Siguen los intentos por descalificar y/o matar a Gustavo Petro

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Camilo Rengifo Marín

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, denunció dos complots contra su vida. Como sin darle mucha importancia, el mandatario aseguró que esta misma semana intentaron matarlo mientras viajaba en helicóptero: la aeronave tuvo que desviar su ruta y sobrevolar el océano durante cuatro horas hasta poder aterrizar. No ofreció detalles sobre la amenaza concreta ni sobre los responsables.

Asimismo, el presidente afirmó tener información sobre una conspiración para plantarle “sustancias psicoactivas” [cocaína, según fuentes cercanas al caso] con el objetivo de “destruir la reunión con (el presidente estadounidense Donald) Trump”, en referencia al encuentro que sostuvo la semana pasada en la Casa Blanca. Horas después, se firmó la orden para que el general de la Policía señalado indirectamente como responsable de esa operación abandonara el servicio. Un nuevo intento de magnicidio y un fallido plan para vincularlo con drogas antes de su exitosa reunión con el mandatario estadounidense.

Petro se refirió  a un intento de atentado que no hizo posible su llegada al departamento de Córdoba el pasado lunes por temor a un ataque al helicóptero donde se transportaba junto con sus hijos. «Yo tengo que confesar aquí, decirlo, que vengo de dos días no en brazos del amor, sino escapándome de que me maten», comentó el mandatario durante el Consejo de Ministros realizado para analizar la situación de las inundaciones en el sur del país.

Petro confesó durante la reunión que no pudo aterrizar en Montería como estaba previsto tras no haberse garantizado las condiciones de seguridad para el aterrizaje del helicóptero presidencial, por lo que tuvieron que volar mar adentro. Petro comentó que después de dos horas en el aire, decidieron moverse hacia otra área para aterrizar. «En cambio por la mañana no aterricé donde tenía que aterrizar porque tenía (información de) que al helicóptero le iban a disparar, con mis hijos también, e hice lo que sé hacer, entonces cogimos mar abierto cuatro horas y llegué a donde no tenía que llegar, pero llegué», afirmó.

El presidente señaló que se tomaron medidas contra miembros de la policía, entre ellos un general, que tenía una orden de poner sustancias en sus bebidas para «destruir la reunión con Trump». Ese incidente provocó la alerta del mandatario y la decisión del desvío para salvaguardar su vida y la de sus hijos, ya que los intentos contra su familia vienen desde octubre según confiesa.

Las inundaciones que han afectado el sur de Colombia fueron una de las atenciones que tuvo el presidente en su viaje donde analizó posibles soluciones para con las víctimas después de sobrevolar el área. Asimismo, denunció el uso indebido de los fondos de ayuda humanitaria en la región de Montería en medio de la situación climatológica que afecta el país.

«No puedo confiar en nadie, todos me traicionan”, suele decir en privado, señala el diario español El País. Esa desconfianza permanente —o, para sus críticos, su manía persecutoria— tiene raíces en su pasado guerrillero, marcado por persecuciones y traiciones. En este caso, como en otros anteriores, sus denuncias abren muchos interrogantes, pero no las sustenta públicamente con evidencias ni investigaciones concluyentes, añade.

Petro con comandantes de la Policía

Una versión apunta a sectores de la inteligencia militar en colaboración con agencias extranjeras, en un contexto en el que Donald Trump puso en la mira primero a Nicolás Maduro y después a Petro como supuestos colaboradores del narcotráfico. Según esa última versión, el Ejército habría detectado ese intento de vincular al presidente —o a su entorno— con el narcotráfico, en medio de tensiones con Venezuela y despliegues de Estados Unidos en el Caribe. “La información llega a la estación de la CIA en Colombia y se le entrega directamente al señor presidente como material con cierta credibilidad”, explica una de las fuentes.

Los medios de la derecha global, como El País de España, señalan que Petro lanzó la “bomba”, efectivamente, cuando tenía varios frentes abiertos en la política doméstica. Horas antes, la Fiscalía había anunciado que imputará cargos a Ricardo Roa, presidente de la petrolera estatal y exgerente de su campaña presidencial de 2022, por presuntamente haber superado los límites de financiación electoral, una conducta tipificada como delito en Colombia.

Petro interpretó la imputación  como parte de la continua y amplia conspiración en su contra, en la que incluye el proceso contra su hijo Nicolás, acusado desde 2023 de haber recibido dinero para la campaña y apropiárselo, y el juicio contra su antiguo ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, señalado por la supuesta asignación de recursos públicos a congresistas a cambio de respaldo político al Ejecutivo, lo que marca versiones enfrentadas entre agencias de inteligencia, que no son nuevas en un país que aún arrastra tensiones ideológicas y cuestionamientos de métodos.

El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ordenó a la cúpula militar y policial “fortalecer todas sus capacidades de inteligencia y contrainteligencia” para neutralizar cualquier amenaza contra el presidente. En su cuenta de X, anunció además que recopilará información sobre la denuncia para estudiarla oficialmente. “La situación es muy grave, tanto si se confirma que es cierto como si se confirma que es mentira”, lamentan fuentes oficiales.

 

*Economista y docente universitario colombiano, analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)