Lula va a la reelección contra Trump, Marco Rubio (y Jair Bolonaro)

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Juraima Almeida

El gobierno brasileño cuestionó el miércoles el anuncio del gobierno de Estados Unidos, que, a través de un video difundido por el Departamento de Estado, defendió la postura de ese país con respecto a América Latina. «Cualquiera que haya visto el vídeo publicado  por el Departamento de Estado se dará cuenta de que la intención es precisamente relativizar la soberanía de los países latinoamericanos en general, incluyendo, naturalmente, a Brasil», dijo el asesor especial de la Presidencia para Relaciones Internacionales, Celso Amorim.

Lula-Flavio-Bolsonaro
Lula y Flavio Bolsonaro

El Departamento de Estado de Estados Unidos publicó el martes último un video en el que afirma que el dominio del país en América «nunca más será cuestionado». La publicación presenta un repaso histórico de la Doctrina Monroe, una estrategia utilizada por Estados Unidos para influir en el continente.

 El diplomático participó en una audiencia ante la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa de la Cámara de Diputados, donde fue objeto de un intenso interrogatorio por parte de los legisladores de la oposición. Según Amorim, el documento del Departamento de Estado «afirma expresamente que Estados Unidos reafirmará e implementará los principios de la Doctrina Monroe, presentada como un instrumento para restaurar la preeminencia estadounidense en la región y garantizar los intereses estratégicos de Estados Unidos en nuestro continente». Amorim también declaró que la decisión de Estados Unidos de aumentar los aranceles contra Brasil era «extraña» y que su gobierno promueve una relación marcada por el respeto al derecho internacional.

Trump influye en las elecciones.

Lula planea concentrar su campaña fuera del horario laboral y durante los fines de semana para preservar la rutina oficial en el Palacio Presidencial y reducir el margen de críticas de la oposición durante las elecciones

La administración Trump se encuentra inmersa en un conflicto diplomático después de que el presidente brasileño Lula acusara a Estados Unidos de enviar funcionarios para «interferir en las elecciones brasileñas», una acusación que Estados Unidos ha calificado de «infundada». A lo largo de su historia, Estados Unidos ha sido acusado de intentar influir en los acontecimientos políticos fuera de sus fronteras, desde ofrecer incentivos sutiles para lograr el resultado político que prefiere hasta patrocinar secretamente golpes de Estado contra gobiernos extranjeros.

En los últimos años, el presidente Trump ha adoptado una estrategia más abierta, respaldando públicamente a candidatos que se alinean con su línea política. Estamos presenciando un nuevo modelo de política exterior estadounidense.El interés de EEUU en la derrota de Lula también es objetivo. Una victoria del actual presidente significaría cuatro años más de un Brasil comprometido con la diversificación de sus relaciones internacionales, la profundización de los BRICS y la preservación de sus lazos económicos con China.

Una victoria de las fuerzas alineadas con el trumpismo abriría la posibilidad opuesta: acercar nuevamente a Brasilia a la estrategia de Washington para contener a Pekín y reconstruir una esfera de influencia estadounidense en Sudamérica. Las elecciones brasileñas se han convertido así en parte de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China.

Los asesores de Lula han empezado a ver con mayor claridad un plan de Marco Rubio para debilitar al gobierno brasileño y obstaculizar la reelección del presidente. Esta interpretación cobra sentido al comparar el vídeo con las acciones emprendidas por Washington desde el regreso de Trump a la Casa Blanca: ya ha recurrido a aranceles sobre productos brasileños, una investigación comercial contra Pix (el sistema de pagos instantáneos de Brasil) y diversas otras medidas por parte de Brasil, sanciones y restricciones de visado contra funcionarios, así como presión diplomática, llegando incluso a vincular algunas de sus medidas con el trato que el Estado brasileño le da a Jair Bolsonaro.

El interés de Estados Unidos en la derrota de Lula también es objetivo. Una victoria del actual presidente significaría cuatro años más de un Brasil comprometido con la diversificación de sus relaciones internacionales, la profundización de los BRICS y la preservación de sus lazos económicos con China. Una victoria de las fuerzas alineadas con el trumpismo abriría la posibilidad opuesta: acercar nuevamente a Brasilia a la estrategia de Washington para contener a Pekín y reconstruir una esfera de influencia estadounidense en Sudamérica. Las elecciones brasileñas se han convertido así en parte de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China.

Marco Rubio ocupa una posición central en esta estrategia. Su cercanía política con aliados de la familia Bolsonaro y su papel en el ala más ideológica de la administración Trump ayudan a vincular el proyecto continental de la Casa Blanca con las elecciones brasileñas. Para Washington, es menos importante saber qué candidato de derecha será competitivo en octubre que crear las condiciones para impedir que Lula permanezca en el Palacio de Planalto. El candidato brasileño puede cambiar; el interés estratégico del decadente imperio no.

Las elecciones presidenciales de 2026 comienzan, por tanto, antes de la campaña formal y con actores que no figurarán en la boleta. Lula y Alckmin tendrán oponentes brasileños, pero se enfrentarán a una maquinaria de poder instalada en Washington que ha declarado públicamente su intención de restablecer la dominación estadounidense sobre el continente. Trump y Rubio ya han elegido el proyecto que desean derrotar en Brasil. Para el Partido de los Trabajdores, de Lula, el país necesita  reelegir a Lula en la primera vuelta, para dar una respuesta clara y unánime de que Brasil pertenece al pueblo brasileño.

Lula da Silva se presenta a la reelección contra el presidente estadounidense Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio. Olvídense de Flávio Bolsonaro, Ronaldo Caiado y Romeu Zema. La contienda, que ya está en marcha, es Lula-Alckmin contra Trump-Rubio. Esto queda claro con el vídeo publicado por el Departamento de Estado de EE. UU. en el que se elogia la Doctrina Monroe, señala Aquiles Lins, columnista de Brasil 247.Lula con el pueblo contra Trump y Marco Rubio

El mensaje de Washington va mucho más allá de una declaración sobre política exterior. Al presentar a Trump como el «último defensor» de una doctrina históricamente utilizada para afirmar la hegemonía estadounidense en América y proclamar que el «dominio estadounidense» en el hemisferio occidental ya no se cuestionará, el Departamento de Estado también establece qué gobiernos representan obstáculos para este proyecto.

Brasil, bajo el liderazgo de Lula, que intenta una vez más convertirse en una gran potencia, se encuentra necesariamente entre ellos: además de ser el país más grande de América Latina, tiene a China como su principal socio comercial, participa activamente en los BRICS y mantiene una política exterior basada en la multipolaridad y la autonomía de las grandes potencias.

Corresponderá a los brasileños decidir si el presidente de la República será elegido en función de los intereses nacionales o de los intereses de aquellos que, una vez más, han comenzado a ver a América Latina como su patio trasero.

*Investigadora brasileña, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)