No solo redes sociales: la izquierda debe trabajar sobre el terreno
Rafael Cuevas Molina
Hay una experiencia paradigmática de organización popular de la izquierda en América que es la de Uruguay con el Frente Amplio. Es una organización que data de los años setenta del siglo XX, cuando no solo la izquierda, sino también contingentes de los partidos tradicionales (colorados y blancos), se agruparon y cimentaron su accionar en los llamados Comités de Base, conformados por vecinos cercanos que se reunían semanalmente y estudiaban, discutían sobre la realidad nacional, recibían orientaciones de la dirigencia y hacían vida comunitaria horizontal y vertical; es decir, se encontraba gente de muy diversas edades y condiciones que compartían un lugar de residencia.


Las iglesias neopentecostales arrasaron con la Teología de la Liberación, en la cual encontraban respuestas con perfil social y comunitario “los pobres de la tierra”, y fue sustituida por iglesias que tienen como meollo ideológico el sentido común neoliberal, que hace de la consecución del éxito material a través del esfuerzo individual su gran motor, y que tienen como epítome actual la Teología de la Prosperidad. Hoy, son baluarte de los partidos de extrema derecha y neofascistas en todo el continente.