Las teen takeovers de los jóvenes pobres: un fenómeno en Estados Unidos
Menores de barriadas pobres, generalmente negros, toman el espacio público y desafían el toque de queda ya instaurado en distintos centros urbanos.
20 de abril de 2026. Estados Unidos hoy está cruzado por un fenómeno social que devino en problema político. Tiene que ver con el uso del espacio público, con quién ocupa sus calles. Las llamadas “teens takeovers” (tomas de control de adolescentes) mantienen en vilo a autoridades distritales, estatales y amenazan con transformarse en un conflicto federal. En el país que gobierna Donald Trump, las multitudes van ganando espesura popular con distintas motivaciones.
Las protestas “No kings” de millones de personas se reproducen contra el autoritarismo del presidente; las que se organizaron contra el ICE cuestionan la política migratoria draconiana de su régimen y las que crecen contra la guerra en Irán o a favor de la causa palestina –incluso aquellas lideradas por activistas judíos– suelen terminar con
decenas de detenciones. Lo que no estaba en los planes de nadie es que crecieran las concentraciones de jóvenes en diferentes ciudades, solo por el hecho de juntarse, causar disturbios o divertirse. Las protagonizan menores de barriadas pobres, generalmente negros, que desafían el toque de queda ya instaurado en distintos centros urbanos.
Grandes ciudades como Los Ángeles, Nueva York y Chicago fueron escenario de estas prácticas que cuestionan el orden establecido por los adultos y además se viralizan gracias al uso de las redes sociales. Las convocatorias a reunirse en parques, centros comerciales o distritos donde viven personas de alto poder adquisitivo no son nuevas, pero en 2026 se multiplicaron como hechos disruptivos de una costa a la otra de EE. UU.
Las movilizaciones conocidas como teens takeovers ya se realizaban en barrios muy específicos de unas pocas ciudades. Allá por 2023 e incluso antes, en Chicago, la tercera en habitantes del país que gobierna Brandon Johnson, un alcalde negro y maestro de escuela que pertenece al ala izquierda del partido Demócrata, hubo este tipo de aglomeraciones adolescentes que no habían llamado demasiado la atención.
Pero durante el segundo mandato de Trump, que ya se acerca al año y medio, estas reuniones se viralizaron y pusieron en jaque a las autoridades locales. El pasado 7 de abril, el Washington Post se preguntaba en un artículo
“por qué las ‘tomas de control de adolescentes’ en Washington D. C. se han convertido en un foco de controversia política”. En el desarrollo del artículo se mencionaba que “las grandes concentraciones de fin de semana, a veces tumultuosas, han dado lugar a detenciones, un toque de queda más estricto y eventos alternativos, pero las soluciones a largo plazo siguen siendo difíciles de encontrar”.
Los políticos en la capital de EE.UU. no lograron hasta ahora ponerse de acuerdo sobre cómo enfrentar este fenómeno, que en varias ocasiones devino en espectáculo violento. En Washington, donde los índices criminales disminuyeron en el último tiempo, ahora es tema de discusión la extensión del toque de queda para menores, que no pueden ser más de ocho en cualquier encuentro sobre el espacio público.
El 13 de abril, Jeanine Pirro, la fiscal federal para el distrito de Columbia –donde se ubica la capital–, definió a las teens takeovers como “supuestas reuniones sociales” que “se convierten en un caos criminal”. No solo pidió que se prolongue el toque de queda. También declaró en la cadena Fox News: “Ya basta. Todos en Washington D. C. tienen derecho a una ciudad segura y al derecho de vivir en disfrute tranquilo sin el temor a invasiones juveniles y la anarquía. ¡Es hora de bajar la edad de responsabilidad y recuperar nuestras calles!”.
La mujer es una aliada incondicional de Trump. Justificó su teoría conspirativa sobre el presunto “robo” de las elecciones en 2020 cuando era presentadora de la cadena Fox y antes de ser nombrada jueza y luego fiscal federal por los republicanos. Hoy lidera la mano dura contra adolescentes que en promedio rondan los 14 años.
En la capital actualmente es ilegal que grupos de más de 8 menores se reúnan en determinadas zonas a partir de las 20. Este tipo de reuniones masivas se extendió por todo el país. Desde Florida hasta Virginia, pasando por Chicago, Los Ángeles y Nueva York. ¿Cuáles pueden ser las causas del problema en un país ya de por sí convulsionado por las políticas extremistas de Trump a nivel interno contra los migrantes, los jóvenes universitarios y los caídos del sistema? Podría responderse que el abandono institucional de la juventud, la privatización de los espacios públicos y hasta la postergación de los barrios más pobres de las grandes urbes.
La problemática se convirtió en una discusión de Estado en Chicago, donde se conocieron las primeras tomas de posesión en 2023 que entre adolescentes afroamericanos eran conocidas popularmente como “trends” (tendencias). Así se las llamaba también a estas convocatorias a tomar el espacio público en los mensajes.

Tres años después, la repetición de estos encuentros, en ocasiones violentos y en otras no, provocó que autoridades de Chicago se reunieran con representantes de Meta, la dueña de Facebook e Instagram. Trabajan en un plan que le ponga freno a las movilizaciones de jóvenes que se dan de manera más o menos espontánea.
La situación de descontrol en el espacio público generó una respuesta desde el mundo adulto. Los padres de estos jóvenes movilizados apelaron a sus propias “tomas de control”.Ya lo hicieron en Chicago, con lo que se extiende la brecha entre dos generaciones.
Detroit, una ciudad que se declaró en bancarrota en 2013 y que es quizás el mejor ejemplo de la decadencia del estilo de vida estadounidense, pasó de ser la cuarta ciudad del país a una sin industria por la crisis automotriz de 2008/2010. Su alcaldesa, Mary Sheffield, la primera mujer que llegó a gobernarla en 325 años de historia (Detroit se fundó en 1701), declaró que está intentando evitar las concentraciones juveniles en la ciudad: “Nos estamos uniendo todos, la comunidad, las fuerzas del orden, todas las partes interesadas, para asegurarnos de crear espacios seguros para nuestros jóvenes, de que exista un cierto nivel de responsabilidad parental en el cumplimiento del toque de queda”.
Las “teens takeovers” generan un conflicto de impredecible desenlace que el gobierno de Trump decidió suprimir de raíz con políticas de mano dura y represión a los más jóvenes. No parece haberlo logrado hasta el momento y el problema puede írsele de las manos, como ya se observa con nitidez en las calles de Estados Unidos. Es un combustible que aviva el fuego de las protestas contra su régimen, el capitalismo decadente y el autoritarismo de una élite minoritaria en la nación más beligerante del planeta.
* Periodista y docente por concurso de la carrera de Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la tecnicatura de Periodismo Deportivo en la Universidad de La Plata (UNLP). Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)