Un amarillismo malsano, en la dimensión de la violencia

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 Eduardo Camín

Tiempos violentos, son estos. Tiempos delineados, por la fuerza, acechados por la brutalidad. Los propios medios de información han sumergido al ciudadano en espacios de violencia real e imaginaria. Desde las páginas más amarillas, hasta los programas más progresistas se nos advierte una y otra vez que una ola permanente de acciones criminales sobresalta tal o cual región o nos cita la muerte en el barrio que nos vio nacer.

Pero en realidad si se piensa el enemigo está en casa y se aloja dentro de nosotros mismos.  En la tremenda violencia que azota a nuestros países están en juego hombres y sistemas. Es cierto que es más espectacular dedicarse a la caza de los hombres; pero no deja de ser más eficaz y a la larga más pertinente modificar o corregir los textos y comportamientos que han permitido o tolerado que ocurriera cuanto ha ocurrido, cuya magnitud, por otra parte, el país ignora a la espera …de vaya a saber que milagro.

El mundo ha entrado en una preocupante era de hostilidades generalizadas que no da tregua. Y esto no es un fenómeno nuevo, recordamos que en 2002 la OMS había lanzado el Informe Mundial sobre la violencia y la salud, en el que se hacía el primer análisis exhaustivo del problema de la violencia a escala mundial: en qué consiste, a quién afecta y qué puede hacerse al respecto. 

El Informe en cuestión sobre la situación mundial de la prevención de la violencia, evaluó por vez primera en qué medida han puesto en práctica los países las recomendaciones del Informe mundial sobre la violencia y la salud, como se pedía en la resolución WHA 56.24, «Aplicación de las recomendaciones del Informe mundial sobre la violencia y la salud». 

El informe se había centrado en la violencia interpersonal, que abarca el maltrato infantil, la violencia juvenil, la violencia de pareja, la violencia sexual y el maltrato a los ancianos. Y al igual que otros informes similares sobre la seguridad vial, el control del tabaco y la salud mental, este se presentaba en realidad como un catálogo de efectos sin ahondar en las verdaderas causas.  Pero poco avanzamos, en realidad, este panorama de la situación de la prevención de la violencia interpersonal en cada país servirá, una vez más para reactivar las tertulias de la crónica roja. 

No obstante, cada año, más de 1,6 millones de personas pierden la vida debido a la violencia. Por cada una que muere, muchas más quedan con lesiones y con diversos problemas de salud física, sexual, reproductiva y mental.

Mientras tanto la violencia supone una enorme carga para las economías nacionales, con un costo para los países de miles de millones de dólares anuales en atención sanitaria, vigilancia del cumplimiento de la ley y posterior encarcelamiento y pérdida de productividad

Siendo una de las paradojas más desafiantes de nuestro tiempo ; la contradicción observable entre el bienintencionado discurso sobre los derechos humanos que producen las instituciones internacionales y los Estados nacionales y la desdichada realidad de las libertades ciudadanas que prevalecen en nuestros países.

Este dramático contraste entre la teoría y la práctica, entre el derecho y la vida cotidiana no puede superarse tan solo mediante la gestión de los aparatos estatales y los organismos internacionales.
Se requiere además la participación de la ciudadanía, de sus movimientos sociales y partidos políticos, a fin de realizar las promesas contenidas en las declaraciones y convenciones internacionales y regionales en materia de derechos humanos. 

El rol del Estado, debe ser muy lúcido en esta estratégica cuestión, que incide como ninguna otra en la calidad de vida de la gente de la calle, debe ser el de aterrizarla y mantener la distancia tanto respecto de las disertaciones eruditas de los juristas y filósofos como respecto de las intervenciones militantes de los grupos de presión e interés.

En realidad estas crisis, estos estallidos sociales sujetos a la violencia de toda índole, dejan al desnudo las prioridades de la antigua y actual estructura económica, donde las soluciones propuestas ya no sirven para reconquistar un equilibrio definitivamente perdido.

No hagamos olas … que se nos caen las inversiones 

Es bueno, saludable y necesario que los hechos se conozcan porque el horno no está para bollos y los días, se suceden golpeando sin piedad a la mayoría de la gente. No obstante, nuestros gobiernos progresistas o liberales continúan estigmatizando esta realidad, accionando, pregonando y aun recomendando que el futuro siga siendo la articulación competitiva del mercado y la modernidad como progreso técnico, como simples ejes centrales sobre los cuales se hace descansar el futuro esplendoroso de nuestros países.

Aunque este proyecto haga depender la existencia y soberanía al nuevo orden global -impuesto por un capitalismo salvaje- cada vez más explotador. El no abandono de esta reivindicación específica y propia, de nuestro pensamiento crítico seguirá siendo nuestro karma, aun despreciado y caricaturizada por el pensamiento tecnocrático y posibilista que se ha adueñado de nuestros dirigentes y que nos llevará a mediano plazo a un callejón sin salida.

