Europa casi infernal: Los que niegan lo innegable
Sergio Ferrari
Campos desecados, jardines amarillentos, árboles color sepia, como de otoño, lechos sin agua, glaciares en retirada acelerada. Un verano con Europa en brasas. Los incendios forestales aumentarán 30% para 2050 y más de 50% para fin de siglo
Desde mayo se habla mucho sobre un diagnóstico asfixiante que ocupa titulares urgentes de diarios y revistas, radio y televisión. La causa de este fenómeno –la estrecha relación entre el calentamiento global y veranos que arden– también es noticia, pero un poco menos. La responsabilidad directa por el uso exagerado de los combustibles fósiles como eje de un sistema productivo dominante entra solamente en los análisis más especializados. Y en este contexto, las fuerzas políticas que minimizan el problema –y que muchas veces llegan al punto del negacionismo climático– siguen actuando como cómplices del actual desastre climático.
Poco de puntual, mucho de constante

Julio y agosto batieron récords, y todavía falta un mes para que finalice un verano norteño con cuatro olas sucesivas de canículas, casi sin respiro entre una y otra. Periodos de varios días con temperaturas superiores a las medias normales para esta época del año, con días de máximas de no menos de entre 30 y 35 grados y noches con más de 20.
Se trata de una situación térmica que produce estrés climático-sanitario al amenazar la salud de la gente, en particular las personas más vulnerables, debido a edad o a enfermedades. Aumentan las complicaciones cardíacas, circulatorias y respiratorias y, en algunos casos, el desenlace es mortal. Hacia mediados de agosto, el calor ya ha causado la muerte “prematura” de más de 25 mil personas en Europa.
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), lo que ha caracterizado el estado del clima en julio y principios de agosto en el hemisferio Norte han sido las temperaturas récord en la superficie de la tierra y el mar. De la mano de ese calor extremo, sequías persistentes e incendios forestales devastadores. El mes de julio más caluroso jamás registrado a nivel mundial, y en franco empate con julio de 2024, constata la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).
En Europa, específicamente, el servicio Copernicus sobre el cambio climático, que depende del Centro Europeo para las Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMMT), confirma que ha sido el segundo mes de julio más cálido que se conoce. Con una temperatura media del aire en superficie superior en 1,47°C a la media preindustrial estimada (1850-1900). Datos más que alarmantes si se considera el recalentamiento progresivo a partir de julio desde 2016, con sucesivos récords anuales desde 2023 hasta hoy.
Adicionalmente, durante la primera mitad del año en curso aproximadamente el 82% de los océanos experimentó olas de calor marino de alta intensidad. En julio, por ejemplo, con temperaturas excepcionalmente elevadas en amplias zonas del Pacífico tropical, así como en el Atlántico frente a Europa y el Mediterráneo occidental.
Europa en brasas
A inicios de agosto, acota el portal Noticias Ambientales, los incendios forestales ya habían arrasado seis millones de hectáreas en Europa y Norteamérica.
Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, unos 1.614 incendios en el Viejo Mundo resultaron en 667.342 hectáreas destruidas, incontables evacuaciones y pérdidas millonarias. Los más impresionantes, en Gironda, Francia, donde destruyeron 42 mil hectáreas de pinares, así como en varias regiones de España, donde se perdieron más de 200 mil hectáreas, el doble de la media anual histórica para esa región. Grecia y Portugal también pagaron un alto costo y en los últimos días otros países como Bélgica.
En una espiral sin salida, el calentamiento climático favorece inevitablemente las condiciones que hacen posible estos incendios extraordinarios. A su vez, los incendios agravan el cambio climático. Entre 2001 y 2023, las emisiones fósiles mundiales relacionadas con incendios aumentaron un 60%.
Entre negacionismo y propuestas “pragmáticas”
Ni siquiera el calentamiento global, la crisis climática y los desastres naturales escapan a la polarización extrema que caracteriza el debate político e ideológico europeo.

