mental deben hablar públicamente sobre un dirigente político. Los autores sostienen que existe un “deber de advertir” cuando consideran que una figura poderosa representa un peligro para la sociedad, incluso si eso entra en tensión con la llamada “Goldwater Rule”, que desaconseja a los psiquiatras diagnosticar a personajes públicos sin haberlos examinado personalmente. ([Springer Nature Link]

Finalmente, la obra concluye que el caso de Trump no debe verse sólo como un asunto de personalidad individual, sino como una señal de fragilidad institucional y cultural en Estados Unidos. Los autores sostienen que el verdadero peligro no radica únicamente en Trump, sino en una sociedad y un sistema político dispuestos a normalizar conductas que antes habrían sido consideradas inaceptables. ([PMC][2])

*Periodista española, corrresponsal de Público.es en Washington