Interrogarse sobre el escenario futuro, que surge de la actual interpretación de la realidad, que pretende eliminar la referencia a «la explotación, la injusticia social y la desigualdad económica» del ámbito del pensar intelectual, donde la voluntad política queda secuestrada por el principio de acatamiento de las leyes «naturales» del mercado, es y será el resultado y la consecuencia de una política nefasta, que en sí misma es portadora activa de la violencia, que se pretende denunciar.

Todos sabemos que la impericia, la imprevisión y la ignorancia llevan a la dependencia; pero mirar y ver, conocer los hechos, no supone resignarse a soportarlos. Por el contrario, se es esclavo de ellos cuando se les ignora. En este replanteo del problema de la violencia de la justicia penal y de la frontera que ésta traza cuidadosamente en torno de la delincuencia en todas sus formas, no hay pues una naturaleza criminal sino juegos de fuerza que según la clase a que pertenecen los individuos, los conducirán al poder o a la prisión.

De ahí la utilización de la crónica roja, que se abreva en sangre, se alimenta de prisión y hacen representar cotidianamente un repertorio de melodrama. La separación entre la delincuencia y los demás ilegalismos dominantes son otros tantos efectos que aparecen claramente en la manera que funciona el sistema.  

La intervención humanitaria y la dialéctica entre deberes y derechos son las cuestiones fronterizas de la gestión de la (in)seguridad, aunque somos conscientes de que no vamos a decir nada nuevo cuando decimos que el Estado ha perdido relevancia en la definición de los conflictos sociales. Lo que demuestra la superior eficacia y resistencia del capitalismo es que todas sus calamidades humanas que habrían invalidado cualquier sistema económico no afectan su credibilidad ni le impedí seguir funcionando a pleno rendimiento, es precisamente su indiferencia mecánica como sistema que se robustece con las desgracias humanas.

Violencia colectiva y conflictos: datos relevantes

El estado de la violencia en el mundo actual atraviesa una fase crítica de repunte generalizado, marcada por un máximo histórico en conflictos armados y un estancamiento alarmante en la reducción de la violencia interpersonal y de género. Los datos e informes globales de instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala (UCDP) y las Naciones Unidas reflejan el panorama global,

Récord de conflictos: Se contabilizan 65 conflictos activos que involucran al menos a un Estado, el número más alto registrado desde 1946. Además, las guerras interestatales propiamente dichas se han duplicado debido a las tensiones globales en Europa Oriente Medio y disputas fronterizas en Asia. 

Letalidad y civiles: El impacto de los combates provoca unas 245,000 muertes anuales ligadas directamente a la violencia política y la guerra. De estas, cerca de 76,500 corresponden a ataques directos contra civiles, espoleados por las crisis humanitarias extremas y guerras civiles en lugares como Sudán o la Franja de Gaza. 

Violencia interpersonal y de género: Crisis estancada

La violencia contra las mujeres y niñas sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas y difíciles de erradicar:

Estancamiento crónico: La OMS advierte que las cifras globales apenas han variado en las últimas dos décadas (reduciéndose a un ritmo dolorosamente lento de solo el 0.2% anual).

La cifra de los 840 millones: Cerca de un tercio de las mujeres en el mundo han sido víctimas de violencia física o sexual a lo largo de su vida. Solo en el último año, 316 millones de mujeres sufrieron agresiones físicas o sexuales por parte de sus parejas. 

Violencia sexual fuera de la pareja: Se estima que el 8.2% de las mujeres (unos 263 millones) han sufrido violencia sexual por parte de terceros (no parejas), con tasas de prevalencia particularmente elevadas en Oceanía (18%) y América Latina y el Caribe (13.5%). 

El «Iceberg» de la criminalidad y la violencia social

Detrás de las cifras de homicidios se esconde un impacto social y económico devastador:

Homicidios diarios: En entornos fuera de guerra, la violencia interpersonal causa más muertes globales que los propios conflictos bélicos (por ejemplo, el continente americano concentra de forma desproporcionada el 37% de los homicidios mundiales, albergando solo el 13% de la población). 

El costo económico: La violencia social, los homicidios y las agresiones no mortales les imponen a los Estados una carga financiera equivalente a entre el 1% y el 6% de su Producto Interior Bruto (PIB) anual debido a gastos médicos, judiciales, policiales y pérdidas de productividad. 

 

*Periodista uruguayo- suizo, exmiembro de la Asociación de Corresponsales de Prensa de Naciones Unidas (ACANU) en Ginebra.Miembro de la Red Internacional de Cátedras, instituciones y personalidad sobre el estudio de la Deuda Pública Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)