A fines de julio, cuando la comunidad de Madrid confrontaba uno de los peores incendios de su historia, el partido ultraderechista español Vox sorprendió con un posteo en sus redes sociales criticando al Gobierno socialista por “falta de prevención”: “No es el cambio climático. Es una ideología criminal, incompetencia y abandono”, denunció.
Y al igual que el derechista Partido Popular, Vox rechazó el Pacto de Estado que el gobierno ofreció consensuar frente a la emergencia climática. Como principal respuesta, ambos partidos acusaron al primer ministro Pedro Sánches de querer sacar rédito político de los numerosos incendios.
Un artículo reciente del sitio ecologista Reporterre alega que Vox difundió argumentos falsos al responsabilizar a los activistas medioambientales por las recientes inundaciones [como las de Valencia en octubre de 2024, con 200 muertos]. Concretamente, los acusaron de la destrucción de represas y de prohibir la limpieza de ríos y lagos.
Aunque ampliamente refutado, este argumento sigue siendo parte de una campaña ideológica y moral para desacreditar a los ecologistas, a quienes Vox tilda de “ecocriminales” y “apóstoles de una religión climática”. Cuando el jefe de Gobierno español dijo recientemente que “el cambio climático mata”, la ultraderecha de su país le respondió con el lema “El fanatismo climático mata”.
En Francia, y según este mismo artículo, “la extrema derecha utiliza [los incendios] como argumento contra el ecologismo”. A pesar de su aparente “aggiornamento” pro-ambiental, este sector político aprovecha las crisis climáticas para promover “su [propio] tecnosolucionismo … y avanzar en sus ideas antiambientalistas”. ¿De qué manera? Argumentando, por ejemplo, que una “ecología del decrecimiento” que se opone al uso de aire acondicionado tiene la culpa.
Pero la propuesta de aire acondicionado a gran escala que impulsa el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen para combatir las olas de calor ignora sus severas consecuencias ambientales: esencialmente, un nivel extraordinario de consumo de energía, lo cual seguramente agravaría el calentamiento global. Al mismo tiempo, le permite al RN reafirmar su apoyo a la industria nuclear, seguir defendiendo los combustibles fósiles y continuar su oposición al desarrollo de energías renovables.

En Suiza, el Partido Popular Suizo (PPS-UDC), también de extrema derecha y primera fuerza nacional, aunque pareciera no estar negando el cambio climático, aunque de todos modos minimiza sus consecuencias reales. Así lo evidencian las respuestas de varios de sus líderes a través de una serie de entrevistas por la televisión pública. Thomas Matter, su vicepresidente, pone en cuestión el origen humano del cambio climático.
Por su parte, Marcel Dettling, su presidente, trata de sobrestimar los “efectos positivos” del cambio climático al afirmar que las cosechas serán más abundantes. Su colega Manfred Bühler, diputado nacional por el Cantón de Berna, subraya que “habrá menos necesidad de energía para calentar los edificios en invierno, [que] el calentamiento global tiene aspectos positivos y negativos [y que] los colapsólogos solo ven los aspectos negativos”.
Términos, como “colapsólogos”, “profetas del apocalipsis” y “catastrofistas”, entre otros, han sido empleados por personalidades del PPS para descalificar las voces progresistas –e incluso varios medios de comunicación– por su interpretación del calentamiento global. “El cambio climático es un desafío. Pero hay que dejar de hacer alarmismo y decir que todos vamos a morir”, apuntó Yvan Pahud, diputado nacional del PPS por el Cantón de Vaud, y Manfred Bühler argumentó que “si el calentamiento continúa, Suiza tendrá más o menos en el año 2100 el clima de California… No es que [allá] la gente se muera como moscas. Al contrario, es una región próspera”.
La mayoría de los parlamentarios del PPS entrevistados son optimistas: Suiza “sabrá adaptarse”. Confían en que las novedades tecnológicas habrán de permitir una mayor eficiencia energética y abogan por el desarrollo de la energía nuclear al tiempo que critican varias soluciones existentes en el ámbito de las energías renovables. Pero, a corto plazo, ¿qué hacer para luchar contra los efectos del calentamiento global? La
respuesta de consenso de esa fuerza de extrema derecha remite exclusivamente a la “responsabilidad individual”. “No se trata de obligar a los ciudadanos a consumir menos, ya que esa actitud penaliza a la economía. Eso nos empobrecerá”, sostienen.
Ante la realidad del calentamiento acelerado, otros partidos y gobiernos de derecha y extrema derecha del continente europeo van desde el escepticismo y el negacionismo climático de la Alianza para Alemania (AfD) a “soluciones pragmáticas”, como el retorno a la energía nuclear, concepto promovido por la primera ministra italiana Giorgia Meloni.
Un abanico de posiciones que más allá de sus matices, minimizan el impacto del cambio climático, cargan frontalmente contra las propuestas de los sectores progresistas para confrontar el calentamiento global (sean socialistas, ecologistas o de izquierda radical) y tratan de relativizar la responsabilidad de Europa en la actual debacle climática mundial. Y que por momentos incluso pasan a la ofensiva, diluyendo su negacionismo climático en discursos contra los partidos Verdes que, luego de una década de expansión y crecimiento, en los últimos tres o cuatro años perdieron fuerza en todo el continente.
*Periodista, investigador y analista argentino, radicado en Suiza. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)