El rechazo a Trump y el gran triunfo demócrata en ambas cámaras
La oposición tendrá mayoría en el Congreso en los dos últimos años de su gobierno
Beverly Fanon-Clay y Mirko Trudeau
El Partido Demócrata consiguió una gran victoria en las elecciones de medio mandato celebradas el martes en Estados Unidos, obteniendo mayorías en las dos cámaras, según las proyecciones, por lo que los dos últimos años del gobierno del presidente Donald Trump serán con un Congreso completamente adverso a sus intereses.

La narrativa del presidente estadounidense «elegido por Dios» se ha hecho añicos ante realidades mucho más mundanas: pagar las facturas, llenar el depósito del coche y hacer la compra. La derrota histórica ha venido desde dentro, por lo que aún ha sido más dolorosa. Cinco grandes feudos republicanos y cruciales para el control del Senado le han dado la espalda al presidente estadounidense: Carolina del Norte, Carolina del Sur, Texas, Iowa y Kansas se han teñido de azul.
Los votantes estadounidenses eligieron a su primera gobernadora negra, su primer senador abiertamente gay, el primer senador musulmán y la primera gobernadora indígena en unas elecciones de medio mandato que reflejan un liderazgo cada vez más diverso. Fue una gran reprimenda contra el odio y la división», señaló Bill Shiebler, director de estrategia de la organización no gubernamental State Voices.
Tan importante como la magnitud de la debacle es la responsabilidad por la misma, en la medida en que Trump se empeñó en que los comicios fueran un referendo sobre su persona. A principios de año, nada sugería que los demócratas pudieran hacerse con la mayoría del Congreso; de hecho, todavía en mayo 59 por ciento de los adultos tenían una opinión desfavorable de dicho partido.
Los analistas señalan cuatro factores centrales del resultado electoral: la injerencia de Trump en los procesos internos de los republicanos, en los que impuso a candidatos contra el criterio de las militancias locales, la agresión criminal contra Irán, que rompió la promesa de no meter al país en más guerras interminables en el extranjero que, a su vez, desató una ola inflacionaria y la inhumana e indiscriminada cacería desatada contra los migrantes, sin importar su estatus legal, que enajenó al trumpismo el voto latino, crucial para sus victorias anteriores.
La mejor muestra de este cambio de preferencias entre los descendientes de latinoamericanos se encuentra en Texas, donde James Talarico y Gina Hinojosa aplastaron a sus contrincantes conservadores por márgenes que nadie anticipó en la carrera senatorial y por la gubernatura. En Florida, la ultraderecha estuvo muy cerca de perder su bastión ante proyectos liberales.

Quizás la principal lección de la derrota rotunda de los republicanos y Donald Trump, para Estados Unidos y el resto del mundo, es que la democracia vive en el país que acaba de celebrar los 250 años de su fundación. No es una lección menor, y ni siquiera era seguro que sucediese dada la aversión de Trump hacia la separación de poderes y su sistemática impugnación del legítimo proceso electoral. .
El partido azul ha recuperado el control del Senado y de la Cámara de Representantes después de imponerse en bastiones republicanos donde las encuestas ni siquiera les daban posibilidades. Uno de los triunfos de la noche es el de Texas, donde Gina Hinojosa se convierte en la primera gobernadora hispana tras derrotar al (ex) todopoderoso Greg Abbott.
En Míchigan, el demócrata Abdul El-Sayed ganó las elecciones al Senado y se ha convertido en el primer musulmán en la Cámara alta. Los republicanos han mantenido el escaño en el Senado por Florida, con el triunfo de Ashley Moody, y Byron Donalds será el primer gobernador negro de ese Estado, que se consolida como principal enclave conservador. “Estoy un poco sorprendido. Pensé que lo haríamos mejor”, ha comentado Trump. Tras admitir la derrota, ha dicho que aceptará los resultados.
El demócrata Xavier Becerra convierte en el primer gobernador de origen latino al frente del Gobierno de California en más de 150 años. «Qué gran noche para ser californiano. Qué gran noche para ser estadounidense, para ser hijo de inmigrantes de la Unión, para estar de pie en la victoria junto a todos vosotros», ha afirmado en su discurso de celebración en Sacramento.

La derrota del partido que está en el gobierno en las elecciones de medio término es lo usual en la política estadounidense, en la que el electorado suele castigar al mandatario de turno, pero la caída republicana del martes fue muy importante, lo que seguramente traerá un replanteo interno, más allá de lo que pueda hacer Trump. La contundente victoria de los demócratas se apoyó en varios factores que ya estaban pesando en la ciudadanía a la hora de evaluar al gobierno del magnate republicano, pero lo que más pesó fue la marcha actual de la economía.
El control de las dos cámaras por los demócratas azuza la incertidumbre sobre el auge de la inteligencia artificial. El mercado está analizando si la ola azul implicará una desaceleración de la fuerte apuesta por la IA que están haciendo las empresas tecnológicas, mientras valora un potencial frenazo en la construcción de centros de datos en EE UU, donde los demócratas han vencido en estados clave gracias a una campaña que ha tenido en el punto de mira la fuerte expansión de estas instalaciones.
El precio al alza de la nafta y del diésel, que en este último caso se traslada además a los precios de muchísimos productos, viene generando en todos los estados del país un incremento del costo de vida. Esto sumado al rechazo a la guerra con Irán fueron los factores que pesaron con fuerza a la hora de la votación.
Además, particularmente entre la ciudadanía estadounidense de origen hispano, las cacerías promovidas por el gobierno a través de los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), también generaron un alejamiento del voto latino por los republicanos.

«Estoy absolutamente dispuesto a aceptar estos resultados», ha afirmado Trump en una entrevista con The New York Times, en la que también ha afirmado que «está dispuesto a trabajar» con los demócratas para llegar a acuerdos en la Cámara de Representantes. «No me presentaba como candidato y, si lo hubiera hecho, ¡habríamos ganado por goleada!», fue la primera reacción del presidente estadounidense al avance del escrutinio. Intenta eludir así su responsabilidad en los resultados de las midterms a medida que se van conociendo los datos de los comicios, convertidos en un plebiscito a su gestión.
Una de las victorias más resonantes de los demócratas se dio en el estado de Texas, un bastión tradicional de los republicanos. Allí, el pastor presbiteriano James Talarico, de 37 años, derrotó de manera contundente a su adversario republicano, el fiscal general del estado, Ken Paxton, un candidato polémico, sobre quien pesan muchas acusaciones de corrupción, pero que tenía el apoyo decidido de Trump.
Talarico, que logró aproximadamente el 60% de los votos, principalmente gracias al apoyo masivo que tuvo en las principales ciudades del estado, Austin, Dallas y Houston, será el primer senador demócrata texano desde 1988, lo que da cuenta de la relevancia de este triunfo.
“Este es un mandato para realizar un cambio grande. Esta noche es el inicio del fin de la era de Trump; mañana empezamos a construir el mejor mundo que seguirá”, declaró el diputado demócrata Greg Casar, presidente del caucus progresista del Congreso.La frase de la jornada fue “ola azul” (el color del Partido Demócrata), otros usaron “tsunami” o “sismo” para calificar la culminación de la elección intermedia.
Antes del cierre de las casillas de votación, Trump había asegurado a CBS News: “yo tengo el poder definitivo; se llama veto”, y afirmó que la Suprema Corte le otorgó “tremendos poderes” sobre agencias federales sin importar quién controle el Congreso. Hasta ahora nadie ha impedido al magnate continuar desestabilizando a su propio país y al resto del planeta. Sin lugar a dudas, el resultado reflejó un repudio a la agenda de Trump.
Pero no todo fueron buenas noticias para la cúpula demócrata ya que varios de los candidatos que ganaron no comparten el consenso del liderazgo centrista de su partido. “Esto se trata del pueblo contra los milmillonarios”, declaró Talarico, quien ahora es el primer demócrata en ganar una curul en el Senado federal por Texas desde 1988. Candidatos al Senado en Maine, Michigan y Florida también definieron sus contiendas como luchas contra los milmillonarios y sus intentos de “comprar” esta democracia, algo que no comparte el liderazgo que acepta donaciones de los ricos.
Confrontado por una alta tasa de desaprobación el año pasado, Trump presionó a Texas y Florida para manipular sus mapas electorales y elegir a otros cinco republicanos más. Pero en ambos estados, esos esfuerzos parecieron fracasar por completo, con casi todas esas curules que habían sido dibujadas para republicanos acabando en manos demócratas. Al irse revelando los resultados de esta noche, el presidente comentó a The New York Times que “absolutamente estoy dispuesto” a aceptar los resultados de la elección. “Bueno, estoy esperando trabajar con ellos (los demócratas). Probablemente resolveremos algo”.
*Periodistas estadounidenses del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
